La tarde en el Monumental fue completa para Boca. El triunfo por 1-0 ante River, con gol de Leandro Paredes, no solo significó tres puntos de peso sino también un nuevo golpe en el Superclásico. En ese contexto, todas las miradas se posaron sobre Juan Román Riquelme, que vivió el partido desde un palco y bajó al vestuario visitante para celebrar junto al plantel una victoria que tuvo sabor especial.
Su presencia ya había llamado la atención en la previa, pero fue tras el pitazo final cuando se mostró en su versión más pasional. Lejos del perfil dirigencial, Román se mezcló con los jugadores, repartió abrazos y participó del festejo como un hincha más. El desahogo fue evidente: Boca había vuelto a imponerse en cancha de River y sumaba otro capítulo favorable en una rivalidad siempre caliente.
Sin embargo, el momento más fuerte llegó después. Cuando abandonaba el estadio, Riquelme atravesó la zona mixta sin detenerse ante los micrófonos. No hubo análisis, ni respuestas, ni declaraciones extensas. Solo una frase, lanzada casi al pasar, pero con la precisión de alguien que sabe exactamente qué decir y cuándo decirlo: “Ganamos dos Superclásicos en seis meses”.
La sentencia no fue casual. En apenas unas palabras, el presidente xeneize marcó territorio, reforzó el presente de su equipo y dejó un mensaje directo hacia el otro lado. No hizo falta más. La ausencia de diálogo con la prensa potenció aún más el impacto de la frase, que rápidamente se replicó como la síntesis de la noche.
El dato, además, lo respalda. Desde que asumió como máximo dirigente, Riquelme consiguió su primer triunfo en el Monumental y ahora ostenta un historial favorable frente a River: tres victorias, un empate y dos derrotas. Números que, en un contexto de alta exigencia, le permiten sostener su discurso con resultados.
El triunfo también reafirma el momento de Boca en los cruces directos, donde supo imponerse en partidos clave. Y en ese escenario, la figura de Riquelme vuelve a ganar centralidad, no solo por su rol institucional sino por su manera de comunicar: pocas palabras, alto impacto.
Mientras el plantel celebraba en el vestuario y los hinchas festejaban otro golpe en terreno rival, Román eligió no detenerse. No hizo falta. Con una sola frase, dejó en claro que para él el Superclásico no se juega solo en la cancha, sino también en el terreno simbólico. Y esta vez, también ahí, Boca volvió a ganar.
