Atravesando la cosa está lo preciado

12 de febrero, 2015 | 13.48

Por Sebastián Dunphy
Redacción El Destape


En plena City porteña, en el edificio del Museo del Banco Provincia, bronce y mármol, subiendo dos pisos por una escalera caracol de hierro, se encuentra la instalación de Florencia Caiazza. Una estructura hecha de papel de dos metros de alto y cuatro de largo, blanca y plena, convive con un cascote de construcción, pequeño y pulido, con muchos planos, de forma orgánica, puesto en un pedestal dentro de una vitrina.

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Grande, abierta y hueca, la estructura se compone de papeles de desecho, algunos enrollados forman un esqueleto y otros pegados hacen de cáscara. Del lado de adentro da la sensación de túnel que tiende a infinito. Por fuera, reposa como un esqueleto, o mejor, como los restos de un animal gigante que cambió de piel.

La imposibilidad de ingresar en la obra de papel la convierte en una imagen virtual, como esos túneles del tiempo en los que uno viaja flotando a alta velocidad. Al pararse frente la obra se experimenta una sensación de velocidad, producida por el patrón de las celdas de papel que al empequeñecerse dan un efecto desorbitado de fuga. La imposibilidad de llegar a ver el otro extremo acentúa el vértigo que se vive parado frente a esta obra.

Pasada esta primera impresión, comenzando el recorrido alrededor del gigante de papel, hacia el extremo mas chico (hacia la cola) aparece a su lado una pieza pequeña: un cascote con varias puntas, cuidadosamente pulido.

La roca bruñida pierde materia pero gana peso, se hace inamovible, parece imposible de levantar. Se convierte en una Excalibur. Es un objeto divinizado al final del recorrido que uno hace tratando de abordar al titán de papel. "Una dedicación. Eso genera una relación con el objeto, desde lo afectivo. El tiempo sobre una cosa, va generando un vínculo." dice Caiazza que afirma haber empleado mucho tiempo y paciencia en el lijado de la pieza.

La coexistencia: el camino y lo hallado

La mirada busca atravesar por dentro una figura grande y frágil. Esa intención, esa mirada tratando de llegar al otro lado, es algo más, es el deseo de atravesar la cosa. El deseo se va con la mirada por dentro mientras uno tiene que recorrer la forma por fuera, al final, en el extremo pequeño, el espectador se reencuentra con la mirada para concluir los dos en una piedra sólida y preciada, puesta como una joya, algo elegido entre los escombros para hacer de ese hallazgo un objeto preciado, cerrado y total.

Archivo y Museo Histórico del Banco de la Provincia de Buenos Aires "Dr. Arturo Jauretche".
Sarmiento 364. CABA.

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