Sami Khedira sabe lo que significa llevar más de una bandera en el corazón, y por eso el ganador del Mundial de 2014 con Alemania no ve ninguna crisis de identidad en que hermanos vistan camisetas diferentes en el torneo de 2026.
Para Khedira, cuyo hermano Rani participa en el Mundial con Túnez, el país de su padre, el hecho de que hermanos jueguen con selecciones diferentes es un reflejo de las familias, la migración y el sentido de pertenencia en un mundo en el que la identidad rara vez cabe en un solo pasaporte.
"No lo veo como un problema", dijo Khedira a La Gazzetta dello Sport el lunes en el museo Home of Football de Nueva York. "Lo veo como un mundo moderno y global en el que todos nos unimos. Y para mí, desde mi visión del mundo, es maravilloso".
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Nacido y criado en Alemania, de madre alemana y padre tunecino, Khedira dijo que él y Rani conviven con dos culturas de forma natural, sin que una compita con la otra.
Agregó que a veces la gente cuestionaba su identidad alemana debido a su nombre y su aspecto, mientras que en Túnez se le podía considerar alemán. Su respuesta fue sencilla: ambas cosas pueden ser ciertas.
"Llevamos a ambos países en el corazón", dijo. "Y también ambas mentalidades. Y eso es lo que nos hace especiales".
En este Mundial participan ocho parejas de hermanos: cuatro juegan juntos y cuatro representan a países diferentes.
Iñaki y Nico Williams son compañeros en el Athletic de Bilbao, pero han seguido caminos internacionales distintos, con Ghana y España respectivamente, mientras que Guela y Desiré Doué están divididos entre Costa de Marfil y Francia.
También están los casos de Derrick Luckassen y Brian Brobbey, hermanos por parte de madre pero que juegan con los apellidos de sus padres para Ghana y los Países Bajos, respectivamente, y Harry y John Souttar, divididos entre Australia y Escocia.
Por otra parte, Theo y Lucas Hernández juegan con Francia; Jurrien y Quinten Timber, con los Países Bajos; Laros y Deroy Duarte, con Cabo Verde; y Leandro y Juninho Bacuna, con Curazao.
TIRÓN EMOCIONAL
El tirón emocional de la nacionalidad quedó claro para Khedira cuando vio a los hermanos Doué cantar ambos himnos antes de que Francia y Costa de Marfil se enfrentaran en un amistoso a principios de este mes.
Khedira dijo que esa imagen se le quedó grabada porque captaba la capacidad del fútbol para transmitir algo más importante que el propio partido.
"¿No es precioso?", dijo. "Es multicultural, y es un mensaje contundente para el mundo, porque el fútbol tiene un gran poder".
Khedira señaló que la ampliación del Mundial a 48 selecciones también había ayudado a países como Cabo Verde, Curazao y Haití a demostrar que podían competir, mientras que las selecciones africanas y asiáticas estaban acortando distancias con respecto a Europa y Sudamérica.
Destacó la mejora de la educación, el entrenamiento y la infraestructura, aunque señaló que Europa seguía teniendo el deber de contribuir al desarrollo en el lugar de origen, en lugar de limitarse a beneficiarse de los jugadores con doble nacionalidad.
Lo más difícil, añadió, recae en los jóvenes jugadores a los que cortejan múltiples federaciones antes de que comprendan plenamente lo que implican tales decisiones. Para Khedira, la respuesta correcta no puede venir impuesta únicamente por la política, la presión o el origen.
"Se trata de una corazonada", dijo. "No importa dónde hayas nacido. Es simplemente un sentimiento interior el que te impulsa a tomar una decisión tan importante y personal, pero supone una presión inmensa para niños de tan corta edad, y eso es realmente, realmente difícil".
Con información de Reuters
