En Bahía de Cochinos, la victoria frente a la invasión despierta el orgullo y suscita nuevos paralelismos

17 de abril, 2026 | 11.06

​Orestes Chamizo señala un trozo de arena árida en la Bahía de Cochinos, Cuba, mostrando el lugar donde una brigada de exiliados cubanos entrenados por Estados Unidos desembarcó en la costa sur de la isla el 17 de abril de 1961.

"Los mercenarios entraron ‌justo por ahí", dice Chamizo, recordando su dramática derrota y ‌su propio papel en la búsqueda de los supervivientes dispersos en el pantano cercano.

Dijo que Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, quien ha amenazado repetidamente a Cuba desde que impuso un bloqueo petrolero de facto a la isla, corre el riesgo de sufrir el mismo resultado si decide invadirla.

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"Tengo 90 años, pero si tengo que volver a empuñar un arma, lo haré sin miedo", declaró Chamizo, aún ágil, a Reuters. "La última invasión fracasó... y la próxima también fracasará".

La posibilidad de que Cuba, gobernada por comunistas, resista una invasión militar de la superpotencia mundial del norte parece tan improbable hoy como hace 65 años.

Reuters entrevistó a más de dos docenas de residentes, jóvenes y mayores, en los alrededores de Bahía ​de Cochinos, durante mucho tiempo bastión del ⁠orgullo nacional tras la victoria de Fidel Castro contra los exiliados, uno de los momentos más gloriosos de la Revolución Cubana.

Las entrevistas ponen ‌de manifiesto la enorme brecha entre la retórica fervorosa de quienes vivieron aquellos primeros años de la revolución y ⁠la juventud de la isla, que lucha por sobrevivir en una Cuba oprimida por ⁠una economía estatal ineficiente y las sanciones estadounidenses.

"Los jóvenes de aquí ya no tienen el mismo espíritu de antes", afirma Miguel Piloto García, un barbero de 22 años que habló con Reuters desde el portal de su casa, a pocos kilómetros del lugar de la invasión estadounidense de ⁠1961. "Queremos mejorar nuestras vidas, pero ahora mismo no tenemos futuro".

RETÓRICA ENCENDIDA

Cuba y Estados Unidos, separados por tan solo 145 kilómetros a ​través del estrecho de Florida, están dialogando, según han declarado ambas partes. Sin embargo, Trump ha insinuado ‌repetidamente la posibilidad de una acción militar contra Cuba, llegando a ‌decir a la prensa en marzo que podría "tomarse" la isla.

"Es decir, la libero, me la tomo. Creo que puedo hacer lo que ⁠quiera con ella", expresó Trump.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, declaró la semana pasada a NBC que Cuba no quiere la guerra. No obstante, advirtió que el país se defendería, en caso de ser atacado, mediante una "guerra irregular" que haría "insostenible" cualquier incursión estadounidense.

La constitución cubana exige que la juventud del país realice el servicio militar obligatorio y el reclutamiento comienza a los 18 años.

El servicio, que suele durar entre uno y dos años, incluye ​entrenamiento con armas de fuego, ‌parte de la doctrina más amplia de la "Guerra de Todo el Pueblo", consagrada en la Ley de Defensa Nacional de Cuba y destacada por Díaz-Canel en la entrevista de la semana pasada.

"Cada hombre o mujer cubano tiene una misión, un propósito, un lugar que defender, y tendrá su propio lugar que ocupar en la defensa", dijo Díaz-Canel. "Así que todo esto se basa en la participación del pueblo, la participación voluntaria".

Cuba ha realizado ejercicios militares a nivel nacional todos los viernes, en los llamados "Día ⁠Nacional de la Defensa", desde que Estados Unidos invadió Venezuela a principios de enero y depuso al expresidente Nicolás Maduro.

El entrenamiento, que a menudo se transmite en los noticieros diarios de la televisión cubana, muestra a hombres y mujeres en entornos urbanos y rurales, apuntando con fusiles, conduciendo tanques de la era soviética, pilotando drones y lanzando granadas.

A pesar de su creciente visibilidad, el ejército cubano sigue siendo una incógnita para gran parte del mundo exterior, sin rendición de cuentas pública sobre su preparación, financiación, armamento o capacidad.

En un país sin encuestas de opinión pública, sigue siendo difícil medir el apoyo a las fuerzas armadas.

IDEALES CAMBIANTES

La retórica tanto de Washington como de La Habana tarda en llegar a Bahía de Cochinos, una remota región rodeada por la Ciénaga de Zapata ‌que ahora sufre 22 horas de apagones diarios. Los residentes han aprendido a vivir prácticamente sin transporte público ni comunicaciones modernas a través de teléfonos celulares e internet.

Yudel Ramos, de 30 años, joven pescador y cazador de cangrejos, está demasiado ocupado ganándose la vida como para preocuparse por la guerra. Dice que su salario ni siquiera le alcanza para comprar un saco de carbón, así que pasa el tiempo buscando leña.

"Si llegara el momento de dar mi vida por Cuba, lo haría, pero a veces no sé qué pensar", declaró a Reuters frente a su casa en Pálpite. "Estamos atravesando un momento ‌muy difícil".

La emigración también ha mermado las filas de posibles reclutas militares.

Entre 2020 y 2024, el país registró una disminución de población de más de 1,4 millones de personas, más del 10% de su población, debido en gran parte a la emigración en la que predominan los jóvenes de entre 18 y 30 ‌años, según datos recientes de la ⁠ONEI, la agencia estadística cubana.

El cambio en Cuba entristece a Jesús Bernardino Alonso, de 87 años, uno de los pocos veteranos de Bahía de Cochinos que aún viven en Pálpite, un pueblo cuya entrada está adornada con un letrero ​que conmemora la derrota de los invasores entrenados por Estados Unidos.

Recuerda cómo todo el pueblo se unió en respuesta a la invasión hace 65 años.

"Es cierto que los tiempos han cambiado, y los jóvenes de hoy... algunos no comparten los mismos ideales", dijo Alonso. "Pero aún somos muchos los que defendemos esto, aunque sabemos que nos enfrentamos a una superpotencia".

Con información de Reuters