De acuerdo con el último informe de la agencia calificador de riesgo Moody’s sobre el sistema financiero argentino, los niveles de morosidad seguirán empeorando durante la primera mitad del año. La calificadora advirtió que este deterioro ya se refleja tanto en el aumento de los créditos en mora como en mayores cargos por incobrabilidad, lo que impacta negativamente en la rentabilidad del sector en un contexto de competencia creciente.
A fines de 2025, la morosidad del crédito al sector privado trepó al 5,5%, su valor más alto desde julio de 2021. Este incremento estuvo impulsado principalmente por los hogares, cuya tasa de incumplimiento alcanzó el 9,3%, mientras que en el caso de las empresas se ubicó en el 2,5%. Según Moody’s, este fenómeno se dio en un escenario macroeconómico volátil, atravesado por tasas de interés elevadas —tanto nominales como reales— que encarecieron el financiamiento.
Salarios y deuda
Uno de los factores clave detrás de esta dinámica fue el aumento de la relación entre deuda y salarios. La calificadora señaló que este indicador, sumado a la caída del poder adquisitivo, redujo la capacidad de pago de las familias. A esto se agregó el proceso de desinflación, que disminuyó el efecto “licuador” de la inflación sobre las cuotas, incrementando así el peso real de las deudas. También influyó una recuperación económica desigual, con sectores como la industria, el comercio y la construcción rezagados frente a actividades primarias y de servicios.
El crecimiento del crédito al sector privado también amplió la base de deudores, incorporando perfiles con mayor riesgo. Durante buena parte de 2025, los bancos operaron con amplios márgenes entre tasas activas y pasivas, lo que incentivó la expansión del crédito pese al deterioro en la calidad de las carteras. Sin embargo, en la segunda mitad del año se endurecieron las condiciones: se aplicaron criterios más estrictos para otorgar préstamos y se dificultó el acceso a refinanciaciones, lo que profundizó el deterioro.
En este contexto, la rentabilidad del sistema financiero se vio presionada. Moody’s destacó que el incremento de los cargos por incobrabilidad —que llegaron al 3,4% del activo neto en diciembre— continuará afectando los resultados. En comparación con años anteriores, las ganancias del sector muestran una mayor compresión, reflejando un entorno más desafiante.
Desde 2024, además, se produjo un cambio en la estructura de ingresos del sistema, con una migración del crédito desde el sector público al privado. Esto redujo el peso de los rendimientos por títulos y aumentó la dependencia de la intermediación financiera, elevando la exposición al riesgo crediticio y la competencia entre entidades. Según Moody’s, en un escenario de mayor estabilidad macroeconómica, los márgenes tenderán a moderarse, aunque podrían compensarse con mejoras en la calidad de los activos, eficiencia operativa y mayor volumen de negocios.
El informe también advirtió sobre los riesgos asociados a los préstamos en moneda extranjera. Una eventual flexibilización para otorgar crédito en dólares a sectores que no generan divisas podría incrementar significativamente el riesgo, debido a descalces cambiarios. No obstante, el impacto de la flexibilización aplicada en 2025 fue limitado: hacia octubre, estos créditos representaban apenas el 1,6% del total en moneda extranjera.
En materia de financiamiento, Moody’s prevé que los desafíos estructurales persistirán, aunque atenuados por altos niveles de liquidez. Los depósitos continúan siendo la principal fuente de fondeo, con el 64,8% del total a diciembre de 2025, aunque su crecimiento se desaceleró tras episodios de volatilidad. La elevada participación de depósitos de personas físicas, caracterizados por su estabilidad y bajo costo, es vista como un punto a favor.
Sin embargo, la creciente relevancia de los fondos comunes de inversión, especialmente los de tipo money market, introduce nuevas tensiones por su mayor volatilidad y concentración. A esto se suma la fuerte dependencia de depósitos de corto plazo: durante 2025, el 85,1% tenía vencimientos inferiores a 30 días. Si bien se registraron avances en la extensión de plazos, el acceso a financiamiento de largo plazo sigue siendo limitado y dependerá, en parte, del desarrollo de inversores institucionales como aseguradoras y fondos de pensión.
Por último, la calificadora consideró que los niveles actuales de capital no representan un obstáculo para el crecimiento del crédito en el corto plazo. Además, destacó el rol de las previsiones como amortiguador frente al deterioro de la cartera. A diciembre de 2025, estas cubrían el 93,7% de los préstamos en situación irregular. Aunque este ratio mostró una leve baja, se explicó por la materialización de riesgos ya previstos y no por un relajamiento en las políticas. En términos absolutos, las previsiones crecieron con fuerza, pasando del 2,6% al 5,1% del total de préstamos en el último año.
