La historia de Juan Giudici se asemeja a muchas de las de los peleadores que se ganan la vida arriba de un cuadrilátero o un octógono, pero pocos se destacan como él lo hace en Tailandia. Aquel joven que comenzó con las artes marciales en nuestro país antes de los 14 se formó a lo largo de 20 años para cumplir sus sueños, los cuales alcanzó y hoy lo cuenta feliz. El "Titán" viaja constantemente y disfruta de este modelo de vida que lo mantiene alejado de la familia -aunque lo sufre-, pero nunca de su máxima pasión, el deporte que lo enamoró cuando puso un pie en el continente asiático.
Las diferencias con colegas de otras disciplinas de contacto no son abismales en cuanto a lo económico y es uno de los motivos por los que no deja de trasladarse a tierras tailandesas. Igualmente, no es la principal razón ya que realmente vive de lo que ama y tiene una historia detrás que es digna de una película de Hollywood. Sus inicios, una dolorosa pérdida que marcó un antes y un después en su carrera, sumado a la lejanía y la fortaleza mental para sobrevivir ante todo, Giudici vive un presente poco convencional para un deportista de alto rendimiento y El Destape dialogó con él acerca de su extenso recorrido.
Los primeros pasos del "Titán" en el deporte se dieron gracias a su padre y su hermano, quienes entrenaban en un gimnasio mientras él jugaba a la pelota en "la cancha de al lado". El maestro de sus familiares estaba convencido de que en algún momento Juan se convertiría en peleador y no se equivocó. La vida le trajo una gran sorpresa y en 2014 emprendió viaje por primera vez a Tailandia. Con una mochila llena de sueños, su cinturón y su katana llegó para que el muay thai le "vuele la cabeza". Tal es así que de ahí en adelante no paró ni un mes y todo en su vida dio un tremendo giro.
"El muay thai lo descubrí con el paso de los años, me encontré con una sencillez y un compañerismo que no lo viví en ningún lugar del mundo. Venía de otra cosa. Pasé de entrenar una hora a hacer casi 3. Requiere mucha disciplina y dedicación. Había tipos que eran campeones del torneo más importante de acá cuando yo hacía mis primeras clases y me enseñaban un montón. Si mejoraba yo mejoraba el gimnasio también", aclaró el luchador de 34 años. Hoy, "más golpeado" por las temporadas que lleva en este deporte, Giudici también se siente más seguro y firme, haciendo lo máximo que puede sin sentirse ni el mejor ni el peor. "Si me comparo con el pibe que era cuando vine... me admiraría por los huevos que puse", contó en la entrevista.
Por supuesto, con 20 años en el rubro no dejó de crecer y aprender sobre lo que respecta al muay thai y su historia. Sin dudas que a nivel técnico creció a pasos agigantados, pero aún tiene más por aprender. "Me cuestan ciertas cosas, los golpes o los reflejos no son los mismos que hace años, pero tengo otras cosas positivas como no enojarme o tomarme las cosas mejor, tratando de aprender más", aseveró. Hoy su vida pasa por el gimnasio, un cuarto pequeño y levantándose a las 6 de la mañana para afrontar un día tras otro a base de entrenamiento y pasión.
El momento que cambió su vida y carrera para siempre
Como muchos peleadores, Juan tuvo un quiebre que le sirvió para afrontar de otra manera su vida y su carrera. El nombre Luciano Vázquez resuena en sus oídos, se emociona y habla de aquel amigo que lo dejó muy joven, pero que lo acompañó en el momento más difícil. "Lucho" no sólo fue su entrenador, sino que además lo formó, lo ayudó y apoyó por varios años. Juntos llevaron adelante un gimnasio por el que seguramente pasaron muchos como ellos, pero la muerte de su compañero cambió todo. El "Titán" tuvo que seguir adelante solo sin su mano derecha. "Me dio un motivo de vida, confiaba en mí, fue una de las personas que marcó mi vida".
"Él falleció un martes y yo peleaba el fin de semana, llamé al promotor y le dije que no iba a pelear, me convenció un compañero y lo hice. No podía parar de llorar hasta incluso en la pelea. Me dolía tanto el alma que me podían pegar con un martillo que no pasaba nada porque estaba más allá del dolor. Gané, me levantaron la mano y no me acuerdo de nada porque fue una locura", contó el "Titán" en la entrevista y lo hizo visualmente emocionado. Hoy lo recuerda con un tatuaje hecho con varillas de unas alas en su brazo que Vázquez tenía en su espalda.
El muay thai en Argentina y las diferencias con Tailandia
Al igual que en otras disciplinas, las diferencias existen y Juan Giudici lo sabe: "Es muy distinto, pero está creciendo bastante por suerte". Lo económico no pasa desapercibido en la charla y se asemeja bastante al resto de los deportes de contacto y lo que viven los protagonistas: "Con suerte pelean por 100 dólares, pero un tacho de proteína sale 40, el mes en el gimnasio 20 y el preparador físico lo mismo. Te quedás sin plata y peleás una vez por mes, cada 45 días o en sos meses. Con esa plata no podés alquilarte ni la chapa del techo. Espero que siga creciendo, pero es difícil también vivir de esto".
En cuanto a lo que vive en Tailandia, los luchadores ganan entre 600 o 700 dólares por pelea televisada y si bien con eso no se da lujos, sí "vive" con tranquilidad. Lejos de los días calurosos y los entrenamientos, Juan no abandona su pasión y busca mantenerse en peso -categoría mediano- a pesar de las comidas y lo difícil del día a día, quizás una de las frases más utilizadas a lo largo de la entrevista. En el medio recorrió pasíes como Australia o Brasil peleando y buscando ese sueño que finalmente alcanzó, pero lo hizo en Argentina. "Fui campeón sudamericano en un torneo que se llamaba Bosch Tour que ahora es el Buenos Aires Top Fight. Peleé contra el brasileño Ezequiel Dos Santos por la WKN (World Kickboxing Network) y me quedé con el cinturón", reveló el "Titán" sobre uno de los momentos más especiales de su carrera.
Con respecto a su carrera y lo que el muay thai significa para él, Juan fue más que claro: "Es mí vida, es un motivo para vivir. Calculo que si no lo tendría sería todo muy chato. Hace años traté de imaginarme la vida sin esto y no lo consigo, tampoco lo deseo, no puedo ni quiero dejarlo. Me hizo una persona mucho mejor de lo que era y me enseñó muchísimo". Hoy, con más de 50 peleas en su récord, no se olvida de todo el camino recorrido y con 34 años va por mucho más.
Juan Giudici, de vivir en Tailandia a recordar sus raíces y lo vivido
Hoy como peleador vive parte del año en Tailandia y parte en Argentina, por lo que la distancia complica las cosas muchas veces. "Es difícil, también con mí pareja. Ella sabe que estoy haciendo lo que más me gusta, pero a la vez me tengo que ir lejos. El día a día se hace muy pesado porque parece que el tiempo no pasa más, pero cuando volvés parece que no cambió nada". Igualmente, no olvida para nada sus raíces pero en la comparación por el momento que atraviesa nuestro país sabe que no es fácil: "Si la cosa no era tan brava me hubiese quedado más para ver hasta donde llegaba. Acá puedo ir a cualquier gimnasio y soy bien recibido, me conoce todo el mundo".
