La Dirección General de Aduanas (DGA) detectó en la Terminal de Cargas del Aeropuerto Internacional de Ezeiza un envío que despertó sospechas. Provenía de Kenia, en el este de África. Cuando los agentes de la División Control y Fiscalización Simultánea abrieron los bultos, se encontraron con una escena desoladora: 721 ejemplares de peces e invertebrados marinos hacinados en bolsas y cajas. Llevaban más de cinco días (120 horas) en tránsito.
El cargamento, de 538 kilos, contenía 355 peces y 366 invertebrados de 102 especies distintas: peces cirujano, peces globo, peces león, peces mariposa, pulpos, cangrejos y estrellas de mar, entre otros. Muchos ya habían muerto. Los sobrevivientes mostraban signos severos de estrés fisiológico y shock.
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Un rescate contrarreloj
Las autoridades aduaneras dispusieron un operativo de emergencia que encabezó la Brigada de Control Ambiental de la Subsecretaría de Ambiente de la Nación, junto al Senasa y con el apoyo de la Fundación Temaiken, la única institución en el país capacitada para recibir este tipo de organismos decomisados.
El equipo de Temaiken montó una estructura de rescate inédita en sus instalaciones de Escobar. Trabajaron durante más de 28 horas sin interrupción. “Muchos ejemplares fueron extraídos de ecosistemas de arrecifes y llegaron al límite de supervivencia”, declaró a la prensa Cristian Gillet, director del área de fauna de la fundación.
Cada organismo requirió procedimientos individuales de adaptación por goteo para reducir el shock del transporte y aumentar sus posibilidades de vida. El equipo realizó cientos de esos procedimientos, uno por uno, para que los animales se adaptaran gradualmente a nuevas condiciones de agua, temperatura, salinidad y calidad ambiental.
Un problema creciente
Desde Temaiken señalaron que este no es un caso aislado. Es el tercer decomiso de organismos acuáticos exóticos que recibe la fundación en menos de un año. Este tipo de tráfico, vinculado a la tenencia de fauna silvestre como especies ornamentales y mascotas exóticas, representa una problemática en aumento.
“Ser sometidos a largos traslados internacionales compromete seriamente su bienestar”, explicó Gillet. La mayoría de los animales no sobrevive a estas condiciones extremas. Los pocos que llegan con vida requieren cuidados intensivos y, en muchos casos, no pueden ser reintroducidos en su hábitat.
La Aduana continúa con la investigación para determinar el destino comercial del cargamento y las responsabilidades de los implicados. Mientras tanto, los animales rescatados permanecen en Temaiken, bajo observación.
