Del reactor nuclear propio al recurso sin procesar: el costo de desarmar una industria estratégica

Mientras el Gobierno impulsa un modelo basado en la exportación de recursos naturales sin mayor valor agregado, el sistema nuclear pierde presupuesto, proyectos y personal especializado. Qué implica para la economía resignar una de las principales cadenas de valor tecnológico del país.

15 de julio, 2026 | 23.22

Mientras el Gobierno de Javier Milei incentiva la llegada de inversiones para explotar recursos naturales del país, un activo estratégico construido durante más de siete décadas comienza a desarmarse. El sistema nuclear argentino -uno de los pocos complejos científico-tecnológicos de América Latina capaz de diseñar, fabricar y exportar tecnología de alta complejidad- acumula recortes presupuestarios, proyectos paralizados y la salida de cientos de trabajadores altamente especializados.

El contraste resume buena parte del cambio de rumbo económico implementado por la gestión de La Libertad Avanza (LLA) ya que el Estado deja de promover el desarrollo de cadenas de valor intensivas en conocimiento, y la prioridad pasa por acelerar inversiones orientadas a la extracción de recursos naturales. Más que el futuro de un sector específico, la discusión pone sobre la mesa el lugar que la Argentina busca ocupar en la economía mundial: producir tecnología de alta complejidad o limitarse a exportar materias primas.

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Ajuste al sistema nuclear nacional

A lo largo de siete décadas Argentina construyó uno de los pocos complejos científico-tecnológicos de América Latina. Alrededor de organismos como la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), empresas como INVAP y una extensa red de proveedores industriales nacionales se consolidó una cadena de valor que abarca desde la investigación básica hasta la ingeniería, la producción de insumos, la medicina nuclear y el desarrollo de reactores de investigación.

Esa capacidad permitió a nuestro país ocupar un lugar singular en el escenario internacional no sólo por sus centrales nucleares -fue el primer país de la región en poner en funcionamiento una central nuclear de potencia con Atucha I, en 1974- sino por haber diseñado y exportado reactores de investigación, producir radioisótopos para uso médico y formar recursos humanos altamente especializados. 

Además, se trata de una actividad intensiva en conocimiento que genera empleo calificado, impulsa innovación en otros sectores industriales y agrega valor a la economía. El complejo nuclear constituye la contracara de un modelo basado exclusivamente en la extracción y exportación de recursos naturales: mientras uno vende tecnología e incorpora conocimiento a la producción, el otro depende, en mayor medida, de la comercialización de materias primas.

Sin embargo, ese entramado comenzó a mostrar fuertes señales de deterioro durante la actual gestión de Gobierno. Según un informe del Centro de Estudios para el Desarrollo de la Actividad Nuclear (CEDAF), el presupuesto destinado al sector sufrió un fuerte recorte en términos reales: la inversión destinada a infraestructura y equipamiento disminuyó más del 53%, mientras que la masa salarial perdió alrededor del 42% de su valor real. A la par que proyectos estratégicos como el reactor modular CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares) y el reactor multipropósito RA-10 acumulan demoras e incertidumbre.

A esto se suma la desvinculación de cientos de trabajadores especializados y la paralización de obras e iniciativas consideradas estratégicas para el desarrollo científico y tecnológico del país. En detalle, desde diciembre de 2023, el sistema nuclear argentino perdió cerca de mil trabajadores especializados. Solo en la CNEA hubo 571 despidos. A ello se suman 306 desvinculaciones en Nucleoeléctrica Argentina, 37 en la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) y 31 en Dioxitek, entre otros organismos vinculados al sector.

Actualmente, Argentina cuenta con tres centrales nucleares operativas: Atucha I, Atucha II y Embalse que, mediante gestión estatal, son determinantes para el control tarifario energético aportando entre 5 y 8% de la electricidad argentina. Sin embargo, en septiembre del año pasado, el Gobierno de La Libertad Avanza (LLA) anunció que avanzaría con la privatización parcial de Nucleoeléctrica Argentina, la empresa que se encarga de administrar las centrales nucleares, ello pese a que presentó resultados económicos positivos de manera sostenida desde hace más de 7 años, y con superávit en los últimos años

Para los especialistas del CEDAF, el impacto de este proceso excede el ajuste presupuestario de un organismo. La preocupación radica en el riesgo de desarticular capacidades que demandaron décadas de inversión pública y de articulación entre el Estado, el sistema científico y la industria nacional. A diferencia de otros sectores, donde la recuperación puede depender principalmente de la inversión, reconstruir equipos de investigación, formar profesionales y volver a poner en marcha proyectos tecnológicos complejos requiere tiempos mucho más largos y un compromiso sostenido que difícilmente pueda revertirse en el corto plazo.

A contramano del mundo

En paralelo al desguace en el sector nuclear argentino, el Gobierno Nacional anunció una inversión en Atucha para construir un reactor modular bajo el marco del Super RIGI, es decir, la última versión del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones que otorga cuantiosos beneficios a las empresas. 

La empresa que llevaría a cabo dicha inversión es Meiter Energy, conformada mayormente por capitales estadounidenses del Grupo Ansari, magnate que participó en los cimientos de SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk. “Capacidades argentinas, ganancias extranjeras”, subrayaron desde el centro de estudios.

De hecho, la decisión del oficialismo va a contramano del mundo. El propio Estados Unidos impulsa programas multimillonarios para el desarrollo de reactores modulares pequeños, con fuerte financiamiento público y participación del Departamento de Energía, China acelera la construcción de nuevas centrales y desarrolla tecnologías propias, a la vez que la matriz energética de Francia continúa siendo la energía nuclear, y Corea del Sur busca expandir sus exportaciones de reactores.

“Cada proyecto paralizado implica retrasar desarrollos que difícilmente puedan recuperarse en el corto plazo. Cada generación que deja de formarse reduce las posibilidades de sostener una política científica autónoma”, agregaron los especialistas del CEDAF y evaluaron que, más allá de lo presupuestario, “la discusión pasa por definir si Argentina seguirá considerando al conocimiento como un recurso estratégico para su desarrollo o si resignará capacidades que demandaron más de setenta años de construcción institucional”.

En definitiva, mientras el RIGI busca atraer inversiones para explotar recursos naturales destinados principalmente a la exportación, el retroceso del sistema nuclear implica resignar uno de los pocos complejos industriales capaces de generar tecnología propia, integrar proveedores locales y exportar conocimiento de alto valor agregado. En otras palabras, el contraste no es sólo entre dos sectores económicos, sino entre dos formas de integrarse a la economía mundial y desarrollar la actividad local.