Silicon Valley construyó su reputación sobre la idea de que la tecnología es neutral. Esa premisa, que durante años le permitió a las grandes empresas del sector mantener relaciones con cualquier gobierno sin demasiado costo reputacional, está bajo presión. Y quien decidió romperla públicamente es Reid Hoffman, uno de los perfiles más influyentes del ecosistema tecnológico estadounidense.
Qué dijo Hoffman y cuál fue el detonante
El disparador fueron los sucesos de enero de 2026 en Minneapolis, donde agentes federales de migración mataron a dos ciudadanos estadounidenses —Renee Good y Alex Pretti— en el marco de una operación de control inmigratorio. Hoffman tomó ese momento como punto de quiebre.
En su columna y en publicaciones en X, Hoffman fue directo: "No podemos doblar la rodilla ante Trump. No podemos encogernos y esperar que la crisis se disipe. La esperanza sin acción no es una estrategia, es una invitación para que Trump aplaste lo que pueda ver, incluidos nuestros propios intereses comerciales y de seguridad".
Su argumento central apunta al poder real que tienen los líderes tecnológicos: comandan empresas billonarias, emplean a cientos de miles de personas y moldean la forma en que miles de millones se comunican e informan. Según Hoffman, ese poder implica responsabilidad, no neutralidad.
La respuesta dividida de Silicon Valley
El llamado de Hoffman expone una fractura que Silicon Valley intentaba mantener oculta. Elon Musk y Keith Rabois permanecen como defensores declarados de Trump. La mayoría de los líderes ocupa un territorio intermedio: lo suficientemente críticos como para satisfacer a sus empleados, lo suficientemente diplomáticos como para preservar el acceso a la Casa Blanca.
Tim Cook escribió en un memo interno que estaba "destrozado" y pidió una "desescalada", según The Intercept. Horas después, asistió a una proyección exclusiva del documental de la primera dama Melania Trump. Sam Altman y Dario Amodei expresaron preocupación por los incidentes, pero cuidaron de no criticar directamente al presidente.
Por qué el silencio también es una postura
El argumento más fuerte de Hoffman no es moral, sino estratégico. Los trabajadores tecnológicos están circulando peticiones que exigen a sus CEOs cancelar contratos con ICE y condenar públicamente la violencia. La presión de base está creciendo justo cuando la cautela ejecutiva alcanza su punto máximo.
Para Hoffman, quedarse callado frente a políticas que considera un abuso de poder no es una posición neutral: es una elección con consecuencias. Y esa elección, argumenta, también tiene costos para el negocio. Como escribió en su columna: "Sentados sobre ese poder no es buen negocio. Tampoco es neutralidad. Es una elección".
