Roberto Navarro, Víctor Hugo y el primer debate presidencial Suscribite

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En vísperas de unas elecciones que habrán de definir el futuro de la Argentina, es bueno tomar nota de acontecimientos trascendentes que registra la historia de nuestro país y en los que el pueblo trabajador y sus organizaciones han sido piezas claves.

 

Los desafíos que se avecinan

La Argentina atraviesa una de las etapas más complejas desde la recuperación de la democracia en diciembre de 1983, porque las vicisitudes que se padecen en el campo económico con una inocultable “estanflación” (combinación de recesión, alzas -de precios y tarifas- a tasas crecientes descontroladas y una desocupación cada vez mayor), los  consiguientes efectos sociales, las emergencias en los ámbitos sanitario y alimentario, se verifican en medio de una crítica situación institucional.

Es de toda evidencia la ausencia de Gobierno a nivel nacional, que excede –y mucho- las alternativas propias de un año electoral. Desde la cabeza del Ejecutivo que sólo cumple el papel de candidato en campaña -que le han diseñado sus asesores-, hasta los funcionarios del Gabinete ya sea por los ausentes con presunción de fallecimiento político, los que están urgidos de cerrar sus gestiones tapando los desastres –y negociados- que consumaron, imbuidos de una especie de síndrome “Saigón 1975”, y los que tratan de “reperfilarse” de cualquier manera con tal de no hundirse en el pantano en que han convertido al país.    

Se suma, la degradación institucional que han provocado en poco más de tres años en todos los Poderes del Estado, generando un grado de inseguridad jurídica y política como nunca antes había ocurrido en democracia, con la consiguiente pérdida de confianza de la ciudadanía.

La desfinanciación del Estado es otra de las notas que caracteriza la gestión depredadora de Cambiemos, habiendo endeudado al país con una velocidad e irresponsabilidad sin precedentes, asumiendo compromisos por cientos de miles de millones de dólares que habría que cancelar dentro de los próximos tres años.

El aparato productivo nacional ha caído abruptamente, con una capacidad ociosa promedio en el área industrial superior al 40%, con una reducción de actividad en las áreas mercantil y de servicios del orden del 35%, con el cierre de decenas de miles de Pymes.    

Al próximo Gobierno le corresponderá hacerse cargo de los desmanes de Macri y su Equipo, que no se reducen a los antes mencionados, para lo cual no bastará contar con un amplio respaldo del electorado –sin restarle importancia a lo que ello significaría-, sino que será menester concretar una amplia convocatoria y lograr el acompañamiento de las representaciones sociales, sindicales, empresarias, políticas y de las organizaciones civiles en general.    

De desencuentros y reencuentros  

Nuestro país ha tenido, a lo largo de su historia, conflictos políticos de diversa naturaleza. En los albores de la Independencia, en las décadas siguientes, con motivo de su organización como Nación, en la lucha por su constitución como República y por el derecho al voto, en la defensa de la institucionalidad democrática bastardeada por el fraude electoral conservador (que autocalificaban de “patriótico), en la conquista de derechos sociales y la ampliación de los derechos civiles y políticos, con los recurrentes golpes de Estado, en aras de la restauración democrática que ya lleva 36 años ininterrumpidos.

La dependencia cultural impuesta brutal o subliminalmente acompañó, y naturalizó, las dependencias económicas y políticas creando una tensión permanente entre un destino neocolonial o soberano.

Fue en esos escenarios donde se forjaron los enfrentamientos entre las “elites” esencialmente antidemocráticas, más allá de agitar –sólo discursivamente- convicciones republicanas, y las fuerzas populares que bregaban por una igualdad que diera verdadero sentido y universalidad a las libertades públicas.

Por cierto, que nada de eso fue lineal ni tampoco unívoco, la pluralidad y diversidad de pensamientos como de inclinaciones partidarias motivaron pliegues que implicaron distanciamientos, tanto como antagonismos secundarios, que en muchas ocasiones desviaron a las grandes mayorías de los objetivos e intereses primordiales en pos de la emancipación definitiva de la Patria.

A pesar  de ello, son numerosos los ejemplos que demuestran que nuestro Pueblo ha sabido, y podido, salir airoso de encrucijadas complicadas que ponían en riesgo a la Nación que lo cobijaba bajo una misma bandera.

Quizás se avecine la hora de una refundación republicana, de una redefinición orgánica y funcional de las instituciones del Estado, de proyectar un nuevo contrato social, todo lo que en última instancia deba desembocar para su instrumentación en una reforma constitucional.

Propósito, que no sería alcanzable sino luego de un profundo y sereno debate, que permita fijar las bases de un país que nos contenga a todos y cuente con mejores instancias institucionales (públicas y privadas) para los desafíos que el Mundo plantea para el siglo XXI.

En lo inmediato como un paso previo e inexorable frente al desafío actual de esta crisis terminal que, no por error sino como horror, produjeron el macrismo y sus aliados será preciso transitar un camino plagado de obstáculos, cuya superación impondrá alcanzar acuerdos básicos que importen la fijación de prioridades impostergables, la asunción de compromisos serios y de mecanismos que garanticen su efectivo cumplimiento, ya sea a través de un Pacto Social y Político u otras variantes de concertaciones de similar naturaleza.   

Peronismo y sindicalismo

En procura de objetivos como los antes señalados, al sindicalismo le cabe un rol protagónico en tanto principal representación de la clase trabajadora y porque, históricamente, ha probado ser un actor determinante en cualquier proceso de transformación social y en la resistencia contra los poderes fácticos cómplices de los imperialismos de turno que expolian a la Argentina.

En ese orden de ideas es oportuno analizar la vinculación que desde hace más de 70 años mantiene con el Peronismo, particularmente, cuando asistimos a una unidad auspiciosa de esa fuerza política, que se presenta como hegemónica en el Frente electoral que todos los indicadores auguran como vencedor en los comicios de octubre.

La fabulosa acumulación de poder popular que concitó Perón fue consecuencia de una construcción que se fundó en la asociación con el Movimiento Sindical, que permitió por primera vez en la Argentina la irrupción de la clase obrera en la escena política y su acceso a responsabilidades de Gobierno en todos los Poderes del Estado, a partir de lo cual se instauró una real Democracia Social.

Esa relación tan estrecha con el Movimiento Obrero que, no casualmente, llevó a identificarse como la “columna vertebral” del Peronismo, fue sin lugar a dudas lo que le brindó una organización que venció al tiempo, pudo superar una proscripción absoluta de su Líder por casi 20 años y obtener dos nuevas victorias electorales en 1973.

Y como un dato significativo, difícil de encontrar en otras latitudes, sobrevivió a su creador manteniendo su vigencia política como fuerza mayoritaria transcurridos 45 años del fallecimiento de Perón, sin perjuicio de la verticalidad de su liderazgo que fue uno de sus rasgos más sobresalientes.   

El proceso político desarrollado entre los años 2003 y 2015 fue el que más se asemejó al primer peronismo (1945-1955), en orden a la defensa de los intereses populares y a la conquista de nuevos derechos sociales, así como en la sinergia que se registró con el gremialismo. Sin embargo, los sindicatos no ocuparon en esa época un espacio político similar, cuyas motivaciones respondieron a distintas causas como también diferentes son las interpretaciones que al respecto se sostienen.

Sin prescindir de otras evaluaciones de ese fenómeno, cabe señalar que en el período al que se viene haciendo alusión no pareciera haber habido desde el Gobierno un Proyecto Político claro con relación al Movimiento Obrero, que definiera el tipo y grado de participación que se le asignara en esa etapa.

Aunque también cabe apuntar, que el Movimiento Obrero –en su conjunto y en particular desde su máxima expresión (la CGT)- tampoco se planteó un Proyecto Político que definiera y reivindicara un papel específico en ese campo, limitando su actuación al ámbito gremial y favorecido por políticas proactivas desde el Estado, así como por la garantía de paritarias libres, anuales y sin interrupciones en esos 12 años.

En una entrevista que Pino Solanas y Octavio Getino le hicieran, publicada en la Revista Crisis (N° 1, Buenos Aires, 1973), Perón decía: “La lucha electoral es táctica. Ahora la orientación de eso la da la estrategia. No se puede decir cuándo termina la estrategia y cuándo termina la táctica, están ensambladas una con otra (…). La sabiduría está en poderlas encaminar coordinadamente hacia un mismo objetivo y una acción común. Es lo que se está haciendo actualmente en la conducción de nuestro Movimiento.”.

Y agregaba: “(…) la Confederación General del Trabajo, que es la fuerza social, que es la fuerza de toda la organización sindical, ellos también están haciendo su lucha (…) dentro de eso hay algunos que defeccionan; (…) Hay otros, en cambio, que son firmes, la lucha que se está librando dentro del organismo es la misma lucha que libramos nosotros en todos los terrenos, no es que allí haya una cosa diferente, ¡no!, es lo mismo. Los peronistas han de hacerse a la idea de que son ellos y solamente ellos los que han de poner el esfuerzo y, si es preciso, el sacrificio. La peor de todas las actitudes es permanecer inactivo cuando el destino del país está en juego (…).”.

A la altura de las circunstancias

En el análisis propuesto no puede dejar de considerarse, que las organizaciones gremiales registran también historias conflictivas en cuanto a las Centrales que han aspirado a representar al conjunto  de los trabajadores.

Si bien con el advenimiento del Peronismo esas tensiones no desaparecieron por completo, el “Modelo Sindical” vigente desde entonces facilitó la constitución y funcionamiento de una Central única (la CGT), y en no menor medida contribuyó la masiva adhesión de trabajadores y dirigentes sindicales a esa fuerza política.

Por supuesto, que todo ello no evitó por completo las divisiones cupulares, aunque en general esos episodios se daban dentro de la misma CGT. Como fueron las disputas ligadas a la validez o no de Congresos normalizadores o convocados para la renovación de autoridades.
Entre los más emblemáticos, se cuenta lo ocurrido en 1968 (“CGT de los Argentinos” vs. “CGT Azopardo”), en 1982 (“CGT Brasil” vs “CGT Azopardo”) o en 1989 (“CGT Azopardo” vs. “CGT San Martin”).

El caso de la CTA fue distinto, en tanto en los años 90’ se vivía una conflictividad muy acentuada en torno a las políticas implementadas por el menemismo.

Ante una conducción acomodada a los designios del gobierno hubo numerosos y poderosos sindicatos que bregaban por una posición confrontativa, pero planteando tácticas o estrategias diferentes que, en los hechos, no afectaron una clara unidad en la acción.

Esas diferencias, en buena medida, consistían en los modos de enfrentar la posición que oficialmente había adoptado la CGT.

Unos, plantearon que había que dar la pelea interna por la hegemonía y la conducción, así fue que formaron una importante coalición de sindicatos bajo la sigla MTA (Movimientos de Trabajadores Argentinos) pero sin abandonar la CGT.

Otros, descreyeron de esa alternativa como posible y constituyeron en 1992 una Nueva Central, la CTA (primero “Congreso de los Trabajadores Argentinos” y después “Central de Trabajadores de la Argentina”). Expresión cupular que, además, adoptó otras formas de organización interna como también amplió el ámbito personal clásico de representación y el inveterado mecanismo de elección de sus autoridades.

A casi 30 años de esa experiencia, habiendo mediado fracturas en el seno de la CTA como también notorias divisiones en la CGT, se vienen produciendo en los últimos dos años importantes iniciativas para lograr una convergencia de todo el arco sindical en una única Central Obrera, en la convicción de que configura un imperativo de la hora por la grave situación en la que la Alianza Cambiemos ha colocado al país.

El reciente Congreso de la CTA de los Trabajadores confirió mandato a su conducción para avanzar en un proceso de unificación y virtual reingreso a la CGT, otros tantos esfuerzos se vienen registrando en amplios sectores sindicales (la Corriente Federal de los Trabajadores, el Frente Sindical por el Modelo Nacional, el Movimiento de Acción Sindical Argentino) por sortear las diferencias existentes con la Conducción de la CGT que también, por su parte, está dando claras señales en igual sentido.

Al enemigo … Justicia Social, Memoria y Voluntad de Lucha

El ciclo que habrá de iniciarse el 10 de diciembre de 2019 en la Argentina se enmarca en un tiempo nuevo para toda la Región, a la luz de los acontecimientos que se vienen registrando en distintos países de Suramérica.

La consolidación de la Democracia y de un Estado Social de Derecho exige contar con un Movimiento Obrero fortalecido, participativo y con clara voluntad de lucha en defensa de esos valores.

No será falta de memoria ni de coherencia dejar de lado cuestiones que, aunque legítimas, distraigan del objetivo principal y acuciante, cerrando filas frente al enemigo común exponente de la antipatria.

En este mes tan especial, vale la pena recordar algo de lo que el 17 de Octubre de 1945 Juan Domingo Perón dijo al Pueblo reunido en la Plaza de Mayo: “Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos”.