El discurso oficial marca que Argentina sufre solo moderadamente el impacto de la guerra en Medio Oriente gracias a haberse vuelto un exportador neto de petróleo en los últimos años. Pero esto es solo parte de la película. En paralelo, el país sufre por la suba del precio del gas, especialmente de cara a la necesidad de importarlo durante el invierno.
Está claro que Vaca Muerta cambió radicalmente el perfil energético local. Tras décadas de déficit energético, en 2024 Argentina logró convertirse en exportadora neta de petróleo, y en 2025 logró tener un superávit energético récord de 7.815 millones de dólares.
Esto, festeja el Gobierno y destacan organismos como el FMI, le permite el país absorber positivamente la suba del barril de Brent, que aumentó un 30% desde el inicio de la guerra contra Irán, gracias a aumentar considerablemente el ingreso de divisas.
Sin embargo, afirmar que la macroeconomía doméstica no padece el efecto del conflicto bélico es faltar a la verdad. No solo porque, como admitió el propio Luis Caputo, buena parte del pico del 3,4% de inflación en marzo se debió a la suba de los combustibles.
El impacto de la importación de gas en invierno
Además, lo cierto es que Argentina sí sufre en términos netos el otro gran impacto directo de la guerra: la suba del gas, dado los continuos shocks en el GNL en lo que va del año, que lo mantienen entre un 20% y un 35% más alto que en el invierno pasado.
Hay varios motivos que explican esta situación. Para empezar, hay que aclarar que Argentina es exportadora de gas, gracias a los gasoductos que permiten llevar este insumo a Bolivia (tras la reversión del Gasoducto Norte en 2024), Brasil, Chile y Uruguay.
Pero el problema, justamente, es que solo lo hace a países limítrofes (a través de los diversos gasoductos). Esto quiere decir que las ventas de gas al exterior son mucho menores que las de petróleo.
En concreto, entre enero de 2025 y febrero de 2026, las exportaciones de petróleo sumaron 11.899 millones de dólares, pero las de gas solo alcanzaron 764 millones de dólares, según la estimación elaborada por Nicolás Taiariol, economista y consultor independiente experto en oil & gas. Es decir, el mercado del gas generó unas 15 veces menos divisas en el período previo al estallido de la guerra.
Hasta ahí, la suba del gas podría generar un impacto positivo para Argentina, aunque fuera bastante menor que el del petróleo. Pero la ecuación se da vuelta cuando se tiene en cuenta la otra gran cuestión: la necesidad de importar gas durante el invierno por la mayor demanda doméstica.
La estimación de Taiariol es que en el invierno de 2026 el país tendrá que importar 20 barcos de GNL, por un total de 1.210 millones de dólares. Para Martín Bronstein, investigador de la consultora energética CEEPyS, el costo será de "al menos 1.000 millones de dólares".
En otras palabras, las proyecciones pueden variar, pero en cualquier caso borran toda la ganancia generada por la exportación de gas durante todo el año, especialmente en 2026 producto de la guerra. Dado que en 2025 la importación de GNL en invierno le había costado a Argentina unos 500 millones de dólares, el conflicto bélico genera un sobrecosto de entre 500 y 600 millones de dólares en materia de gas para el país, advirtió Bronstein a El Destape.
Más aún, agregó el investigador de CEEPyS, "depender de importaciones de GNL puede compensar la ganacia de divisas producto del aumento del precio del crudo. Dado un incremento de divisas de aproximadamente 300 millones de dólares mensuales por el aumento (del petróleo), la importación de gas te comió cuatro meses de esa ganancia".
La obra pública congelada
Desde una perspectiva más amplia, todo este impacto negativo surge de la falta de infraestructura necesaria en Argentina para exportar gas en mayores cantidades, incluyendo a países limítrofes.
"Probablemente, este perjuicio se podría haber evitado si la Argentina, durante 2025, hubiera encarado la conclusión de las obras de reversión del Gasoducto Norte (a Bolivia), que justamente se habían vuelto a lanzar con el gobierno de Milei en noviembre del 2024, pero en las que durante el año pasado se avanzó muy poco", señaló un economista experto en energía, que prefirió hablar en off.
Con esa obra se hubieran agregado entre 11 y 14 millones de metros cúbicos diarios de exportación al gasoducto, aproximadamente un 10% de lo que el país produce por día en materia energética. Dado que el costo de la obra sería de unos 750 millones de dólares, hubiera permitido evitar buena parte el gasto por la importación en invierno este año, agregó el mismo economista.
MÁS INFO
Algo similar ocurre con la falta de finalización del tramo dos del Gasoducto Perito Moreno (ex Gasoducto Néstor Kirchner) hasta San Jerónimo, Santa Fe, recuerda Taiariol, que permitiría abastecer con más volumen a la región pampeana y el norte del país, sustituyendo parte de la necesidad de importación actual.
Al mismo tiempo, Argentina todavía no cuenta con la infraestructura para exportar gas vía ultramar, un proyecto que se demoró luego de que la malaya Petronas finalmente resolviera no sumarse a la construcción de una planta de GNL en la costa atlántica impulsada por YPF, poco después de que el Gobierno resolviera mover la iniciativa de la provincia de Buenos Aires a Río Negro.
Ahora, de todos modos, la guerra podría acelerar el proyecto Argentina LNG de YPF (que promueve la instalación de dos barcos de licuefacción de gas frente a la costa rionegrina), admitió el CEO y presidente de la petrolera de bandera, Horacio Marín.
Como sea, el perjuicio de la parálisis de obras públicas clave, parte de una política explícita del gobierno de Milei desde su inicio, es doble. El país no solo pierde la oportunidad de obtener dólares, sino que, precisó Taiariol, debe pagar el gas importado unos 26,9 dólares por MMBtu, contra solo 3,55 dólares por MMBtu que cuesta el gas a nivel local, unas siete veces y media más.
"La evidencia presentada sugiere que el país enfrenta una disyuntiva clara. Por un lado, continuar importando GNL a precios internacionales volátiles, con un sobrecosto geopolítico estimado en 1.200 millones de dólares. Por el otro, avanzar en la infraestructura pendiente, cuya inversión se amortiza en menos de dos años y que, además, liberaría gas local para exportar", resumió Taiariol.
