María Pérez de Villaamil, experta cuidado de la piel: "Mi recomendación después de los 60 es no abandonar la exfoliación facial, sino integrarla de forma inteligente"

Exfoliarse el rostro después de los 60 años es fundamental para tener un cutis saludable y reluciente: cómo hacerlo correctamente.

04 de agosto, 2026 | 11.10

La pregunta acerca de cómo exfoliarse la cara correctamente, en especial en pieles maduras, es muy recurrente. Es sabido que la exfoliación es clave para eliminar las células muertas y darle lugar a una piel nueva y renovada, pero que al mismo tiempo, hacerlo muy a menudo o de la forma incorrecta puede irritar la piel.

Con el paso de los años, muchas personas comienzan a simplificar su rutina de cuidado facial y eliminan algunos pasos por temor a que resulten demasiado agresivos para la piel. Uno de los primeros en desaparecer suele ser la exfoliación. Sin embargo, los especialistas advierten que esta decisión puede ser un error, ya que el envejecimiento de la piel no implica dejar de exfoliarla, sino adaptar este hábito a sus nuevas necesidades.

Por qué no se recomienda dejar de exfoliarse la piel a los 60 años o más

En ese sentido, María Pérez de Villaamil, experta dermocosmética y directora del Centro Mem, asegura: "Mi recomendación después de los 60 es no abandonar la exfoliación facial, sino integrarla de forma inteligente en la rutina para preservar la función de la barrera cutánea", en diálogo con Clara. Para la especialista, el secreto no está en exfoliar con mayor intensidad, sino en elegir el método y la frecuencia adecuados para cada tipo de piel.

La explicación tiene una base fisiológica. A medida que envejecemos, el proceso de renovación celular se vuelve más lento, por lo que las células muertas permanecen durante más tiempo en la superficie cutánea. Esto provoca que la piel pierda luminosidad, se vuelva más áspera al tacto y presente un tono menos uniforme. Además, esa acumulación también dificulta la penetración de los principios activos presentes en los tratamientos cosméticos.

"Con la edad, la piel tiende a acumular células muertas en la superficie, lo que provoca un tono apagado y una textura irregular. Este exceso de células también dificulta la absorción de los tratamientos posteriores, limitando su eficacia", explica Pérez de Villaamil. Lejos de ser un paso meramente estético, la exfoliación puede convertirse en una herramienta para potenciar el resto de la rutina de cuidado facial. Al eliminar las células muertas, la piel queda preparada para recibir mejor los activos hidratantes, antioxidantes o antiedad presentes en sérums y cremas, optimizando su rendimiento.

Cómo exfoliar la piel correctamente

En ese sentido, la especialista sostiene que "al introducir una exfoliación profunda y bien adaptada, favorecemos la renovación cutánea, mejoramos la luminosidad, optimizamos la penetración de activos y estimulamos mecanismos de reparación natural que ayudan a mantener una piel más firme y uniforme".

Ahora bien, no todos los exfoliantes ofrecen los mismos beneficios ni son adecuados para todas las personas. La elección debe realizarse teniendo en cuenta factores como la sensibilidad, el grosor de la piel y la presencia de patologías cutáneas. Por eso, la experta insiste en que no existe una única fórmula válida para todos los casos.

"Es fundamental seleccionar el método adecuado según las necesidades y sensibilidad de cada piel", afirma. Entre las opciones disponibles, Pérez de Villaamil destaca especialmente los exfoliantes enzimáticos, ya que actúan eliminando las células muertas sin necesidad de ejercer fricción sobre la piel. "En muchos casos, los exfoliantes enzimáticos resultan más eficaces y seguros que los físicos, ya que actúan de manera uniforme sin provocar microlesiones. Además, la frecuencia debe ajustarse de forma personalizada", señala.

Otra alternativa son los exfoliantes químicos suaves formulados con alfa o beta hidroxiácidos, como el ácido láctico o el ácido salicílico. Utilizados correctamente, ayudan a mejorar la textura de la piel, unificar el tono y aportar luminosidad sin comprometer la barrera cutánea. La frecuencia también juega un papel determinante. Exfoliar más veces no significa obtener mejores resultados.

De hecho, un exceso puede provocar irritación, sequedad o sensibilidad, especialmente en las pieles maduras. En líneas generales, los especialistas recomiendan realizar este paso una o dos veces por semana, aunque el intervalo ideal dependerá de las características de cada piel. Las más secas o delicadas suelen requerir una exfoliación más espaciada, mientras que las pieles más resistentes pueden tolerar una frecuencia ligeramente superior.