Las advertencias habían sido debidamente presentadas: después de la Copa del Mundo empezaba el año electoral, sin solución de continuidad. Es un mandato del calendario político, pero también del otro. Si el gobierno no logra eliminar las PASO, un objetivo que parece cada vez más lejano, en doce meses exactos estaremos atravesando la primera de las tres fases que componen las elecciones presidenciales en la Argentina, y que, casi siempre, marca tendencias que resulta muy difícil o casi imposible revertir en las instancias posteriores.
Esta semana tres acontecimientos marcaron el pulso que tendrá la campaña en sus embates preliminares. El primero fue la conversación entre Karina Milei y Mauricio Macri, que reinauguró el diálogo entre La Libertad Avanza y el PRO (la cooperación nunca concluyó). El segundo fue la cena que compartieron los principales dirigentes del peronismo de cara a ordenar un esquema que contenga a todos los sectores, sin diluir sus diferencias, hasta que puedan zanjarlas por los votos o alguna se imponga por peso específico. El tercero fue el ecuménico “lanzamiento” de Daniel Hadad.
Los tres giran en torno a una nueva certeza que anida en casi toda la clase dirigente: existe una mayoría consolidada que se opone al gobierno de Javier Milei, ya sea por sus premisas ideológicas, por sus efectos económicos o por las dos cosas. Un estudio de la consultora Casa Tres da cuenta de que entre las personas que admitieron haber resignado consumos en los últimos dos años y medio sólo el 23 por ciento aprueba la gestión; entre los que no tuvieron que hacerlo se revierte la proporción, el 74 por ciento está a favor. El problema para Milei es que los primeros son muchos más que los otros.
En la cena que se llevó a cabo en el Hotel Emperador, el peronismo despejó las versiones de ruptura que habían alimentado el calor de la interna hace algunas semanas. Sería un error leer ese encuentro como una señal de “unidad”. Se trata más bien de la voluntad, por ahora bien rumbeada, de establecer un marco común para seleccionar, de entre todas las propuestas disímiles que anidan hoy al interior de la oposición, una que se imponga a las otras, dotando a su candidato de una legitimidad sobre el conjunto que hoy nadie puede garantizar.
También hubo unanimidad (si alguien no estaba de acuerdo eligió el silencio) alrededor de la idea de que esas diferencias internas no pueden saldarse esta vez a dedo o en un cuarto cerrado, mediante el loteo de listas. La sombra del Frente de Todos es una tormenta que amenaza en el horizonte, todo el tiempo. Sólo un dirigente que cuente con la legitimidad necesaria para ejercer la conducción del espacio en su conjunto podrá sortearla, antes y después de las elecciones, si gana. El compromiso de sostener las PASO a como dé lugar tiene que ver con esta convicción.
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Tensiones en el oficialismo y la puja por la reforma electoral
La urgencia del gobierno por suspender o eliminar las primarias parte de la misma premisa. Con los votos para ganar un ballotage cada vez más lejos y una economía en franco deterioro, la aritmética del triunfo pasa por consolidar todo el electorado del centro hacia la derecha y fragmentar la oferta opositora para jugarse un pleno a la fórmula de cuarenta puntos con diez de diferencia que exime al ganador de pasar por la segunda vuelta. Por eso Karina Milei llamó a Macri para retomar relaciones y puso una sola condición: no hay frente en 2027 si el PRO no vota la eliminación.
La funcionaria ya ejerce sin disimulo la primera magistratura mientras su hermano desaparece del escrutinio público durante casi una semana y los periodistas que conocen mejor el entorno presidencial advierten que se encuentra cada vez más retraído y no presta atención a los asuntos que su cargo le exige atender. Incluso el diálogo entre ellos dos está dañado desde la salida de Manuel Adorni. También crecen los reproches, en todo el gabinete, contra el ministro de Economía, Toto Caputo, que no puede exhibir los resultados que había prometido ni excusas convincentes.
El casting para completar la fórmula el año que viene ya tiene varios anotados. Jonathan Heguier contó en El Destape que Milei preferiría a Sandra Petovello. Patricia Bullrich, que se había anotado, está borrada de todo después del traspié en el Senado. Karina le hizo la cruz. Martín Menem recibió algunas encuestas desde La Rioja y decidió que ser gobernador no es lo suyo, así que relojea la vice del 27 para competir en el 31 por el premio mayor, que siempre fue su plan. En la Casa Rosada también contemplan la posibilidad de que ese lugar tenga que cederse a un aliado.
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Karina encabezó el acto de inauguración de una sede para la sección bonaerense de La Libertad Avanza en plena ciudad de Buenos Aires. Una excusa para que “El Jefe” vuelva a probarse ante módicas multitudes, una escena que, esperan, comience a verse con frecuencia. Antes de las elecciones de 2025 ya lo habían intentado y tuvieron que desistir, por problemas de disposición y de feedback. ¿Esta vez será distinto? Si la hermana consigue sobreponerse a las dificultades y, sobre todo, si logra rescatar su popularidad del pantano, su apuesta de máxima es que la boleta diga Milei - Milei.
En el peronismo, en tanto, se entusiasman con una interna “amplia”, que involucre a otros sectores. El jefe del bloque de senadores, José Mayans, uno de los que se encargó de convocar a la cena en el Emperador, habló en varias entrevistas de cinco o seis candidatos. Esa lista incluiría a Axel Kicillof, Sergio Massa (si decide participar), Juan Grabois, algún o alguna representante de La Cámpora, un gobernador o ex gobernador del norte del país, a los que podría sumarse un candidato que provenga de otros sectores o partidos que hoy no forman parte de ese espacio.
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Empresarios, outsiders y el mapa de la centroderecha
Acá es donde entra en la historia el lanzamiento de Daniel Hadad en la Facultad de Derecho, en un evento en el que el empresario juntó a más de 500 personas, entre ellas algunas de las más poderosas del país: expresidentes, miembros de la Corte Suprema, jueces federales, gobernadores, diputados y senadores, empresarios, famosos, gente de medios, rosqueros, espías, diplomáticos, consultores y algunos de los jefes de todos ellos. El empresario previamente había girado por varios medios dejando en claro que aquel sería un acto de carácter político y electoral.
El lanzamiento de un candidato del Partido del Rumbo fue, curiosamente, un acto opositor. A diferencia de lo que había sucedido unos meses atrás en un acto similar en la Universidad de La Matanza, que le otorgó al CEO de Infobae un Honoris Causa, esta vez no hubo ministros ni secretarios de Estado ni figuras importantes del oficialismo circulando por el banner para la foto. En su breve discurso, de algo más de cinco minutos, se cuidó de decir mucho. Las entrevistas previas ya se habían encargado de marcar el tono crítico de su irrupción.
La propuesta de Hadad es un mileismo con rostro humano. Mantener lo que funciona, “las grandes inversiones, los RIGI, vaca muerta, el litio, las tierras raras, la minería”, pero garantizar la sustentabilidad del rumbo a partir de políticas de contención en los grandes conurbanos del país. O por lo menos reemplazar a Milei por alguien que tenga el pragmatismo, el poder y los recursos necesarios para hacer lo que haya que hacerse en nombre de la premisa número uno de la política de este gobierno, que no es el superávit ni la batalla cultural sino la subordinación a Estados Unidos.
La ausencia de representantes del gobierno en la ceremonia contrastó con la presencia marcada y visible de dirigentes del peronismo. Figuras de primera línea de La Cámpora compartieron la función codo a codo con algunos de los principales ejecutores de la persecución a CFK, que denuncian incansablemente en otros ámbitos. Se celebra la convivencia democrática y el diálogo con todos los actores del poder, a pesar de las diferencias, por supuesto. Lo que a la larga tiene costo político es la doble vara: no se puede ejercer de faro de la moral y maestro de la realpolitik al mismo tiempo.
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Otra presencia llamativa fue la de Jorge Brito, exponente él también del saturadísimo mercado de insiders que se hacen llamar outsider para hacerse medir como candidato. Brito no sólo asistió y sonrió en el lanzamiento de quien, en teoría, debería ver como una amenaza para sus planes; el Banco Macro fue uno de los sponsors del evento. Los dos tienen en común el tejido de Emilio Monzó, que trabaja en la articulación de una propuesta con rostros que hoy no puedan asociarse ni al oficialismo ni a la oposición. Por ahora ninguno prendió.
El primer experimento insider había sido Dante Guebel, el pastor multimillonario y residente en Estados Unidos que se testeó en los primeros meses del año, sin éxito. ¿Adivinen quién, de la nada, volvió a hablar de política esta semana? “En caso de ser candidato a la presidencia de mi país, no voy a discriminar a nadie, sería el presidente de todos los argentinos. Si fuera mi próxima asignación divina no estaría para imponer mis convicciones, no iría a evangelizar, iría para gobernar con integridad y sabiduría cristiana”, dijo en un show en California. Curioso.
Y hay quienes se preguntan en voz alta si el plan no es Hadad o Brito o Gebel sino Hadad y Brito y Gebel, al frente de un armado transversal de centroderecha que participe de las primarias opositoras con una propuesta que trafique rumbismo dentro de las primarias opositoras. Fantasean con que arrimar quince o veinte puntos les alcance para ganar una PASO atomizada entre varias propuestas peronistas. Ahí el escenario quedaría configurado para que la elección se defina entre dos propuestas que garanticen la continuidad de un gobierno aprobado por la Embajada.
El peronismo debe tener cuidado de no caer en esa trampa. La amplitud a la hora de las alianzas puede tener valor pero también convertirse en una trampa que diluye tu identidad y prepara el terreno para dejarte fuera de competencia. En un país en el que el presidente no decide y el representante de Estados Unidos sí, hace rato que la cuestión dejó de girar alrededor de Milei (eso es apenas un dilema coyuntural que se está resolviendo por su propio peso) sino que debemos decidir si la Argentina seguirá siendo un país soberano o aceptará alegremente este nuevo ciclo de sometimiento.
