A pocos días de que se celebré la edición XXIII de la Marcha por los Bombos, el Senado de la Nación y la Legislatura de Santiago del Estero declararon de interés cultural la movilización con bombos y trajes las calles santiagueñas. Nutrido por músicos históricos de las tierras del norte y sentido como "un evento de resistencia cultural y política de las tierras", la provincia se prepara para vivir el 18 de julio a pura chacarera.
"Lo que pasó fue que la primera marcha se adueño el pueblo, y cuando el pueblo se adueña es muy difícil que eso se pueda acabar", detalló a medios locales el impulsor de la marcha e histórico luthier de bombos José Indio Froilán.
En esta misma línea, su esposa, gestora y también creadora, Rina Castronuovo, no dudó en analizar e interpretar políticamente este festival que trasciende año a año. "Es una marcha de la resistencia. Vienen porque necesitamos defender la cultura popular, la que genera el pueblo de abajo hacia arriba", sentenció.
La movilización nació al calor de la amistad y la música, un encuentro entre amigos en la que estaban el Indio Froilán y Rina y los percusionista Eduardo Mizoguchi y Freddy García. Entre música y risas santiagueñas, se sumaron a un desafío: realizar una peregrinación con 453 bombos para los 453 aniversario de la "Madre de Ciudades" aquel julio del 2003.
La capital de Santiago del Estero fue denominada de esa manera al reconocerla como la ciudad más antigua del país la cual fue fundada el 25 de julio de 1553 y su fue clave para la fundación de otros centros urbanos del noroeste argentino, como San Miguel de Tucumán, Córdoba, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja. Pero la caravana de bombistas marcó un hito cultural en la provincia que el tiempo iba a bautizarlo como uno de los eventos culturales más importantes de la provincia y del país.
"El bombo y la guitarra en la calle estaba muy subestimada y a partir de la marcha cambió eso", detalló Castronuevo y remarcó: "Es llamar a defender nuestra identidad construida con el trabajo y la lucha los campesinos, el monte. Marchamos para seguir luchando por nuestra cultura. A nosotros nos une la diversidad, marchamos para acabar con esas ideas que oprimen que nos atan a las ideas".
Aquel julio del 2003, Froilán cumplió con la meta: logró reunir a más de 600 bombistas superando la meta de los 453. Y desde el patio de su casa, partió a esa caravana que alcanzó los 7 kilómetros. Hoy, tras más de 20 años de tradición, las calles de Santiago se llenan de vecinos y turistas que quieren ver el festival popular más importante del norte grande. Niños, adultos, músicos, y bailarines llenan las calles de la Madre de Ciudades para formar parte y sumar su bombo, su música y su danza.
Luego de 23 años, el evento popular no para de crecer. Con tres caravanas que salen desde distintos puntos de la ciudad y confluyen en el centro de Santiago para cantar "Añoranza", la música santiagueña trasciende las fronteras y comienzan a generarse marchas de bombos en todo el país: Entre Ríos, Córdoba, Chubut, Tucumán, La Pampa, Capital Federal y Provincia de Buenos Aires.
En una práctica cultural que emerge, que se la espera y no hay ensayo alguno para participar de él, Santiago del Estero se prepara una vez más para llegar al 18 de julio y celebrar la historia de su madre patria.
