Los autos autónomos dejaron de ser un concepto futurista para convertirse en una realidad en distintos mercados del mundo. Marcas como Mercedes-Benz, Tesla, BMW, Volvo, Honda y General Motors ya desarrollan sistemas capaces de conducir con distintos grados de intervención humana. En Argentina, aunque la llegada masiva todavía parece lejana, el panorama comenzó a cambiar tras la incorporación de un marco regulatorio que habilita la circulación de vehículos con conducción autónoma, siempre que cumplan estrictos requisitos de seguridad y homologación.
La tecnología detrás de estos vehículos combina radares, cámaras de alta definición, sensores ultrasónicos, sistemas LiDAR, GPS de precisión e inteligencia artificial. Toda esa información se procesa en tiempo real para reconocer carriles, peatones, señales de tránsito y otros vehículos, permitiendo que el automóvil acelere, frene, gire o incluso cambie de carril sin intervención del conductor en determinadas circunstancias.
Actualmente, la Sociedad de Ingenieros Automotrices (SAE) clasifica la conducción autónoma en seis niveles, del 0 al 5. El nivel 0 corresponde a un conductor que realiza todas las tareas; el nivel 1 incorpora asistencias como el control de velocidad crucero adaptativo o el mantenimiento de carril; el nivel 2 combina ambas funciones, aunque el conductor debe mantener siempre la atención. En el nivel 3, el vehículo puede conducir por sí solo en determinadas condiciones, pero el conductor debe estar preparado para retomar el control cuando el sistema lo solicite. Los niveles 4 y 5 representan la conducción prácticamente total, siendo el último completamente autónomo y sin necesidad de volante o pedales.
Por el momento, los vehículos que se comercializan a gran escala pertenecen principalmente a los niveles 2 y 3. Solo algunas ciudades del mundo cuentan con servicios experimentales de nivel 4, mientras que los modelos de nivel 5 aún permanecen en fase de desarrollo debido a la complejidad tecnológica y regulatoria.
En el aspecto mecánico, la mayoría de los futuros autos autónomos estarán asociados a plataformas electrificadas. Los motores eléctricos simplifican el control de aceleración y frenado, ofrecen una respuesta inmediata y facilitan la integración del software que administra la conducción. Además, estos vehículos incorporan computadoras de alto rendimiento, múltiples unidades electrónicas de control y sistemas redundantes de frenos, dirección y alimentación eléctrica para garantizar la seguridad en caso de una falla.
En Argentina, el principal obstáculo no pasa únicamente por la legislación. Aunque el Decreto 196/2025 incorporó la posibilidad de autorizar vehículos autónomos dentro de la Ley Nacional de Tránsito, cada modelo deberá superar procesos de certificación técnica y demostrar niveles de seguridad superiores a la conducción convencional antes de obtener la autorización para circular.
A ello se suman otros desafíos como la infraestructura vial, la señalización horizontal y vertical, la conectividad y la calidad del mapeo digital, elementos fundamentales para que estos sistemas funcionen con la precisión requerida.
En caso de llegar al mercado argentino durante los próximos años, los primeros modelos probablemente pertenezcan al segmento premium. Marcas como Mercedes-Benz, BMW o Volvo serían las candidatas naturales para introducir vehículos con autonomía de nivel 3, cuyos precios internacionales superan ampliamente los 80.000 dólares y, considerando impuestos y costos de importación, podrían ubicarse por encima de los 120.000 dólares en el mercado local.
Con el paso del tiempo, la tecnología debería extenderse hacia modelos más accesibles, tal como ocurrió con sistemas hoy habituales como el frenado autónomo de emergencia, el control de crucero adaptativo o el mantenimiento activo de carril. Aunque la conducción completamente autónoma aún no tiene una fecha concreta para popularizarse en Argentina, el nuevo marco normativo y la evolución tecnológica muestran que el país ya comenzó a prepararse para una transformación que promete cambiar la manera de entender la movilidad durante la próxima década.
