Cómo los suburbios de París se convirtieron en la cantera del fútbol francés

10 de junio, 2026 | 10.35

Una de ​las luces del estadio Gabriel Peri lleva semanas averiada, lo que deja una esquina del campo a oscuras; sin embargo, los jugadores sub-17 del ES Nanterre siguen entrenando en esta fría tarde de junio.

En la banda, el entrenador Gael Diarra observa atentamente cómo los jóvenes a prueba, procedentes de los suburbios cercanos ‌a París, juegan con los jugadores consolidados del equipo sub-17 del ‌Nanterre, con la esperanza de que el entrenador les eche otro vistazo.

"Si creen que han dado lo mejor de ustedes mismos esta noche, no hace falta que vuelvan el viernes. Si piensan que no han estado a la altura, vuelvan", les dice Diarra al final, bajo la mirada de Fahd Rakhaoui, uno de los intermediarios de la red que trae jugadores al club.

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A pesar de no contar con una cantera profesional, el Nanterre compite en la máxima categoría juvenil de Francia, el Campeonato Nacional Sub-17, y este año llegó a cuartos de final, donde cayó por 2-1 ante el todopoderoso Paris Saint-Germain.

El ascenso del Nanterre es una curiosidad en los círculos futbolísticos, sobre todo en París, donde academias gigantes como el PSG, el Paris FC y el Red Star dominan la pirámide de formación. El Nanterre también ofrece una ventana a una evolución más amplia del propio ​fútbol en una nación que vuelve a figurar entre ⁠las favoritas para ganar el Mundial que comenzará el 11 de junio.

La denominada selección francesa "Black-Blanc-Beur" que ganó el Mundial de 1998 se convirtió en un feliz emblema ‌de una república multicultural, mezclando a jugadores blancos, negros y norteafricanos en un equipo que parecía encarnar una nación unida.

Sin embargo, el eslogan ⁠también ocultaba realidades más duras de desigualdad y discriminación que siguieron marcando las vidas de muchos en ⁠Francia mucho después de que las celebraciones se desvanecieran.

PARÍS, LO MÁS IMPORTANTE

Tres décadas después, la geografía del fútbol francés ha cambiado. La cantera de talentos es menos nacional y se centra más en las "banlieues" de París —barrios obreros e inmigrantes—, donde el fútbol profesional es el sueño dominante. Alrededor del 23% de la selección nacional de 2026 nació en ⁠la región de París, casi el triple que en 1998.

"Sinceramente, no tiene sentido buscar en otra parte: la mayoría de los mejores jugadores de Francia ​proceden de aquí", afirmó Damien Durand, delantero del club parisino Red Star que, como muchos de sus amigos, se formó en ‌las canteras de los suburbios. "Casi se podría formar una selección nacional 100% de ‌Île-de-France", añadió, refiriéndose al área metropolitana de París.

El caso más famoso es el del capitán de Francia, Kylian Mbappé, que creció en el suburbio nororiental de ⁠Bondy, al igual que sus compañeros William Saliba y Randal Kolo Muani. Otros barrios, como Sevran, Aulnay-sous-Bois, Montfermeil, Trappes o Argenteuil, son una importante fuente de jugadores para las academias de élite y las selecciones juveniles nacionales.

El creciente predominio de jugadores procedentes de entornos inmigrantes y suburbanos significa que muchos tienen opciones más allá de Francia. De hecho, de los 1.248 jugadores que participan en el Mundial de este año, el 4,3% nació en París —mucho más que en cualquier otra ciudad—, según la empresa de datos deportivos Opta.

Esta tendencia ​ha causado problemas en ocasiones, poniendo ‌de manifiesto el malestar en algunos sectores ante el cambio de rostro del fútbol francés.

En 2011, el fútbol francés se vio sacudido por el llamado "escándalo de las cuotas", después de que altos cargos de la federación fueran acusados de debatir límites a los jugadores con doble nacionalidad en las academias, en medio de la preocupación de que Francia estuviera invirtiendo mucho en formar a jugadores que más tarde optarían por representar a selecciones africanas.

La diversidad de orígenes refleja la historia de Francia, sobre todo sus antiguos territorios en África.

"En cierta medida, sí, Francia también se beneficia de su pasado colonial", afirmó ⁠el entrenador del Nanterre, Diarra.

Yves Gergaud, antiguo responsable de fichajes de la cantera del Paris FC, señaló que la influencia de la inmigración se remonta a mucho antes.

"Ya había italianos, polacos y muchas otras comunidades de inmigrantes que contribuían al fútbol francés", dijo, refiriéndose a las oleadas migratorias de principios del siglo XX. "Hoy en día, las selecciones africanas también se benefician de las estructuras de desarrollo francesas, ya que muchos jugadores nacieron en Francia o se formaron en los suburbios y las canteras francesas".

"EL FÚTBOL EMPIEZA EN LA CALLE"

El propio Gergaud, de 52 años, creció en el suburbio de Bobigny, improvisando partidos entre bancos y en plazas de cemento que perfeccionaban las habilidades técnicas y mentales sin que los niños se dieran cuenta.

"Lo único que se necesitaba era un balón (...) El fútbol empieza primero en la calle y en el patio", afirmó Gergaud, quien fichó al internacional francés Kingsley Coman para el PSG cuando tenía nueve ‌años.

«Cuando los niños juegan dos contra dos o tres contra tres en espacios reducidos, aprenden a resolver problemas bajo presión (...) Mentalmente, en los barrios obreros, hay que ganar para poder mantener la cabeza alta", agregó.

No obstante, cree que la cantera produce ahora demasiados jugadores para las escasas oportunidades profesionales que hay. "Matemáticamente, es imposible que todos tengan éxito", comentó.

No es de extrañar que los ojeadores proliferen por París, lo que aumenta tanto las oportunidades como la presión. Los entrenadores tienen que equilibrar la ambición con el bienestar.

A Diarra, del Nanterre, le preocupa la obsesión del fútbol moderno por los estereotipos del perfil atlético, los resultados inmediatos... y el dinero.

"El dinero se ha convertido en la principal motivación de los jugadores. Y a veces incluso ‌de los padres", indicó. "Antes, lo que realmente importaba era la pasión".

En el campo, detrás de él, el defensa central Jehovani Lukeba, un congoleño de 17 años nacido en Inglaterra, sueña con convertirse en uno de los mejores del mundo y jugar en el PSG. "Lo que me hace soñar es jugar ante grandes multitudes, en grandes estadios, viajando por todo el mundo", dijo.

Laila Lakhmyess, cuyo ‌hijo Reda, de 13 años, juega en ⁠el Nanterre, trabaja con jóvenes infractores en centros de menores y ve el fútbol tanto como una protección como una ambición. "Es disciplina. Evita que los chicos vaguen por las calles, fumen, beban o caigan en la delincuencia", comentó.

También sabe lo brutal que puede ser el sistema, ya ​que la mayoría de los chicos acaban siendo descartados y algunos se sienten avergonzados por el fracaso.

"Lo más difícil como madre es encontrar el equilibrio entre el sueño y la realidad, porque convertirse en futbolista profesional es algo reservado a muy pocos jugadores", afirmó. "Cuando ves a tu hijo en el banquillo, o relegado al equipo B la semana siguiente, duele".

Aun así, bajo las luces parcialmente fundidas del Gabriel Peri, los aspirantes siguen corriendo, Diarra sigue observando... y el sueño sigue vivo.

(Reporte adicional de Juliette Jabkhiro; editado en español por Carlos Serrano)