Tras 32 años de ausencias y frustraciones, la Selección de Bolivia se encuentra a solo 90 minutos de clasificar a la Copa del Mundo 2026. Con una apuesta radical por la juventud y un cambio de mentalidad sin precedentes, el conjunto del Altiplano se prepara para la final del repechaje ante Irak.
El fútbol boliviano vive días de una intensidad que no sentía desde 1994. Lo que comenzó como una eliminatoria sombría bajo el mando de Gustavo Costas, donde el equipo parecía condenado al fondo de la tabla, se ha transformado en una gesta heroica que tiene a todo un país —y a la enorme comunidad boliviana en el exterior— con el corazón en un hilo.
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El "Volantazo" de Óscar Villegas
La clave del renacimiento boliviano tiene nombre y apellido: Óscar Villegas. El técnico, conocido por su vasta experiencia en la formación de juveniles, tomó las riendas tras el fracaso en la Copa América y decidió que la única forma de avanzar era romper con el pasado. Villegas no solo trasladó la localía a los 4.150 metros de El Alto, convirtiendo el estadio de Villa Ingenio en una fortaleza inexpugnable donde cayeron potencias como Colombia y Brasil, sino que también ejecutó un recambio generacional abrupto. Con figuras como Miguel Terceros ("Miguelito") de 20 años y Moisés Paniagua, la "Verde" hoy presume un promedio de edad que desafía la lógica de las eliminatorias sudamericanas.
Más que Altura, Mentalidad
A diferencia de otros procesos donde la altitud era el único argumento, esta Bolivia ha demostrado una templanza mental atípica. El periodista Roberto Acosta, en diálogo con El Destape Deportes, destaca que "estos chicos se la creen". La prueba de fuego fue la victoria en Chile tras tres décadas de sequía y la reciente remontada ante Surinam, demostrando que el equipo sabe sufrir y reaccionar fuera de su ecosistema natural.
"Probablemente nunca pensé que podíamos lograrlo tan rápido, el estar acá luchando el Mundial es mérito de todos los que creyeron", confesó un Villegas visiblemente emocionado durante la última conferencia de prensa.
La cita con el destino
El partido contra Irak en Monterrey no es solo un encuentro de fútbol; es la culminación de un proceso de búsqueda de identidad. Bolivia ha comenzado a mirar hacia su diáspora y a fortalecer sus academias, entendiendo que el talento está, pero necesitaba una estructura que lo respaldara. Si el martes los resultados acompañan, las calles de La Paz, Santa Cruz y hasta Buenos Aires se teñirán de verde para celebrar el regreso de una selección que, cuando parecía descartada, decidió apostar por sus jóvenes para volver a pertenecer a la élite del fútbol mundial.
