Dick Van Dyke, actor de 100 años, sobre su secreto para no envejecer: "Si falto demasiados días al gimnasio, realmente puedo sentirlo"

El protagonista de Mary Poppins, quien está a punto de cumplir 101 años, habló sobre los desafíos del envejecimiento y por qué entrenar es parte fundamental de su rutina.

29 de julio, 2026 | 10.23

Dick Van Dyke reveló cuál es su fórmula antienvejecimiento para llegar a los 100 años y cómo se siente al día de hoy gracias a un hábito saludable innegociable que incorporó y que se esfuerza por sostener. El reconocido actor estadounidense, nacido el 13 de diciembre de 1925, va camino a cumplir 101 años este 2026.

A pocos días de alcanzar esa histórica marca, el protagonista de Mary Poppins publicó un ensayo en The Times en el que hizo un balance de su presente. Allí habló sin filtros sobre los cambios físicos que experimentó con el paso del tiempo, las actividades que ya no puede realizar. A pesar de todas estas dificultades, no deja de ir al gimnasio tres veces por semana.

"No sé por qué sigue siendo algo que quiero hacer, pero así es. Si falto demasiados días al gimnasio, realmente puedo sentirlo: empieza a aparecer cierta rigidez aquí y allá. Si dejo que eso se instale, bueno, que Dios me ayude". Aunque conserva el sentido del humor que lo caracterizó durante toda su carrera, Van Dyke reconoció que el envejecimiento modificó por completo su día a día: "Es frustrante sentirme disminuido en el mundo, tanto física como socialmente".

En el texto también enumeró varias de las limitaciones físicas con las que convive actualmente. Comparó su situación con la de algunos de los ancianos que interpretó en la pantalla durante su extensa carrera y explicó que hoy camina encorvado, arrastra los pies y tiene problemas de equilibrio. "Como mis viejos personajes, ahora camino encorvado, arrastro los pies y avanzo tambaleándome. Tengo problemas en los pies y me acuesto boca arriba siempre que resulta educadamente posible."

Además, reveló que su vista se deterioró considerablemente y que continúa masticando chicle de nicotina, décadas después de haber abandonado el cigarrillo. "Aquellos ancianos ficticios hacían chasquear sus dentaduras postizas. Yo mastico chicle de nicotina durante todo el día, incluso décadas después de haber dejado de fumar. Mi vista está tan deteriorada que hacer origami ya quedó fuera de cuestión."

Las dificultades no terminan ahí. El actor también explicó que seguir conversaciones cuando hay varias personas hablando al mismo tiempo se volvió complicado y que sus audífonos suelen darle problemas. Incluso reconoció que comer también representa un pequeño desafío cotidiano. "A la hora de comer derramo cosas y, cuando mi esposa, Arlene, me pide que me ponga una camisa sin manchas antes de salir, me impaciento. 'Está toda llena de arándanos', me dice ella. '¡Los lunares volvieron a estar de moda!', le respondo."

Ir al gimnasio: el hábito que nunca abandonó y que lo mantiene en pie

A pesar de esos inconvenientes, el actor aseguró que existe una costumbre que jamás quiso dejar de lado: entrenar. Para mantener la constancia, reveló que suele fijarse pequeñas recompensas después de ir al gimnasio, como tomar un batido rico después de entrenar, un café o dormir una siesta. A pesar de las dificultades que enfrenta, destaca que la satisfacción que siente de haber cumplido con su objetivo, una mayor claridad mental y una sensación de energía que recorre todo su cuerpo una vez finalizada la rutina.

Así es la rutina de ejercicios de Dick Van Dyke

En el ensayo, el actor también contó cómo son sus entrenamientos. Explicó que realiza un circuito de máquinas prácticamente sin hacer pausas entre un ejercicio y otro. La primera estación siempre es la máquina de abdominales. "Arlene dice que podría hacer 500, aunque eso quizá sea una exageración", bromeó.

Después continúa con una serie de ejercicios destinados a fortalecer las piernas, una parte del cuerpo que considera esencial para conservar su movilidad e independencia. "Después hago religiosamente todas las máquinas para piernas porque mis piernas son dos de mis posesiones más preciadas. Y luego paso a la parte superior del cuerpo."

Pero, además del ejercicio, hay otro ingrediente que nunca falta en sus entrenamientos: la música. Van Dyke reveló que suele cantar, tararear e incluso bailar mientras pasa de una máquina a otra, algo que transforma la rutina en un momento de disfrute. "Tarareo, canto y bailo de una máquina a la otra. Sí, me oíste bien: ¡bailando! Y si realmente me siento inspirado, no soy un cantante discreto; canto como una estrella de Broadway."

Al finalizar cada sesión, describió la sensación que experimenta y que, según él, explica por qué sigue eligiendo entrenar. "Al terminar estoy empapado de sudor, con la sangre fluyendo desde la punta de los dedos hasta los pies, y el ánimo por las nubes. Entonces pienso: 'Muy bien, ¿qué sigue ahora?'."