El gobierno de Donald Trump aprobó este viernes una profunda reforma regulatoria que debilita la protección de la fauna silvestre en territorio estadounidense. La Casa Blanca eliminó de la normativa vigente las cláusulas destinadas a prevenir daños en los hábitats de los animales protegidos, un cambio drástico que busca despejar el camino a proyectos de infraestructura y explotación de recursos naturales.
La medida limita el alcance de la Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA, por sus siglas en inglés), una norma emblemática con más de 50 años de historia a la que se le adjudica haber salvado de la desaparición al águila calva, al cóndor de California y a decenas de plantas y animales. A partir de ahora, la definición legal de la palabra "daño" ya no incluirá la destrucción del hábitat. Esto significa que las empresas constructoras, mineras o energéticas tendrán vía libre para alterar por completo los ecosistemas donde viven las especies, bajo la única condición de que la fauna silvestre no resulte herida o muera de forma directa durante las obras.
Desde los ministerios de Interior y de Comercio argumentaron que la reforma tiene como objetivo reducir drásticamente los costos operativos, los tiempos de obtención de permisos y la carga burocrática para los productores de energía, las explotaciones agrícolas, el sector pesquero y la minería. El cambio normativo se alinea de forma directa con la promesa electoral de Trump de desmantelar regulaciones estatales que, según su visión, asfixian la competitividad de las empresas locales.
Hasta este viernes, la ley funcionaba como una de las herramientas de control más rigurosas de la burocracia de Washington. Obligaba a las agencias federales a evaluar de forma minuciosa el impacto ambiental antes de otorgar concesiones de perforación de pozos de petróleo y gas, tendido de redes eléctricas o minería en tierras y aguas públicas de los Estados Unidos. "Esta medida restablece el sentido común, respeta la propiedad privada, proporciona una certeza muy necesaria a los propietarios de terrenos y se ajusta a la ley que el Congreso aprobó realmente", defendió el secretario del Interior norteamericano, Doug Burgum, a través de un comunicado oficial.
La nueva flexibilización desató un inmediato rechazo entre las organizaciones de conservación locales, que advierten que desproteger el entorno natural de una especie equivale, en la práctica, a condenarla a una extinción lenta por falta de alimento y refugio. Sin embargo, los desarrolladores privados celebraron la medida como un triunfo histórico para la inversión productiva.
Con información de Reuters
