La Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar continúan perdiendo terreno frente al costo de vida y ya no alcanzan a cubrir ni un tercio de la canasta total (alimentos y servicios básicos). El deterioro es marcado incluso en el corto plazo: para un hogar tipo (dos adultos y dos adolescentes) la cobertura de la canasta alimentaria cayó del 71% en noviembre de 2024 al 39% en febrero de este año. Si se amplía la mirada a la canasta total, la caída también es fuerte: pasó del 31% al 18% en el mismo período. Es decir, en pocos meses, la asistencia estatal perdió una parte sustancial de su capacidad de sostén.
Además, la pérdida de poder de compra es aún mayor a la que muestran los datos oficiales. Así lo advirtió un informe presentado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina desde donde aseguraron que, si se utilizan canastas más actualizadas (gastos de los hogares relevados en 2017/2018 en lugar de los de 2004/2005 que toma la medición oficial) que reflejen de manera más precisa los patrones de consumo familiar, el costo de vida actual resulta entre un 40% y un 55% más alto. En ese escenario, la cobertura de la AUH y la Tarjeta Alimentar caería, incluso, entre 6 y 10 puntos porcentuales adicionales.
El resultado es un descalce creciente entre ingresos y gastos básicos, en un escenario de fuerte presión sobre los hogares. A su vez, ese deterioro de las economías domésticas tiene una contracara clara: un endeudamiento en niveles récord (9 de cada 10 hogares tiene deudas) que evidencia que el crédito dejó de funcionar como una herramienta para mejorar el consumo y pasó a ser un recurso para sostener la vida cotidiana (el 61% del uso de tarjetas de crédito se destina a la compra de alimentos). De este modo, cuando endeudarse se vuelve la condición para cubrir alimentos y gastos esenciales, el problema deja de ser financiero y pasa a ser estructural.
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La AUH cubre cada vez menos
Hace menos de un mes el presidente Javier Milei aseguraba en la apertura de sesiones del Congreso: “La Asignación Universal por Hijo (AUH) aumentó en un 492,9% respecto al valor heredado en 2023”. Sin embargo, lo que no explicó es que ese dato corresponde a la variación nominal (sin considerar el efecto de la inflación) y que, por el contrario, el derrotero de los últimos meses muestra una pérdida sostenida del poder de compra de este ingreso.
En concreto, tras la mejora observada en 2024, en el escenario actual estas transferencias cubren cada vez menos las necesidades básicas de los hogares y, no es menor, la contracción es mayor si se compara con una canasta de consumo actualizada según la estructura de gasto de los hogares (ENGHo 2017/18).
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La AUH fue creada en el 2009 como un programa de transferencias de ingresos destinado a las familias con niños/as y adolescentes sin trabajo, que se desempeñan en el sector informal o que son trabajadores del servicio doméstico. Por su parte, la Tarjeta Alimentar (TA) funciona como un complemento de ingresos para familias perceptoras de la AUH con niños/as de hasta 17 años.
¿Cuánto cubren realmente estos ingresos en la actualidad? Para dimensionar el impacto económico real hay que contrastarlos con el valor de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT). “En 2024, los aumentos extraordinarios en los montos otorgados por la AUH y la TA, junto con la nueva fórmula de actualización de la primera aplicada a partir de abril y la extensión de la cobertura de la segunda a partir de octubre, permitieron que los porcentajes bajo análisis se estabilizaran hacia el tercer y cuarto trimestre en valores históricamente altos” señaló un documento realizaron por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (OSA) de la UCA. Sin embargo, el derrotero fue a la baja en 2025 y en el comienzo de este año “tanto la AUH y como la Tarjeta Alimentar pierden cobertura contra el costo de vida”, precisaron.
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Sobre ello, en febrero la variación intermensual de la CBA fue de 3,2% y la de la CBT de 2,7%, en tanto que el Índice de Precios al Consumidor (IPC-INDEC) aumentó 2,9%, se trató del quinto mes consecutivo en el que la Canasta alimentaria aumentó más que la inflación.
En concreto, si se toma de referencia la CBA para un hogar tipo A (hogar de 2 adultos y 2 adolescentes) se observa que en noviembre de 2024 ambas transferencias de ingresos cubrían el 71% de esa canasta, en tanto que en febrero esos porcentajes descienden significativamente: apenas alcanzaron el 39% de los gastos básicos de alimentación. Al considerar la Canasta Básica Total (que incluye otros servicios básicos para la subsistencia), la AUH y la TA cubrieron el mes pasado el 18% de dicha canasta en un hogar tipo A, cuando en noviembre de 2024 llegaban al 31,0%.
La situación se repite si se contrasta con hogares conformados por dos adultos y dos niños ya que la cobertura de la CBA cae del 52% al 45% y en la CBT del 23% al 21%, y aquellos constituidos por dos adultos y tres niños (en la canasta alimenticia pasa del 67,0% al 61,7% y en la que considera servicios del 30,1% al 28,4%).
A su vez, esos porcentajes que ya ponen sobre la mesa el golpe al poder de compra de estas transferencias sociales, cambian radicalmente según qué canasta se usa como referencia. El informe realizado por Fernando Gallegos Piderit y Alejo Giannecchini comparó los montos con una canasta total alternativa. Al respecto, “la CBT oficial no toma en cuenta los cambios en los patrones de gasto de los hogares que ha habido en las últimas décadas. Utilizando una CBT alternativa que atenúa este defecto, se observa una menor cobertura de los programas sobre la Canasta Básica Total y una reducción del impacto económico de las mejoras ocurridas en la AUH y TA durante el año 2024”, alertaron.
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Para un análisis más realista, los investigadores decidieron incorporar a la medición una canasta que considera patrones de consumo de los hogares relevados en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (EnGHo 2017/18) que el gobierno de La Libertad Avanza (LLA), luego de idas y vueltas, postergó para la medición de la inflación. De esta manera, “el costo de vida sería entre un 40% y un 55% más caro, y la cobertura de los programas sería hasta un tercio menor”, explicaron.
Considerando que las canastas oficiales toman consumos de 20 años de atraso (encuesta de gastos de los hogares de 2004/200), y no reflejan fielmente los hábitos de los hogares y el costo real de vida hoy, “cuando se aplica una medición más actualizada de los gastos del hogar, la cobertura cae entre 6 y 10 puntos porcentuales adicionales”, detallaron desde el ODSA. En otras palabras, esto evidencia que, “aunque las transferencias cumplan un rol clave como sostén en los ingresos, siguen siendo insuficientes para cubrir el costo de vida de los hogares pobres”. En esa línea, el documento al que accedió este medio alertó que “el deterioro en los últimos años fue severo”.
Deuda para cubrir alimentos
El fenómeno de endeudamiento ha dejado de ser coyuntural para consolidarse como un proceso estructural en nuestro país. Así lo reflejan diferentes relevamientos que dan cuenta de la alarmante situación de las familias argentinas.
En detalle, el 91,7% de los hogares está endeudado y la dinámica actual evidencia un claro proceso de sobre endeudamiento, esto es, crece la cantidad de hogares con más de tres deudas acumuladas (23,5% en 2026 frente a 12% en 2025 y 8% en 2024), mientras se reduce fuertemente el segmento con una sola obligación (14,7% en 2026 frente a 23% y 35% en los dos años anteriores). “Este fenómeno refleja una fragmentación del financiamiento que incrementa la fragilidad de la economía de los hogares”, indicaron desde el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE).
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Según el relevamiento que realizaron en las 24 jurisdicciones del país entre el 25 de febrero y el 16 de marzo de este año, “el deterioro en la calidad de la deuda es aún más contundente”. Las deudas impagas alcanzan el 81,8% (contra 76% en 2025 y 63% en 2024), mientras que las instancias judiciales crecen al 34,5% (versus el 28% en 2025 y 22,2% en 2024), reduciéndose las deudas en situación regular al 18,25%. Esto indica una pérdida generalizada de la capacidad de pago.
En paralelo, se intensificó la presión sobre los ingresos. El 38% de los hogares destina más del 50% de sus ingresos mensuales al pago de deudas (28% en 2025 y 18% en 2024), consolidando una situación de vulnerabilidad financiera severa. El crédito, además, cambia su función ya que el 61% del uso de tarjetas de crédito se destina a la compra de alimentos (58% en 2025 y 54% en 2024), evidenciando que el financiamiento ya no impulsa el consumo, ni mejora el bienestar, sino que cubre necesidades básicas esenciales.
“La caída de deudas vinculadas a educación, salud y servicios refleja una salida forzada de estos sistemas, en particular de la clase media, mientras que la disminución de préstamos familiares evidencia un agotamiento de esa red informal de apoyo”, analizaron los especialistas. Y destacaron que “la deuda, deja de ser un fenómeno transitorio y pasa a organizar la vida cotidiana, ya que los hogares priorizan lo urgente sobre lo importante, resignan consumos estructurales y operan en un esquema de supervivencia permanente”.
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Asimismo, destacaron el aumento de embargos (16,8% en 2026 frente a 15% en 2025 y 11% en 2024) y la judicialización creciente, como reflejos de que “el endeudamiento se ha convertido en un problema público”. Por último, mencionaron que “se observa una creciente percepción de imposibilidad de salida”. El 37% de los hogares considera que no podrá saldar sus deudas (contra 24% en 2025 y 18% en 2024), mientras que el 19% no logra siquiera proyectar su situación financiera.
El escenario anticipa un agravamiento de la morosidad, una mayor carga de deuda sobre ingresos, expansión del crédito informal y aumento de embargos, "con riesgo de normalización del incumplimiento como conducta económica". En este marco, la conclusión es clara y contundente, “Argentina no enfrenta únicamente un problema de endeudamiento, sino un proceso avanzado de insolvencia estructural de los hogares”, alertaron.
