“Somos mujeres pariendo una ley; vamos a hacer que nazca”, pronunció la actriz Dolores Fonzi durante su exposición en la Cámara de Diputados a favor de la legalización del aborto. Mientras decía esas palabras, asomaban algunas lágrimas de actrices, comunicadoras y diputadas que presenciaban el debate. La jornada de ayer es la prueba de ese camino que recién empieza.

El resultado de la votación era anunciado: 38 votos en contra, 31 a favor y 2 abstenciones. En la Cámara Alta, los detractores de la interrupción voluntaria del embarazo mostraron una organización uniforme desde el comienzo, un trabajo similar, pero desde una posición contraria, al de “Las Sororas”, aquellas diputadas de diferentes espacios (Silvia Lospennato, Brenda Austin, Karina Banfi, Lucila De Ponti, Victoria Donda, Araceli Ferreyra, Carla Carizzo, Mayra Mendoza), que acompañadas por Daniel Lipovetzky lograron la media sanción en Diputados.

Al trabajo de los senadores se sumó un aporte constante y minucioso de la presidenta del Senado, Gabriela Michetti, y el presidente provisional, Federico Pinedo. Éste último presentó un proyecto alternativo que instaba al Estado a dar asistencia económica a mujeres que cursaran un embarazo no deseado, para luego dar al bebé en adopción. La presión de la Iglesia Católica sobre las provincias que componen el Senado, sumado a las aspiraciones políticas de futuros candidatos, lograron blindar el proyecto.

El cambio de Cámaras se tradujo en una modificación del tratamiento del proyecto. A la ausencia de medios por la crisis actual, como el caso de la agencia Télam que no pudo cubrir desde adentro tras el despido de 357 trabajadores, se sumaron casos de medios no acreditados como la agencia Paco Urondo, FM La Patriada y Tiempo Argentino, entre otros. El reflejo más claro del clima hostil en la Cámara Alta se dio con el portal Latfem, comandado por las periodistas María Florencia Alcaraz y Agustina Paz Frontera. Después de una detallada y permanente cobertura desde el comienzo del debate, el Senado las declaró "personas no gratas" y no pudieron hacer uso de la acreditación aprobada. La senadora del PJ, Norma Durango, fue una de las pocas que no soltó el cartel que rezaba “Acá falta Télam”.

Sumado a esas complicaciones, la Seguridad del edificio generó un momento de tensión cuando impidió el ingreso de "Las Sororas" al recinto. Si bien lograron entrar alrededor de las 10.20, acompañadas por la dirigente Malena Galmarini, el retorno de las impulsoras de la interrupción voluntaria del embarazo fue vetado.

Aborto Senado Festejos

Con el paso de las horas, no había indicio alguno que pudiera dar vuelta la votación. Desde temprano el indeciso José Alperovich (PJ) anunció su rechazo al proyecto, mientras que el único indeciso que quedaba, Omar Perotti (PJ), terminó confirmando, hacia la noche, su abstención a través de su equipo de prensa.

La poca perspectiva de cambio generó un clima muy disímil al vivido en Diputados, con negociaciones y expectativas hasta el último minuto. La alegría y tranquilidad de los senadores celestes que se paseaban por el Salón de las Provincias ratificaba el resultado. La aparición de Nora Cortiñas, líder de Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, generó un momento de esperanza en el salón. Aunque Michetti le negó el ingreso, su visita al Senado no pasó inadvertida. La referente de derechos humanos retrasó su salida y se sacó fotos con cada uno de los presentes.

La comparación entre lo que sucedió en la calle y adentro del Congreso demuestra que el debate no estuvo a la altura de las circunstancias. Quienes deben representar al pueblo se encerraron en sus creencias personales sin ver lo que estuvo pasando a su alrededor todos estos meses. El rechazo a la legalización de senadores que encabezan áreas ligadas directamente con este debate exponen los problemas conceptuales a la hora de tratar el aborto. Se trata de Silvina García Larraburu, presidenta de la Comisión de Ciencia y Tecnología, Mario Fiad, presidente de la Comisión de Salud, e Inés Blas, presidenta de la Banca de la Mujer, quien puso a disposición su renuncia.

Al ser un proyecto que obtuvo media sanción en Diputados, resulta inadmisible que muchos argumentos plantearan dudas sobre el presupuesto, la constitucionalidad, los alcances de la legislación actual y hasta apreciaciones sobre casos de violación, como el del senador justicialista Rodolfo Urtubey que afirmó que "hay casos donde la violación no tiene la configuración clásica de la violencia sobre la mujer". Insistir en ejes ya discutidos expone el poco compromiso asumido sobre un debate que comenzó el 10 de abril.

Marcha aborto

Mientras dentro del Senado se trabajaba sobre la esperanza de cambiar la posición de aquellos senadores que comenzaron el debate en una postura indecisa, la lluvia y el frío no lograban desinflar la fiesta en la calle. Según la organización de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito un millón y medio de personas reclamaron por la ampliación de derechos de las mujeres.

Hay senadores que sí asumieron el compromiso de representar a sus electores. Las exposiciones de legisladores de distintos espacios políticos como Nancy González, María Sacnun, Anabel Fernández Sagast y Marcelo Fuentes (FPV), Beatriz Mirkin y Miguel Ángel Pichetto (PJ), Gladys González (PRO), Alfredo Luenzo (Chubut Somos Todos) y Fernando “Pino” Solanas (Proyecto Sur), dejan en claro que esta ley va a nacer.

En los discursos de Nancy Gónzalez y Beatriz Mirkin quedaron refutados muchos de los mitos que intentaron señalar senadores como José Mayans, Maurice Closs, Cristina Fiore y Silvia Elías de Pérez. Las legisladoras explicaron que la legalización no obliga a nadie a abortar, que las mujeres no son objetos y alertaron sobre la presión de la Iglesia Católica. “Maternar es político, no puede quedar en un mandato biológico”, definió Gónzalez, al tiempo que Mirkin destacó: "La maternidad será deseada o no será". En la misma línea se manifestó la senadora Sacnun, quien indicó que “si esta ley no sale el aborto se seguirá practicando y el Parlamento será responsable de las muertes que se sigan produciendo en Argentina”.

La senadora de Cambiemos, Gladys Gónzlez, fue la única que se emocionó al manifestar su voto. Su decisión se contrapone con la de su bloque, espacio más reacio a la legalización. Al igual que Cristina Kirchner, la senadora confesó que pudo madurar y cambiar su postura. Al comienzo de su discurso enfatizó que vino a hacerse cargo, y señaló que “el Estado no puede seguir cerrando las puertas del sistema de salud a las mujeres. Es una contradicción mayúscula. No estamos salvando ninguna vida. No podemos esperar un minuto más".

Una de las palabras más esperadas era la de la ex presidenta, Cristina Kirchner. Fue uno de los pocos momentos donde se escuchó un silencio absoluto en la Sala. Anotada en la lista de cierre, la senadora mostró un fuerte cambio de postura en relación a su posición sobre el aborto. “No es fácil abordar un tema de esta naturaleza, pero si es obligación hacerlo a partir de la compresión de que más allá de nuestras creencias, estamos rechazando un proyecto sin proponer nada alternativo”, explicó.

Cristina reconoció la necesidad del conjunto de la población de deconstruir la idea y visión de la sociedad, al punto que señaló que hay que incorporar la cuestión feminista al movimiento nacional y popular. “No quiero ocupar el lugar que cuando los jóvenes se acuerden de mí se refieran a esos que nunca entienden lo que pasa”, agregó. La senadora reveló que no fue su hija Florencia quien la hizo cambiar de posición, sino las miles y miles de chicas que "se volcaron en la calle”.

Las palabras de los senadores Alfredo Luenzo y Pino Solanas hicieron hincapié en algo fundamental: la juventud y la inminente legalización del aborto. “La ley tal vez no salga, pero hemos dado un paso extraordinario. Está la revolución de las chicas. En algún momento vamos a tener ley”, afirmó Luenzo, en alusión al concepto de Revolución de las hijas, incorporado por la periodista Luciana Peker durante este mismo debate.

Por primera vez, el Congreso abrió sus puertas para debatir un problema que esconde una situación de inequidad y de injusticia social que empuja a las mujeres al lúgubre espacio de la clandestinidad. Por primera vez, la palabra aborto dejó de ser tabú y la sociedad tomó conciencia de un problema que debe enmarcarse dentro de la salud pública. Con la legalización del aborto ninguna mujer será obligada a abortar. Con esta decisión, el Senado respalda el aborto clandestino que desde el retorno de la democracia mató a 3030 mujeres. La lucha del movimiento de mujeres y lo que se vivió estos meses en la calle conduce a un solo camino: será ley.

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