El desarrollo de Vaca Muerta está redefiniendo el mapa energético argentino y transformando la infraestructura industrial que permite convertir ese recurso en combustibles para el mercado interno. En ese proceso, el Complejo Industrial Luján de Cuyo atraviesa una profunda modernización para adaptarse a una nueva realidad: procesar mayores volúmenes de shale oil y acompañar las nuevas exigencias de calidad para los combustibles.
La refinería mendocina ocupa un lugar estratégico dentro del sistema de refinación de YPF. Con una capacidad de procesamiento cercana a los 19.500 metros cúbicos diarios de crudo, concentra más del 35% de la capacidad de refinación de la compañía y aporta alrededor del 20% de la capacidad de refinación del país. Su cercanía con la Cuenca Neuquina la convierte además en una pieza clave para acompañar el crecimiento de la producción proveniente de Vaca Muerta.
La necesidad de transformar el complejo responde a dos fenómenos que avanzan en paralelo. Por un lado, el crecimiento sostenido del shale oil modificó la composición del crudo que reciben las refinerías argentinas. Por otro, la industria enfrenta estándares ambientales y tecnológicos cada vez más exigentes para la producción de combustibles.
Adaptarse al crecimiento de Vaca Muerta
La expansión del petróleo no convencional convirtió al shale oil en uno de los principales insumos del sistema de refinación argentino. Frente a este escenario, YPF puso en marcha inversiones destinadas a adecuar las instalaciones de Luján de Cuyo para procesar mayores volúmenes de este tipo de crudo.
A diferencia de otros petróleos, el shale oil presenta características específicas que requieren adaptaciones operativas y tecnológicas en las unidades de proceso. Por esa razón, la compañía avanzó con un plan de modernización que busca optimizar el desempeño de la refinería y fortalecer su integración con el desarrollo de Vaca Muerta.
La próxima etapa contempla nuevas mejoras en las unidades de topping con el objetivo de incrementar progresivamente la capacidad de procesamiento de petróleo no convencional y acompañar el crecimiento de la producción neuquina durante los próximos años.
Combustibles de mayor calidad
La transformación no se limita a la materia prima que ingresa a la refinería. También alcanza a los combustibles que salen de ella. En línea con las tendencias internacionales y las exigencias ambientales actuales, YPF desarrolla inversiones orientadas a producir combustibles de mayor calidad y menor impacto ambiental.
Dentro de ese proceso se inscribe el proyecto de Nuevas Especificaciones de Combustibles (NEC), que incorporó nuevas tecnologías y mejoras operativas para adecuar la refinería a estándares más exigentes. Uno de sus principales resultados es que la totalidad del gasoil producido en el Complejo Industrial Luján de Cuyo será con un contenido de azufre de 10 partes por millón (ppm), en línea con las normas ambientales vigentes y los requerimientos de las nuevas motorizaciones diésel.
Esta evolución permite reducir emisiones asociadas a la combustión, mejorar el desempeño de los sistemas de control ambiental de los vehículos y responder a las demandas tecnológicas de una industria automotriz cada vez más sofisticada.
Una pieza clave de la estrategia industrial de YPF
La modernización de Luján de Cuyo forma parte de una estrategia más amplia para adaptar la infraestructura de YPF al nuevo mapa energético argentino. El crecimiento de Vaca Muerta exige instalaciones capaces de procesar mayores volúmenes de shale oil, mientras que la evolución del mercado demanda combustibles de mejor calidad y procesos cada vez más eficientes.
Los resultados de esa transformación ya comienzan a reflejarse en el desempeño industrial de la compañía. Durante el primer semestre de 2026, YPF alcanzó récords históricos de refinación y producción de combustibles, procesando en promedio 55,2 mil metros cúbicos diarios de crudo y produciendo 43,2 mil metros cúbicos diarios de naftas y destilados medios. Según la compañía, estos resultados reflejan el impacto de las mejoras en eficiencia, confiabilidad y tecnología impulsadas en sus complejos industriales.
En ese contexto, el Complejo Industrial Luján de Cuyo se consolida como uno de los activos clave para transformar el crecimiento de Vaca Muerta en combustibles de mayor calidad, fortaleciendo el abastecimiento del mercado argentino y acompañando la evolución del sistema energético nacional.
