Cada Mundial suele regalar historias inesperadas. Algunas nacen dentro de la cancha y otras surgen al observar detalles que, a primera vista, parecen menores. En el caso de Uzbekistán, una de las selecciones que busca dar la sorpresa en Estados Unidos, México y Canadá 2026, la atención de muchos espectadores se concentró en algo muy particular: los apellidos de sus jugadores.
Nombres como Shomurodov, Shukurov, Khamdamov, Yusupov o Eshmurodov se repiten una y otra vez en la lista de convocados. La similitud llamó la atención de los fanáticos, sobre todo entre quienes no están familiarizados con la historia de Asia Central. Sin embargo, detrás de esas terminaciones existe una explicación política, cultural e histórica que atraviesa más de un siglo.
La influencia soviética que cambió los apellidos en Uzbekistán
Antes de la expansión del Imperio Ruso sobre Asia Central durante el siglo XIX, los habitantes de lo que hoy es Uzbekistán no utilizaban apellidos fijos tal como se conocen en Occidente.
Como ocurría en buena parte del mundo islámico y de tradición túrquica, las personas se identificaban mediante su nombre propio acompañado por el de su padre. Era habitual el uso de la expresión "o'g'li", que significa literalmente "hijo de".
La situación cambió durante el período soviético. Luego de la consolidación de la Unión Soviética en la región, Moscú impulsó una profunda estandarización administrativa para facilitar censos, registros civiles, documentación oficial y el servicio militar obligatorio.
Para ello, las autoridades adoptaron las normas lingüísticas eslavas y comenzaron a transformar los nombres tradicionales en apellidos permanentes. Así aparecieron las terminaciones "-ov" y "-ev", sufijos que pueden interpretarse como "perteneciente a" o "descendiente de".
De esta manera, un antepasado llamado Shomurod podía dar origen al apellido Shomurodov, mientras que otros nombres familiares adquirían estructuras similares que todavía hoy predominan en el país.
Por qué los apellidos terminados en "ov" siguen existiendo
La caída de la Unión Soviética en 1991 abrió un proceso de recuperación cultural e identidad nacional en Uzbekistán. Entre las medidas impulsadas por el Estado estuvo la posibilidad de eliminar los sufijos heredados de la época rusa y regresar a fórmulas más cercanas a la tradición local.
Sin embargo, más de tres décadas después de la independencia, los apellidos terminados en "ov" y "ev" continúan siendo mayoría. La razón responde a dos factores centrales.
Por un lado, existe una cuestión burocrática. Modificar oficialmente un apellido implica actualizar documentación nacional e internacional, algo especialmente complejo para deportistas profesionales que compiten en clubes extranjeros y participan en torneos organizados por la FIFA.
Por otro lado, muchas familias ya incorporaron esos apellidos como parte de su identidad. Después de varias generaciones utilizándolos, dejaron de percibirse exclusivamente como una herencia soviética para convertirse en un elemento habitual de la vida cotidiana.
Por eso, aunque las nuevas generaciones comienzan a mostrar cambios y una mayor recuperación de las formas tradicionales, la selección mayor todavía refleja con claridad la influencia histórica de Rusia sobre la región.
El Mundial 2026 y una selección marcada por la historia
La nómina de Uzbekistán para el Mundial es una muestra perfecta de este fenómeno. Entre sus convocados aparecen futbolistas como Eldor Shomurodov, Igor Sergeev, Azizbek Amonov, Dostonbek Khamdamov, Odiljon Khamrobekov y Utkir Yusupov, entre muchos otros apellidos atravesados por la herencia lingüística soviética.
El combinado asiático comparte el Grupo K junto a Portugal, Colombia y República Democrática del Congo. En su debut cayó ante Colombia, luego sufrió una dura derrota frente a Portugal y cerrará su participación en la fase de grupos ante el seleccionado africano.
Más allá de los resultados deportivos, Uzbekistán es una de las selecciones que más curiosidad despertó entre los espectadores. Sus apellidos funcionan como una especie de cápsula histórica: una huella visible de cómo la geopolítica del siglo XX sigue presente incluso en algo tan cotidiano como el nombre que aparece estampado en una camiseta de fútbol.
