De profesora de Geografía a monja: quién es la hermana Verónica, la nueva estrella de elGourmet que asiste a personas sin techo e incomoda al sistema

En una entrevista exclusiva con El Destape, la hermana Verónica adelanta su nuevo programa de cocina en elGourmet, repasa su historia con la fe y su mirada de la actualidad sociopolítica argentina en relación a uno de los temas centrales para la Iglesia: los pobres.

06 de julio, 2026 | 16.15

Toca la guitarra y el órgano, habla cuatro idiomas, realiza tareas de electricista, disfruta de la costura y siente una pasión incondicional por River Plate. Así es Verónica Evangelina Prieto, más conocida como la hermana Verónica y por ser la nueva estrella de elGourmet en un ciclo de gastronomía desde la cocina de su convento. "Como religiosa mi interés principal es Dios y elGourmet me está dando la posibilidad de poder llegar a las personas a través de la cocina, para recordarles que Dios está presente, se preocupa por nosotros y nos ama", sostiene la religiosa en una entrevista mano a mano con El Destape, a la par que adelanta que todos los capítulos (que empiezan a emitirse desde este lunes 6 de julio) van a tener algún mensaje sobre Dios.

Su mirada espiritual también atraviesa su forma de cocinar: para ella, la comida es un gesto de amor, fraternidad y dedicación hacia los demás. Nacida en el barrio porteño de Belgrano, descubrió su vocación religiosa a los 21 años, mientras estudiaba geografía. Desde entonces, encontró en la enseñanza, la misión y el vínculo humano una manera de construir comunidad. Aunque nunca estudió gastronomía de forma profesional, convirtió la cocina en uno de sus lenguajes más personales y afectivos.

¿Es tu primera vez en televisión?

- Sí, y para mí fue una sorpresa, no me lo esperaba. Cuando me dijeron que estaba invitada a grabar en elGourmet no lo podía creer.

¿Dudaste?

- No dudo, gracias a Dios y a mí. Lo vivo como un desafío.

¿Te dejaron elegir las recetas?

- Sí, todas. Y son cosas que a mí me gustan comer, ninguna receta de las que están ahí es algo que a mí me guste más o menos o no esté muy convencida. Quiero compartir con otros mi pasión por esos platos: es como cuando leés un libro que te conmueve o ves una película que te encanta, que lo primero que querés hacer es recomendarla a tus amigos. Yo quiero hacer eso a través de la cocina.

La hermana Bernarda es el antecedente más popular de una religiosa gastronómica…

- Conozco muchísimas recetas de la hermana Bernarda porque tenemos los libros y tenemos los cursos que ella daba en su monasterio. Pero no quiero copiar a la hermana y de ninguna manera intento compararme con ella, porque no le llego ni a la punta de los talones.

¿Cuál es el tipo de cocina que más te representa?

- Las pastas son lo que mejor me sale y lo que más les gusta a mis hermanas, pero todo me sale rico. Igualmente, en la cocina nada es infalible y a veces una receta puede fallar. La verdad es que disfruto mucho cocinar porque me encanta comer.

¿Qué plato o persona o momento de tu vida despertó esa pasión por la comida?

- Toda mi infancia. Mi mamá cocinaba muy bien y mi papá también, a los dos les apasionaba la tarea. Cuando cumplí 12 años mi papá se quedó sin trabajo, mi mamá tuvo que salir a ganar dinero y yo entré en la cocina por necesidad, ya que mi mamá llegaba muy tarde a casa. Imitaba sus recetas, que eran fantásticas. A partir de ahí empecé a cocinar y nunca dejé de hacerlo.

Antes de entrar al monasterio preparaba comidas de almuerzo y cena, y cuando me hice religiosa empecé a incursionar en postres y repostería, porque era la encargada de la cocina y tenía toda la libertad y el tiempo para aprender, practicar y perfeccionar mis platos.

¿Están vivos tus padres?

- Tengo a mi papá con 84 años, mi mamá falleció hace 20 años. Mi mamá es una persona a quien recurro un montón y le pido ayuda siempre, porque muchas de las cosas que yo hago son copia de las que hacía ella.

¿Cómo te hiciste religiosa?

- Yo me convertí a los 21 años. Estaba estudiando geografía y una compañera me invitó a hacer un retiro de jóvenes, con la premisa de que me iba a encantar. En ese momento yo estaba abierta a Dios, pero todavía no conocía a Jesús… La cuestión es que hice este retiro de impacto por 4 días y pude conocerlo. Fue un antes y un después: cambió absolutamente todo en mi vida.

¿Todo?

- Bueno, mis buenos valores no cambiaron pero sí mis metas y prioridades. El dinero dejó de tener un lugar importante en mi vida. Jesús acaparó el centro de mi interés. Fue fantástico.

A los 23 iba a misa todos los domingos y en mi parroquia se rezaba una oración por las vocaciones. Yo sentía que esa oración era para mí también, aunque en mis planes no estaba ser religiosa y pensaba que iba a tener una familia o que mi vida iba por otro lado, como una persona “normal”. Bueno, terminé por descubrir que el amor de Dios es mucho más amplio que el de una familia y que me realizaba mucho más como persona.

¿Cuando no estás abocada a tu relación con Dios en qué otras cosas depositás tu tiempo?

- Soy una persona muy curiosa, me encanta estar aprendiendo cosas nuevas (se ríe). Estudio alemán; me encanta la música, tocar instrumentos -ahora quiero aprender a tocar uno nuevo-; hice cursos de electricidad y quiero anotarme en uno de carpintería y soy profesora de geografía en una escuela con alumnos que amo. A veces siento que me falta tiempo para todas las cosas que hago y la comunidad me dice que pare un poco (se ríe).

"No alcanza con un gesto de amor": la dolorosa reflexión de la hermana Verónica sobre la gente que vive en la calle

En el monasterio de las hermanas Benedictinas asisten a personas que viven en la calle.

- Sí, es gente que es muy difícil que pueda salir de la calle. Yo tengo 50 años, pero soy religiosa desde hace 25 y durante todo ese tiempo muchas veces intenté rescatar de a una persona por vez, pero implica un trabajo muy arduo restaurar una vida: hay que ayudar a que la persona salga de las adicciones que tenga, que pueda reconectar vínculos con su familia y amigos, y que pueda volver a insertarse en la sociedad con un trabajo. Eso es muy difícil y muchas veces me di la cabeza contra la pared hasta que finalmente entendí que lo que nosotras hacemos en el monasterio es un gesto de amor, pero que carecemos de una gran infraestructura para poder salvar y recuperar vidas.

También creo que el Gobierno debería proveer más servicios y espacios para que todas las personas en situación de calle puedan acceder a una comida, darse un baño y pernoctar.

¿Ves al Gobierno preocuparse por esta gente?

Sabemos del 108 (hace referencia a la Línea de Atención Social Inmediata, del Gobierno de la Ciudad, para personas en situación de calle) pero yo nunca fui a ver esos establecimientos. Sí puedo hablar por lo que personas que viven en la calle me han contado: llegan a los refugios y no hay agua caliente, muchas veces son maltratados por otras personas, sufren robos, violencia. Por eso, muchas veces son las mismas personas de la calle las que no quieren que llames al 108 para que se los lleve a un refugio, porque son lugares peligrosos donde no encuentran lo que necesitan.

En el monasterio ofrecemos una comida caliente los jueves a la noche y a la mañana siguiente el desayuno, y tenemos 150 personas para comer.

¿Cómo hacés para que no te destruyan emocionalmente estas historias de gente de la calle?

- Es imposible no involucrarse emocionalmente. Y te parte el alma. Con muchos tenemos relaciones de amistad desde hace muchísimos años, porque este servicio empezó en la crisis del 2001…Los días fríos son terribles porque veo cómo se van después de haber comido y yo me subo a un auto, voy al monasterio y tengo mi cama calentita y mi ducha. No es justo.

Por lo menos te permitís pensar en estas cuestiones. Hay mucha gente privilegiada que ni siquiera ve a los que se caen del sistema…

- Pienso que Dios en algún momento siempre te va a poner enfrente de alguna de estas personas y hay mucho prejuicio en torno a ellas. Usualmente se piensa que quien vive en la calle roba o mata… Hace poco fui a Roma, a un encuentro con hermanas de todo el mundo, y las monjas no podían creer como me paraba a charlar con la gente de la calle y les daba dinero. “No les digas nada”, me decían las hermanas y la verdad yo creo que no hay que manejarse así, porque sino te olvidás que al lado tuyo también hay personas que tienen la necesidad de charlar con vos. Y los pobres son la misión más importante de la Iglesia.