En una entrevista en el medio Gelatina, la economista Marina Dal Poggetto trazó un diagnóstico sobre el rumbo económico del Gobierno y puso el foco en un punto que considera central para la continuidad del programa: el frente financiero. “Está intentando cambiar la estructura económica, social y política del país. El principal talón de Aquiles del gobierno es el programa financiero”, afirmó la directora de la consultora EcoGo. La advertencia se da en un contexto en el que, según describió, el Gobierno aún no logró consolidar condiciones que le permitan estabilizar de manera duradera el acceso al crédito.
“Todavía es un programa financiero donde el gobierno no logró comprimir el riesgo país y colocar deuda afuera”, sostuvo. La dificultad para financiarse en los mercados internacionales aparece como una restricción que condiciona el resto de las variables. Dal Poggetto también apuntó a la dinámica fiscal. “El gobierno maneja el programa fiscal en el que la recaudación está cayendo”, explicó. En ese marco, la consistencia del ajuste se enfrenta a un escenario en el que los ingresos tributarios no acompañan, lo que obliga a sostener el equilibrio con menor margen de maniobra.
“El programa sigue a la defensiva, va ganando tiempo, pero si no tenés una transición ordenada en 2027, es muy difícil extender el horizonte del crédito. Eso requiere una lógica política distinta a la cual se viene manejando la Argentina en los últimos años”, advirtió. La referencia introduce una dimensión política en la discusión económica: la necesidad de acuerdos que permitan sostener expectativas más allá del corto plazo.
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¿Dólar atrasado?
Dal Poggetto reconoció que el cambio de régimen era necesario, pero planteó interrogantes sobre la velocidad elegida. “Tenías que cambiar de régimen, el punto es la velocidad del cambio”, indicó. Esa velocidad impacta, según su lectura, en la dinámica del empleo y los ingresos, donde se observan comportamientos heterogéneos.
“Hay una dinámica de los ingresos informales que es un poco contraintuitiva”, señaló. En ese sentido, planteó que la recomposición no es uniforme: “Es probable que la persona que perdió un trabajo formal tenga una mayor productividad que una persona que hace años que está en el trabajo informal”. La afirmación apunta a un fenómeno de desplazamiento en el mercado laboral, con efectos diferenciados según el tipo de inserción.
“Claramente hay crecimientos distintos detrás de los promedios”, afirmó. En esa línea, sostuvo que “los promedios esconden diferencias” entre sectores que evolucionan a distintas velocidades. “El sector que más creció fue el agro. Detrás de eso tuviste la baja de subsidios impactando en el producto, energía y minería que crece muchísimo pero que pesa poco en el producto, e intermediación financiera que creció mucho”, explicó Dal Poggetto. Sin embargo, remarcó que el aporte de algunos de esos sectores sigue siendo limitado en el total de la economía.
En paralelo, otros rubros muestran rezagos. La construcción, que cayó en 2024, tuvo una recuperación parcial en 2025, mientras que la industria “no termina de traccionar”. La heterogeneidad sectorial, según su análisis, es una característica del esquema actual.
Dal Poggetto vinculó estos resultados con los incentivos del programa económico. “El programa está incentivando esto. Por un lado, el RIGI tiene un esquema muy agresivo de baja impositiva, de libre disponibilidad de divisas, que en este mundo particular va a traccionar”, señaló. Aunque ese impulso puede generar crecimiento en sectores específicos, su peso relativo sigue siendo acotado.
Otro de los ejes de su análisis fue el uso del tipo de cambio como herramienta de estabilización. “El dólar se utiliza como ancla porque es la recomposición de precios relativos en un país con problemas de productividad sistémica”, explicó. En ese marco, describió un proceso en el que el tipo de cambio se aprecia en términos reales. “Tenés un dólar que bajó 100 pesos desde el pico electoral y una inflación que en los últimos cuatro meses corre cerca del 3 % mensual”, indicó. Esa combinación, según planteó, genera un atraso cambiario. “Si la inflación bajara del 3% al 2%, todavía tu tipo de cambio se sigue atrasando”, concluyó.
