El dato que preocupa a los jugadores del Mundial 2026: uno de cada cuatro partidos se jugaría en condiciones peligrosas

Un estudio de World Weather Attribution reveló que el 25% de los encuentros podría disputarse con temperaturas superiores a los 30°C. Hay 9 partidos en estadios sin refrigeración y 5 en condiciones inseguras. Los riesgos para jugadores y espectadores.

17 de mayo, 2026 | 14.40

El Mundial 2026 ya tiene un rival inesperado y no lleva camiseta: el cambio climático. Un estudio de la organización académica World Weather Attribution puso sobre la mesa un dato alarmante: una de cada cuatro partidos del torneo se jugaría bajo temperaturas peligrosas que superen los 30°C. Además, las olas de calor extremas durante el día y los altos niveles de humedad en algunas regiones podrían convertir a la Copa del Mundo en una de las más riesgosas de la historia para la salud de jugadores y espectadores.

El torneo se disputará del 11 de junio al 19 de julio en tres países anfitriones: Estados Unidos, México y Canadá, con partidos distribuidos en 16 ciudades y la final prevista en Nueva York. Si bien las Copas Mundiales suelen jugarse en el verano del hemisferio norte, los científicos advierten que la enorme variación climática entre las sedes es algo único en este evento y podría dificultar seriamente la adaptación de los planteles.

Casi el doble de riesgo que en 1994

Para dimensionar la magnitud de la amenaza, los investigadores evaluaron los horarios de inicio de los 104 partidos programados y los cruzaron con el índice de temperatura de bulbo húmedo y globo (WBGT), una medición que no solo registra la temperatura ambiente sino que evalúa la capacidad real del cuerpo humano para enfriarse a través de mecanismos como la sudoración. Los resultados son preocupantes: casi una cuarta parte de los encuentros podría superar los límites de seguridad recomendados por la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas Profesionales (FIFPRO), lo que representa casi el doble del riesgo que se registró en la Copa del Mundo de 1994, la última vez que Estados Unidos fue sede.

Los números concretos del estudio son contundentes. 26 partidos se disputarían con un índice WBGT de al menos 26°C, el umbral a partir del cual el estrés térmico se convierte en un riesgo real. De esos 26 encuentros, 9 se jugarían en estadios que no cuentan con sistemas de refrigeración. Y lo más grave: 5 partidos se desarrollarían en condiciones que la propia FIFPRO califica como inseguras, es decir, por encima de los 28°C de WBGT, temperatura a partir de la cual se recomienda directamente aplazar el juego.

Sin embargo, existe una diferencia clave entre lo que dicen los científicos y lo que establece la FIFA. Mientras que el sindicato mundial de jugadores considera que a partir de los 28°C las condiciones son inseguras, la FIFA fijó el límite para reprogramar un partido en los 32°C, una brecha de 4 grados que los expertos señalan como peligrosa.

El cuerpo en llamas: qué pasa adentro de un jugador

Jorge Francella, deportólogo del Hospital de Clínicas, explica el mecanismo que convierte al calor en un enemigo silencioso dentro de la cancha. Cada vez que un músculo se activa, solo el 25% de la energía que utiliza va destinada al movimiento. El 75% restante se emite en forma de calor. Es decir, correr, sprintar, disputar una pelota dividida: todo genera un aumento de temperatura interna en el cuerpo del jugador.

En condiciones normales, el organismo cuenta con mecanismos para regular esa temperatura: la sudoración, la conducción y la radiación térmica. Pero cuando la temperatura exterior supera los 28 o 30 grados y el cuerpo ya está generando calor por el esfuerzo físico, esos mecanismos se saturan. El jugador transpira, pierde líquido y si no lo repone a tiempo, el sistema nervioso comienza a fallar sin que el propio futbolista lo perciba. El desenlace puede ser un golpe de calor, una emergencia médica que puede tener consecuencias graves.

Para mitigar estos riesgos, la FIFA implementará pausas de hidratación obligatorias en el minuto 22 de cada tiempo, independientemente de las condiciones meteorológicas del momento. También habrá instalaciones de refrigeración para aficionados y jugadores, ciclos adaptados de trabajo y descanso, y mayor preparación médica en cada sede.

El peligro en las tribunas que nadie mide

Pero el calor extremo no afecta solamente a los 22 jugadores dentro del campo. Los espectadores en las tribunas, las calles y las fan zones también están expuestos, y en muchos casos con menos protección y sin ningún control médico previo. Francella advierte que la diferencia fundamental es que los jugadores están examinados y monitoreados, pero las personas en la cancha no.

El deportólogo señala una costumbre que se naturaliza y esconde un riesgo enorme: tribunas enteras expuestas al rayo del sol, con mala ventilación, repletas de personas que viven emociones fuertes y que muchas veces desconocen si tienen alguna condición de salud preexistente. No es casual que en los estadios argentinos sea habitual ver a los bomberos arrojando chorros de agua sobre las tribunas: el agua enfría 25 veces más rápido que el aire y muchas veces las personas no registran cuándo el calor empieza a hacerles daño.

El elefante en la cancha: el calentamiento global

Más allá de las medidas puntuales de prevención, los científicos que realizaron el estudio colocan el problema en un marco más amplio. La amenaza del calor extremo en el Mundial 2026 no es un fenómeno aislado sino una consecuencia directa del calentamiento global. Las temperaturas promedio del planeta siguen subiendo y los eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes.

El mensaje de los investigadores va más allá del fútbol: garantizar que el deporte más popular del mundo pueda seguir disfrutándose de forma segura durante los veranos del hemisferio norte no depende solo de instalar aire acondicionado en los estadios o repartir botellas de agua. Depende, fundamentalmente, de acelerar la transición energética y abandonar la quema de combustibles fósiles que alimenta la crisis climática.

El Mundial 2026 será, también, un termómetro de hasta qué punto el planeta puede seguir sosteniendo los grandes eventos deportivos tal como los conocemos. El calor ya entró a la cancha. La pregunta es si estamos dispuestos a hacer algo al respecto.