El llamado “efecto Pichetto” que relajó el precio del dólar y disparó la bolsa duró sólo 48 horas. Fue otra oportunidad para observar dos cosas: la lógica de los mercados globales y la poca plata con la que se mueve el mercado local. Fueron 48 horas que alcanzaron para que la cadena nacional de medios privados --los públicos ya no tienen rating-- dieran rienda suelta a un optimismo exagerado sobre la brillante jugada de Mauricio Macri al elegir a Miguel Ángel Pichetto como compañero de fórmula. Unas 48 horas para difundir y afirmar exitosamente entre los propios la nueva apuesta electoral. Nada más musical a los oídos del oficialismo y sus seguidores que las decisiones cuenten con el beneplácito de los mercados, es decir de los poderes financieros.

  El dato cierto es que desde los centros financieros mundiales alguien dio la orden de comprar papeles argentinos, títulos y acciones, lo que a su vez se tradujo en una leve entrada de divisas que planchó la moneda estadounidense. Las compras de papeles locales rondaron, según distintas fuentes, menos de 1000 millones de dólares, pero fue suficiente para que los bonos y la bolsa se disparen.

Las compras de bonos y acciones argentinas rondaron los mil millones de dólares

  La pregunta es por qué el anuncio de Pichetto en la fórmula disparó compras. La respuesta pone en evidencia como se informan los inversores internacionales: sus fuentes son algunos economistas y consultoras de la city local que les venden análisis esquemáticos en absoluto basados en la evolución de la economía real. La entrada de capitales a una economía riesgosa es comprensible cuando se sabe, por ejemplo, que un préstamo abultado del FMI planchará el dólar por algunos meses y permitirá buenos dividendos apostando a las súper tasas internas, pero no cuando estos recursos se acercan a su fin, el tipo de cambio sólo se sostiene por tratarse del período de máxima liquidación de exportaciones y se descarta cualquier señal de reactivación de la actividad económica real. La mala información hará que algunos, sino todos, de quienes esta semana compraron papeles locales pierdan plata, como ya les pasó a quienes no supieron salir a tiempo de la bicicleta cuando el dólar se disparaba de 20 a 40 pesos.

  Vale la pena detenerse en la secuencia reciente. “Los mercados” vendieron cuando circuló la encuesta que por primera vez daba ganadora en un balotaje a CFK sobre Mauricio Macri, pronosticando un default inminente más las siete plagas de Egipto. Luego compraron cuando se anunció la candidatura de Alberto Fernández, no porque leyeran un giro hacia el centro, una suerte de “gran moderación”, sino porque sus informantes locales transmitieron que la nueva fórmula garantizaba la reelección del oficialismo. Y nuevamente volvieron a comprar con el anuncio del ingreso de Pichetto a la fórmula macrista, otra vez no porque leyeran su significación real, sino por su mera apariencia. La lectura fue que el oficialismo había fichado al principal jefe opositor en el Senado y que ello significaba sumar también a una parte de la oposición peronista. Como con Alberto Fernández, creyeron ver la seguridad en la continuidad del ajuste y el monitoreo del FMI que las finanzas globales interpretan como el reaseguro de los pagos. Parece increíble, pero cientos de millones de dólares especulativos se mueven de un lado a otro del planeta sin más fundamento que información precaria y altamente ideologizada.

Con Pichetto en la fórmula el macrismo parece gritar que si muere en octubre lo hará con las botas puestas.

  La información real, en cambio, es diferente a la recibida por los inversores. El 3,1 por ciento de inflación de mayo, festejada por la cadena privada de medios como “una baja”, es una muestra de que a pesar del freno del presente, el traslado del shock de precios relativos del primer trimestre continúa vivito y coleando. Los dichos del presidente del Banco Central, Guido Sandleris, afirmando primero que la inflación está bajando a pesar de seguir sobre los 3 puntos mensuales y luego que ello se debe a “la recuperación de los equilibrios macroeconómicos”, son estrambóticos. El presidente de la entidad monetaria parece creer que la puja distributiva llegó a su fin y que el actual nivel de la divisa y de los salarios es estable. Lo único que sucedió, en cambio, fue la contención temporal y pre electoral del dólar y de las tarifas como ejes de la política económica, lo que en la economía local siempre frena relativamente al conjunto de los precios. Mientras tanto, la pronunciada pérdida del poder adquisitivo de los salarios sigue impulsando a la baja la demanda y, a pesar de los anabólicos como los créditos de la Anses y los incentivos parciales al consumo, mantiene a la economía en el freezer y sin que esté a la vista ninguna señal de recuperación. El gobierno lo sabe, por eso su apuesta de máxima es apenas que el dólar no se dispare y que la baja de la actividad se estabilice. Los datos reales explican que el veranito pichettista de dos días haya sido apenas golondrina, una pompa de jabón.

  Más allá del intento desesperado del oficialismo por construir expectativas positivas, la incorporación de Pichetto a la fórmula no representa la suma de una parte del peronismo. Si bien esta fuerza política tiene una pata neoliberal, es decir que simpatiza con la visión más conservadora de la economía, el fiscalismo anti Estado más vulgar, la incorporación de Pichetto fue la del senador solo y, en el mejor de los caos, de algunos pocos sedicentes peronistas que ya simpatizaban con el oficialismo y que encuentran ahora una oportunidad para blanquearlo.

  El pase de Pichetto, de quien pueden decirse muchas cosas menos que carece de coherencia ideológica, antes que representar la apertura del oficialismo a una vertiente de pensamiento distinta y por lo tanto una ampliación de su base, es en realidad todo lo contrario. Es el blanqueo, sin la mediación del marketing duranbarbista, de un discurso explícito de derecha dura. Desde que se anunció su integración a la fórmula, tanto en la conferencia de prensa en el Senado, como en su participación ante empresarios en Neuquén, el senador reafirmó todos y cada uno de los tópicos clásicos de la corriente de pensamiento a la que pertenece. Especialmente la subordinación a Estados Unidos y al poder financiero, el citado fiscalismo primitivo, el anti igualitarismo descripto como presunta crítica al “pobrismo”, el racismo anti inmigratorio y la creencia ultramacrista de que a la economía argentina le alcanza con la explotación de recursos naturales: agro, hidrocarburos y minería. Pichetto no se privó de nada, ni de decir que su modelo son los monopolios como “Mercado Libre” versus “los cartoneros”, hasta acusar de “comunista” a Axel Kicillof. Con Pichetto en la fórmula el macrismo parece gritar que si muere en octubre lo hará con las botas puestas.-