Masivo duelo en funeral de Jamenei muestra el férreo control de la línea dura sobre el Irán de posguerra

04 de julio, 2026 | 13.16

Decenas de miles de iraníes se ​agolparon el sábado en un enorme complejo de oración al aire libre en Teherán para ver los ataúdes del ayatolá Alí Jamenei, el líder supremo asesinado al inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, y de su familia.

Vestidos de negro y ‌envueltos en las banderas rojas, blancas y verdes de la ‌República Islámica de Irán, los dolientes sostenían retratos de Jamenei y de su hijo y sucesor, Mojtaba.

En una muestra de devoción pública hacia el Estado teocrático de la República Islámica y de fervor revolucionario, Irán está organizando una semana de procesiones fúnebres masivas en honor al líder supremo, fallecido en febrero a causa de los primeros ataques aéreos de la guerra.

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Tras un día de velatorio en el interior, para que pudieran visitarlo altos dirigentes iraníes y funcionarios extranjeros, el féretro de Jamenei se expuso bajo una cubierta de cristal al aire libre, junto con los de su hija, su yerno, su nuera y su nieta de 14 meses.

Todavía no se ha visto en público ni se ha difundido ninguna imagen de Mojtaba, el nuevo líder que, según se dice, ​resultó herido en el ataque que acabó ⁠con la vida de su padre.

Los dolientes se fueron congregando en el amplio patio de la Gran Mosalla del Imán Jomeini, golpeándose el pecho, ‌lamentándose y ondeando las banderas de la República Islámica. Las mujeres, vestidas con chadores negros, llevaban viseras blancas o sostenían ⁠paraguas para protegerse del calor del sol de media mañana.

"¡Lamentémonos!", animó un presentador a la ⁠multitud a través de un altavoz. Los cánticos de "Muerte a América" resonaron en la enorme sala de oración.

VENGANZA SANGRIENTA

"Todos los que estamos aquí hemos venido a vengar la sangre de nuestro líder supremo", declaró a Reuters Arash Rahimi, de 40 años, entre la multitud. "Como ha dicho nuestro líder, tenemos una vendetta ⁠con Estados Unidos. Nuestras relaciones con Estados Unidos nunca serán buenas".

El funeral tiene lugar en un momento crítico para Irán, en el ​que sus gobernantes clericales, respaldados por el ejército, se sienten animados tras haber sobrevivido a la embestida con ‌su sistema de gobierno intacto.

La guerra se ha interrumpido por un alto ‌el fuego en virtud de un acuerdo con Washington que, según las autoridades, acabará reportando enormes beneficios económicos, en consonancia con lo que ⁠describen como una victoria sobre una superpotencia.

Algunos de los asistentes al funeral dieron a entender que estaban dispuestos a llegar a un acuerdo.

"Estados Unidos… quiere ciertas cosas. Deberíamos ceder en algunas cosas; de lo contrario, harán volar por los aires a nuestros dirigentes", declaró a Reuters Fattah Bayaz, de 63 años, uno de los dolientes.

Más allá de las muestras de solidaridad con los dirigentes, sigue siendo imposible evaluar hasta qué punto es profunda la lealtad de la ​población en un país de ‌90 millones de habitantes.

Semanas antes de la guerra, cientos de miles de iraníes se manifestaron contra el Gobierno en protestas que fueron reprimidas con violencia, en una campaña en la que murieron miles de personas. Sin embargo, ha habido pocos o ningún indicio público de tal disconformidad desde que comenzaron los ataques de Estados Unidos e Israel.

Durante la guerra murieron más de 3.000 personas, entre ellas muchos de los políticos y mandos militares de más alto rango de Irán. Se destruyeron bases militares y grandes proyectos de infraestructura, ⁠lo que provocó daños por valor de miles de millones de dólares.

No obstante, Irán logró atacar con éxito las bases estadounidenses en la región, causó estragos en los países árabes del Golfo que las acogen y reafirmó su control sobre el estrecho de Ormuz, lo que provocó un repunte de los precios mundiales de la energía que, según el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue lo que finalmente le convenció para firmar la paz.

El acuerdo provisional alcanzado el mes pasado incluye el desbloqueo de miles de millones de dólares en activos depositados en el extranjero y exenciones de las sanciones financieras que habían puesto de rodillas a la economía iraní.

EL MARTIRIO CHIÍTA

En el sistema teocrático de Irán, Jamenei no solo era jefe de Estado y líder de un movimiento revolucionario, sino también el representante terrenal del ‌último imán del islam chiíta, una figura sagrada que desapareció en el siglo IX.

Su muerte en un ataque enemigo se inscribe en una larga tradición de martirio y duelo ritual, que se remonta a la muerte en combate, en el siglo VII, de Husein, nieto del profeta Mahoma, lo que dividió al islam en sus ramas chiítas y sunitas.

En el islam, los entierros deben celebrarse en el plazo de un día tras la muerte pero, debido a los riesgos que entrañaba celebrar un gran funeral durante la guerra, se pospuso hasta que se acordó el acuerdo de tregua provisional del mes pasado.

El ataúd de Jamenei fue presentado ‌a última hora del jueves. El viernes fue expuesto en la gran sala de oración construida en honor a su predecesor, el ayatolá Ruhollah Jomeini, donde permanecerá hasta el domingo por la tarde.

Tras lo que las autoridades anuncian como una procesión masiva en el centro de Teherán el lunes, los restos mortales serán trasladados a la ‌ciudad teológica de Qom, centro de ⁠la jerarquía chiíta de Irán, para las ceremonias del martes.

Desde allí, el cuerpo será trasladado en avión a Irak para las ceremonias que tendrán lugar el miércoles en las dos ciudades santas chiitas de Nayaf y Kerbala. El cuerpo regresará a ​Irán el jueves para otra procesión en Mashhad, donde será enterrado cerca de la tumba de otro de los imanes chiitas medievales.

Las autoridades tienen previsto movilizar a millones de personas para las grandes procesiones de los próximos días, ofreciendo transporte, comida y alojamiento.

Con información de Reuters