La batalla cultural juega el Mundial 2026

Los comunicadores oficiales y paraoficiales del Gobierno buscan convertir a la selección en un emblema de la guerra cultural de Javier Milei. Mientras amplifican discursos racistas e islamófobos, la conversación global empieza a consolidar una imagen de la Argentina asociada al odio racial. 

10 de julio, 2026 | 14.53

¿Por qué los comunicadores oficiales y extraoficiales del gobierno de Javier Milei insisten en esparcir deliberadamente el racismo en redes a propósito del Mundial? ¿Por qué, en el momento en que el máximo campeonato de fútbol empuja un sentimiento de pertenencia compartido, insisten en inocular odio? ¿Justo cuando la épica de la selección, que logró dar vuelta un partido que parecía imposible, puso a latir millones de corazones al mismo y dislocado tiempo, hay que decir que los africanos son abusadores, como hizo el director de Comunicación Digital, Juan Pablo Carreira, al retuitear a Daniel Parisini, también conocido como Gordo Dan? 

Es el mismo Carreira, que también tiene a su cargo la cuenta Oficina de Respuesta Oficial (@RespOficial_Arg), quien podría acercar alguna respuesta en un posteo de La Derecha Diario, cuya fundación se atribuye —aunque responde a una estrategia internacional que lidera Javier Negre—. La narrativa que buscan imponer consiste en convertir a la Selección Argentina en una espada de su batalla cultural que, ahora que el mundo está mirando, debe afilarse contra los pueblos musulmanes y africanos. ¿Pero alcanza esa estrategia discursiva para convencer a las personas que tienen que caminar en lugar de tomarse el colectivo —porque al día 10 ya no tienen sueldo— de que es útil alimentar el odio racial y que buena parte del mundo nos odie por racistas? ¿Será que cuando los amigos de la Libertad Avanza menguan hay que echar mano de la generación de malos y monstruosos enemigos? 

Le guste más o menos a la gran hinchada nacional o a la propia selección, el aparato de comunicación del gobierno está empeñado en cavar la grieta política en medio de la cancha. Agitan el racismo y la islamofobia hacia afuera mientras, hacia adentro, no se cansan de insistir en que “los kirchneristas” no quieren que la selección vuelva con la cuarta copa. El propio presidente agitó ese verso en sus redes con la lógica de cómic infantil generado con IA que ya se volvió un lugar común en su Instagram y TikTok. Aun replicado en varios editoriales de Luis Majul, Eduardo Feinmann, Jony Viale y algún otro de sus periodistas del 5 por ciento —porque al 95 por ciento restante hay que odiarlo, según la máxima autoridad de nuestro país—, ese resentimiento no parece haber calado entre quienes salen a festejar cada gol agónico de la selección. 

A nivel global, en cambio, las redes sí responden a la inyección extra de racismo que esta gestión de gobierno inoculó en los colores de la bandera en general y de la selección de fútbol en particular. En lugar de ver el corazón salvaje que impulsó al equipo en los últimos doce minutos contra Egipto, se instaló la sospecha de que el alineamiento de Milei con Donald Trump generó favores arbitrales hacia Argentina. Y también se recordaron los cantos racistas y transfóbicos contra Mbappé durante el Mundial 2022. 

Mercedes Máspero es investigadora de la consultora Sentimientos Públicos, socióloga y máster en Antropología Digital. A pedido de El Destape revisó cómo se estaba llevando la conversación pública en redes en torno a estas narrativas y registró, el martes pasado, una intensificación de comentarios negativos —340.215— contra el país y la selección. Esos mensajes dan cuenta de que “el estigma de Argentina como país racista ya está consolidado en la conversación digital; se lee la historia nacional bajo el relato de un Estado europeizado que eliminó a su población negra y originaria”. 

Información propia de Mercedes Máspero, países con comentarios racistas sobre Argentina

El detonante, dice Máspero, es el canto contra la selección francesa —que el director de Comunicación Digital de Milei acicateó bastante- y también la etiqueta de “refugio”, tanto para nazis después de la Segunda Guerra Mundial como, ahora mismo, para figuras como Peter Thiel, quien en el manifiesto de Palantir que publicó en abril señala a culturas que “no han aportado nada a la humanidad” como prescindibles. La investigadora detectó, además, que no se trata únicamente de comentarios espontáneos, sino que hay “plantillas discursivas automatizadas que repiten, en múltiples traducciones, tres palabras: disgusting human beings (seres humanos desagradables)” para referirse a nosotrxs, a las y los argentinos. 

“Dentro de esta conversación —agrega la investigadora— se observa una contradicción discursiva particular: por un lado, se sostiene la narrativa histórica de Argentina como un supuesto "refugio nazi"; por el otro, curiosamente, se produce una apropiación por parte de cuentas vinculadas a Israel que asocian y hermanan a ambos países. Esta última convergencia, lejos de matizar el conflicto, termina alimentando la idea global de que Argentina es un país racista e islamófobo.” 

Sin embargo, acá, en el territorio nacional, el posteo que hizo la cuenta Israel en Español, una cuenta oficial de ese Estado, apropiándose de la figura de Lionel Messi como alguien “criado” en Israel porque durante algunos años vivió en la calle Estado de Israel, en Rosario, recibió tantas respuestas negativas que fue eliminado pocas horas después. El alineamiento sin fisuras de Milei con Benjamín Netanyahu y Donald Trump, evidentemente, no convierte a la población de nuestro país en sionista, aunque es lógico que buena parte del mundo nos ubique del lado de los cada vez menos países que niegan el genocidio en Gaza. ¿Cómo no nos van a tildar de racistas si Argentina, junto con Estados Unidos e Israel, fueron los únicos tres países que votaron en contra de declarar la esclavitud y la comercialización de seres humanos como uno de los crímenes más graves contra la humanidad? 

Las preguntas del comienzo, de todos modos, insisten. Sobre todo porque la narrativa racista sigue multiplicándose en redes de la mano del ecosistema tuitero y agresivo que comanda Santiago Caputo con las Fuerzas del Cielo —aquel espacio que presentaron en 2024 con una escenografía de estética filofascista, donde reportan Agustín Romo, Carreira, Gordo Dan y muchos otros— y al que el Presidente le da un empujoncito reposteando o generando sus propios contenidos para profundizar la grieta o la genuflexión frente a cualquier cosa que hagan Estados Unidos o Israel. También abrazando a su asesor estrella como se abraza a un estratega que no duda en convertir el abrazo en un cuadro

¿Para qué lo hacen? ¿Qué clase de orgullo hay en exhibir el racismo? Estimular el odio es una estrategia de la ultraderecha a nivel global, pero aquí pareciera que, además, se busca traducir al lenguaje de la plebe de las redes sociales el alineamiento geopolítico que Milei sostiene desde el Estado. Ya que no pueden generar más “amigos” que ese núcleo duro de votantes de La Libertad Avanza, por ahora la apuesta parece ser fabricar enemigos. 

El futuro llega rápido. Está por verse cuánto puede rendir una estrategia que necesita producir odio y enemigos para consolidar identidad política y que, al mismo tiempo, revela tan poco apego por este país, por este territorio compartido.