Eric Zemmour impone la agenda de la campaña electoral en Francia

La presencia del polemista en todos los medios favorece la reelección de Emmanuel Macron y genera enfrentamientos en la comunidad judía.

12 de noviembre, 2021 | 14.34

La posibilidad de la candidatura de Eric Zemmour en las elecciones presidenciales y su discurso declinista, autoritario, xenófobo, revisionista y sexista, ha logrado agrupar a un amplio espectro de corrientes de extrema derecha, ya sean identitarias, neofascistas, supremacistas blancos, fundamentalistas católicos, monarquistas e incluso antisemitas.

Propagando el odio al musulmán y el miedo a la invasión de los inmigrantes, Zemmour se apoya en la teoría del “Gran reemplazo” desarrollada por el escritor de extrema derecha Renaud Camus para convencer a su auditorio de la inevitable desaparición de la Europa blanca y cristiana reemplazada por musulmanes gracias a su mayor fecundidad.

Utilizando la publicación de su ultimo libro “Francia aún no ha dicho su ultima palabra” vendido a mas de 200 000 ejemplares, Zemmour se pasea por todo el país organizando reuniones políticas con la excusa de la presentación de su libro. Impregnado de una islamofobia radical, su discurso instala un “relato” que seduce a una franja importante de franceses que va mas allá del público habitual de la extrema derecha, a tal punto que varios círculos de la comunidad judía lo sostienen.

Noémie Halioua, editora en jefe de I24news, el canal pro israelí de Patrick Drahi, relató lo siguiente el 27 de septiembre en “Causeur”, la revista de extrema derecha de Elizabeth Lévy, : “Desde hace varias semanas, al final de la oración en las sinagogas consistoriales, el enfrentamiento de ideas se ha convertido en altercados y hasta en insultos: "¿No estás avergonzado? ¿Quieres votar por un pétainista? ” se opone a otro que sostiene: "Zemmour es nuestro salvador, el que Dios puso en nuestro camino para defendernos". Para muchos judíos de clases populares, originarios de Africa del norte, dice la periodista, “Zemmour encarna la última oportunidad antes del exilio. Un baluarte contra la desaparición, la perspectiva de una posible nueva vida a la que bien vale la pena hacer la vista gorda ante cualquier exceso ”.

Francis Kalifat fue uno de los primeros en reaccionar: “Ningún voto judío debería dirigirse al candidato potencial Zemmour", dijo el presidente del Consejo Representativo de Instituciones Judías en Francia (CRIF) a mediados de septiembre en Radio J, calificando a Eric Zemmour de "judío útil".  Albert Elharrar, presidente de la comunidad judía de Créteil (suburbio parisino), lo tiene claro: “No queremos que se nos asocie con este personaje abyecto que no representa los valores de la religión judía. Contamina las almas, hay que luchar contra él, sus palabras son inaceptables. " Lo cierto es que Zemmour multiplica las declaraciones agraviantes, tanto sobre el affaire Dreyfus, Vichy, Pétain o la redada de Vel’d'Hiv, como sobre las leyes conmemorativas que desea abolir, incluida la ley Gayssot, que castiga el delito de negacionismo.

A pesar de haber sido condenado por comentarios racistas, por tratar a las mujeres como "sub - humanas", después de la rehabilitación de la colaboración con los nazis y de la Argelia francesa, Zemmour ataca al Capitán Dreyfus, cuya inocencia refuta, y que fue claramente establecida, no solo por Zola y Jaurès, sino por obra de generaciones de historiadores.

Eric Zemmour defiende una concepción estricta de la asimilación judía, proclamando que "Napoleón es nuestro padre, Luis XIV nuestro abuelo y Juana de Arco nuestra bisabuela". Esta relación con la identidad no es ajena a la historia de su familia, judíos de Argelia a los que se les concedió la ciudadanía francesa por el decreto Crémieux de 1870, a diferencia de los musulmanes. Aquellos que entonces eran llamados "los israelitas indígenas" de Argelia experimentaron "el decreto Crémieux como una bendición y fueron muy lejos en la asimilación", subraya el politólogo Jean-Yves Camus.

Una inusitada campaña electoral

Dentro de cinco meses, el 10 de abril, los franceses deberán elegir los dos candidatos que se medirán en el balottage del 24 de abril. Según la ultima encuesta de Harris Interactive del 5 de noviembre, el presidente Macron obtiene 24% de intención de votos. Le siguen Eric Zemmour con 19% (aunque aun no se ha declarado oficialmente), Marine Le Pen, 15% y Xavier Bertrand, 14%, el mejor ubicado de los cinco candidatos de LR (Los Republicanos) que deberán ser elegidos el 4 de diciembre por el congreso del partido de la derecha conservadora.

Ningún candidato de la izquierda sobrepasa el 10 % de intención de votos, algo nunca visto a pocos meses de las elecciones. El primer puesto lo ocupan alternativamente Jean Luc Mélenchon (LFI) con 9-10% y Yanick Jadot (Europe Ecologie-Los Verdes) con 8,5-9 %. Anne Hidalgo, alcaldesa de Paris (PS) con 4 % no logra despegar. Al ex ministro de François Hollande, Arnaud Montebourg, le adjudican 3% y Fabien Roussel, candidato del PCF (Partido Comunista) apenas llega al 1,5-2 %. Los dos candidatos de la extrema izquierda (NPA y LO) no pasan el 1,5 %. Sumados, la intención de votos de la izquierda apenas llega al 29%.

Zemmour se encuentra en una posición única para explotar la falta de liderazgo de la derecha aprovechando la porosidad ideológica que existe entre su electorado. Un contexto ideal para llevar a cabo su propio proyecto político: encarnar la unión de toda la derecha francesa. Su pensamiento ejerce un verdadero poder de atracción sobre los candidatos de LR (Los Republicanos), derechizando sus posturas sobre temas de inmigración, seguridad y autoridad, reflejadas en el primer debate de los cinco candidatos el 9 de noviembre por la televisión.

Su candidatura constituye un peligro real para la izquierda y favorece al presidente Macron: al imponer en la agenda sus temas, evita por completo los debates esenciales sobre un clima social degradado, la emergencia climática y la creciente pauperización de la población en Francia después de casi cinco años de macronismo, marcado por un giro autoritario del neoliberalismo que encarna. El movimiento de los “Chalecos Amarillos” cristalizó toda la violencia simbólica y física del gobierno de Emmanuel Macron quien, al nombrar a sus sucesivos ministros del Interior, Castaner y Darmanin (designado el 6 de julio de 2020 mientras estaba acusado de violación) y al mantener en sus funciones al Prefecto de policía de París, Didier Lallement, severamente criticado por su estrategia de represión policial, respaldó la utilización de la policía nacional como milicia contra su propia población que se supone debe proteger. Más justicia social, más democracia participativa, una mejor redistribución de la riqueza: esto es básicamente todo lo que exigían “los chalecos”.

Durante los cinco años de Emmanuel Macron, el número de personas que viven por debajo del umbral de pobreza en Francia, la quinta economía más grande del mundo, aumentó de 8,9 millones en 2017 a casi 12 millones en 2021, según las cifras. CNLE (Consejo Nacional de Políticas de Pobreza y Exclusión). Al mismo tiempo, y tras la crisis sanitaria en la que aún nos encontramos, la riqueza de los multimillonarios en Francia pasó de 249 mil millones de euros en 2017 a casi 500 mil millones en el verano de 2021.

Uno de estos multimillonarios, Vincent Bolloré, dueño de varios periódicos, medios televisivos y radiales es quien está promoviendo a Eric Zemmour cuya función principal es quitar toda autonomía de acción a las clases populares cloroformadas por los vapores nacionalistas y dejadas a merced del gran capital. Viejo sueño de las clases dominantes en muchos países, como lo demuestra el caso de Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil y Milei en Argentina entre otros.

El candidato del Partido Comunista Fabien Roussel propondrá el 2 de diciembre en el parlamento una resolución para declarar inelegibles por cinco años a los condenados por incitación al odio racial, apuntando directamente a Eric Zemmour. Pertinente en el contexto actual, es difícil que la propuesta prospere.  

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