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Crimen en Gesell: La otra cara del rugby, los proyectos inclusivos

Virreyes Rugby Club y Ciervos Pampas exponen otra costado del rugby, en medio de la conmoción por el brutal asesinato de Fernando Báez Sosa. Ellos no ponen eufemismos al hablar del tema y buscan respuestas.

26 de enero, 2020 | 05.00
La otra cara del rugby: Los proyectos inclusivos | Crimen en gesell

El asesinato de Fernando Baez Sosa a manos de un grupo de diez rugbiers que lo golpeó de forma salvaje en las puertas del boliche Le Brique de Villa Gesell causó una fuerte conmoción en la sociedad y engrosó una lista de actos repudiables cometidos por jugadores, que puso a ese deporte en el centro de los debates sobre el origen de la violencia. La voces críticas de un entorno y un contexto que todavía arrastra aspectos de clasismo (por su habitual composición social) y de aires de superioridad física (por cuestiones ligadas a la actividad) se enfrentaron contra quienes enaltecieron los "valores" del rugby, hablaron de casos aislados y pusieron el foco en otros factores.

En el medio de la discusión sobre el rugby y su responsabilidad, dos proyectos muestran otra faceta de ese deporte como una herramienta de inclusión, reflexión y contención. Tampoco le escapan al hecho y no titubean al condenar el asesinato, mientras buscan respuestas para entender y transformar.

Virreyes: El rugby como una "escuela de vida"

Para entender el nacimiento de Virreyes Rugby Club hay situarse en la zona más vulnerable del opulento municipio de San Fernando y remontarse al año 2002, la crisis post 2001 golpeó con fuerza a los sectores más postergados y Virreyes no escapó a la situación. En ese contexto Marcos Julianes y Carlos Ramallo (jugadores del CASI y el SIC) decidieron usar el deporte como una herramienta inclusiva y comenzaron a practicar el rugby en el mismo lugar donde sus esposas, Ángela Billoch y Dolores Iraola, ayudaban en una escuela.

Los dos jugadores de la "zona cheta de San Isidro", como señaló Julianes, comenzaron a entrenar a los chicos del barrio en "lo único que sabíamos hacer" y terminaron edificando un club distinto dentro del mundo de la ovalada.  "Parecía loquísimo el año 2002, es una cosa que después se extendió, pero en aquel momento era muy loco. En poco tiempo surgió algo muy bueno. Llevamos a nuestros amigos entrenadores, hicimos una prueba y vimos cómo funcionaba y al año siguiente nos lanzamos. Empezamos a juntar gente y se armó una fogata tremenda, todos los clubes colaborando, dando una mano en horizontalidad y empezó una cosa muy linda donde se demostró que el espíritu rugby existía", recordó el ex jugador en conversación con El Destape.

El trabajo sobre el territorio los llevó a entender que el deporte debía ser el andamiaje para la educación y desde entonces ofrecen distintas propuestas de talleres y tutorías para los jóvenes. En el club son unos 500 jóvenes los que juegan al rugby y  también unas 100 chicas que practican fútbol o hacen danza clásica, además de una "parte educativa muy fuerte, con apoyo escolar,  talleres de orientación vocacional, chicos recibidos que están en la Comisión Directiva", resaltó quien actualmente conduce la institución.

Al tiempo que destacó: "La alegoría es de la cancha al aula, de la cancha de la vida. De nada sirve jugar bien a la pelotita si no andás bien en el estudio. Y si algún chico deja el colegio hacemos un esfuerzo para que vuelva. Estadísticamente es casi 100% de nuestros chicos que termina la escuela secundaria en un lugar donde el promedio debe estar abajo del 50 o 60. Si el deporte es una escuela de vida, tiene que ir en apoyo de la escolarización".

La consigna fundamental de Virreyes y su filosofía de "escuela de vida" contrasta con el brutal asesinato de Fernando. Al hablar del hecho, Julianes remarcó la consternación que atraviesa. "Yo miro miro al padre que le asesinaron de esa manera a su único hijo... no fue ninguna fatalidad. Nos partió el medio porque si el rugby es una escuela de vida y pasa esto ¿de qué estamos hablando? ¿Qué cosas no tenemos que replantear?", planteó.

Y enfatizó: "Esos chicos se fueron al boliche como cualquier hijo nuestro y volvieron asesinos.  Y entonces ¿Qué pasó ahí? ¿Qué es lo que no podemos desentrañar los grandes qué está pasando como para que ocurra semejante cosa?. Podemos hablar del alcohol,  de la masificación del efecto manada, de una sociedad meritocrática donde el cooperativismo o la solidaridad está mal vista porque el de abajo es un 'negro choriplanero que yo lo mantengo'. Podemos encontrar un montón de cosas, pero ninguna acierta en el clavo de cómo puede ser que a nuestros hijos haya que decirles que no hay que partear a alguien en el suelo. Hay que explicar que eso es un desastre. Esto significa un replanteo de todo para todos".

El crimen de Villa Gesell fue el más grave de una serie de violentos actos con características parecidas: rugbiers, por lo general en grupo, que golpean y atacan a personas de manera descarnada. Al buscar algún factor dentro de ese deporte, el presidente de Virreyes señaló los "excesos del juego".

"Podemos indicar que el rugby se juega de a 15, hace falta mucha unión, no se privilegia el desempeño individual sino en función del equipo, empodera a los chicos. Todo eso que tiene cosas buenísimas también tiene efecto negativo, pero ninguno de esos efectos puede llevar a esto que pasó. Me niego a pensar que lo que ha pasado sea una consecuencia  directa de aquello. No digo que no, pero me parece que es más complejo y confluyen otras cosas que no sé cuáles son. Debo decir que no son hechos aislados porque esto ya pasó más de una vez", opinó

A la vez que lamentó: "¿Desde cuando el tipo valiente de rugby es el tipo que se pelea muchos contra uno?. El tipo valiente del rugby es el que se tira de cabeza a defender al indefenso, como en la cancha. Eso es lo que yo pretendo de un rugbier, que se tire de cabeza a defender a un pibe caído". En un contexto  donde los actos agresivos se multiplican y la indignación por la muerte de Baez Sosa caló hondo en toda la sociedad, para Julianes es importante "que aparezcan los famosos capitanes liderés" que tanto destaca el rugby, "ese tipo capaz de sustraerse y poner orden". 

"Lo primero que tenemos que hacer es no caer en la típica de que estamos preocupados y después cuando pasó el efecto porque los diarios ya no dicen nada, pasamos a otro canal. Y tenemos replantearnos el vínculo entrenador-jugador. Asumamos que esto nos está pasando y a partir de eso replanteemos todo", concluyó.

Ciervos Pampas: El primer club de diversidad sexual de Latinoamérica

Un grupo de amigos pasando la 'guinda' en una plaza fue el origen de Ciervos Pampas. Con una convocatoria que se fue ampliando y entrenamientos en plazas hace más de diez años atrás, muchos se sacaron las ganas de jugar al rugby que acumularon durante su niñez y adolescencia "por la discriminación y la falta de espacios de contención". Al sumar más jugadores e incorporar un cuerpo técnico, la búsqueda también tuvo un click. "Ya no éramos ese grupo inicial de amigos y empezamos a entender qué éramos nosotros, por qué nos convocábamos desde ese espacio. A partir de ese entonces nos fuimos problematizando desde los temas más centrales: identidad de género, homofobia, violencia", rememoró Caio Varlea, presidente del club en conversación con El Destape. 

A la par de ese giro también surgió la pasión por el rugby y la necesidad de disputar torneos y tener una competencia más constante y el torneo empresarial de la URBA fue el escenario para desarrollar la actividad. "Al encontrarnos con el otro o llevar nuestra otredad a ese espacio, nosotros pasamos a repensarnos y ver cuál es nuestro rol más político y social en ese ámbito", precisó Varela. A partir de allí surgió la iniciativa de la escuela de Derechos Humanos, al que definió como "un espacio de reflexión sobre temas que nos convocan, tomando un poco de la construcción académica", donde se discuten cuestiones como el origen de la homofobia, el patriarcado, la xenofobia, el racismo.

Hoy, sus integrantes no dejan de pensarse. "Estamos en un in crescendo. Con un debate interesante sobre la identidad, porque el sentimiento ya lo tenemos, pero buscamos que significa ser un ciervo pampa de forma más conceptual" afirmó el conductor del club. En esa construcción también aparece el qué significa ser un rugbier o jugar al rugby en Ciervos.

Esas exploraciones identitarias no son ajenas al impacto causado por el asesinato de Fernando. En esa línea, Varela analizó: "Nosotros tenemos muy en claro que rechazamos la hipótesis de que la culpa la tiene el rugby. Pero tampoco podemos dejar de hacernos cargo de las violencias que existen en el mundo del rugby".

Ciervos Pampas fue una de las primeras instituciones ligadas al deporte en emitir un comunicado para repudiar el ataque y rechazar los eufemismo que evitaron calificar el hecho como un asesinato.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Carta abierta de Ciervos Pampas

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Para Caio, el machismo y la sociedad patriarcal son un factor determinante al que el deporte de la ovalada no escapa y, al igual que en otros ámbitos, existen distintos modelos. "Desde mi experiencia profesional y mi mirada de mundo pienso que quizás se estableció un estigma de un modelo de rugbier, ni siquiera del rugby, que quizás sean jugadores de rugby. Ser jugador de rugby es otra cosa, porque quien juega al rugby sabe de la disciplina que está en cancha, del árbitro que siempre vela por determinar ciertas posturas y respetar el reglamento", consideró.

Desde esa perspectiva puede existir "una identidad rugbier, o una de las identidades rugbier" que se desarrolla como respuesta "a esa lógica machista de la virilidad como un instrumento de poder, de la fuerza desmedida con instrumento de poder". A modo de ejemplo, Varela expuso: "Hay una marca que vende una imagen de rugbier muy estereotipada, a mí me parece ridícula, pero hay gente que se identifica. Eso genera una proyección de una postura, que es subjetiva. Eso no es del mundo del rugby o de la cultura del rugby, es de las personas y de la sociedad".

En cuanto a cuáles son los caminos para modificar la situación y evitar las violencias, Varela consideró que se deben generar "espacios de reflexión concretos", donde se pueda escuchar la mirada del otro sobre las cosas. Y expuso sobre la mesa uno de los temas más preocupantes del rugby: los bautismos violentos. "Negar como se negó su existencia es hacerse el boludo. Nosotros presenciamos y conocemos 50 mil historias... entonces, dale, hagámonos cargo", reclamó.

Los históricos o tradicionales rituales esconden detrás abusos y vejaciones y sistematizan prácticas violentas que en los clubes todos conocen, pero nadie denuncia. En el mundo del rugby las iniciaciones están muy arraigadas. Un mes atrás, la sexóloga y psicóloga Cecilia Ce abrió su cuenta de Instagram para que las víctimas develaran estas prácticas, las respuestas fueron atroces y pusieron sobre la mesa un tema que el periodista Roberto Parrotino se encargó de amplia con dos informes en Tiempo Argentino.

"Si tenés un rito que es extremadamente violencia ¿Qué vas a esperar? Violencia. Hay que establecer punición categórica para esos hechos, eso no hace pensarlo mucho. Luego hay que tener espacios de reflexión. Hay reglas y límites que establecer, pero no desde la lógica de la punición per se, si no desde la construcción de otra mirada, ahí son importantes los espacios de reflexión", evaluó.


 

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