Tiene 24 años, no sabía nada de albañilería y construyó su propia casa aprendiendo de su papá: hoy enseña a otras a hacerlo

Gisela Forystek tiene 24 años y hace cinco construye su casa en un terreno al lado de la vivienda de su papá. Empezó sin experiencia en albañilería y aprendió sobre la marcha entre mezclas de cemento, herramientas y tutoriales de internet. Hoy muestra el proceso en redes sociales, donde miles de personas siguen cada avance.f

15 de julio, 2026 | 06.00

A los 19 años, Gisela Forystek tomó una decisión poco habitual para alguien de su edad: empezar a construir su propia casa. Estudiaba publicidad en la Universidad de Lomas de Zamora, trabajaba y tenía un emprendimiento de lencería cuando empezó a pensar en independizarse.

En ese momento vivía en la casa de su abuela junto a una de sus hermanas. Arriba tenían una especie de departamento y abajo vivía la abuela, que ya era grande y necesitaba compañía. Gisela hacía tiempo venía pensando en independizarse porque su emprendimiento de lencería empezaba a funcionar bien y sentía que era momento de tener su propio espacio. “Nunca había tenido mi lugar propio”, cuenta. “Siempre compartí habitación o espacios con alguien más, así que la idea de tener mi casa me entusiasmaba mucho”.

Un día, durante un almuerzo familiar, le comentó a su papá que quería mudarse sola. Él le propuso otra idea: en vez de alquilar, invertir esa plata en construir una casa propia en un terreno que tenían al lado de su vivienda. Gisela no sabía nada de construcción. Nunca había colocado una cerámica ni había usado una herramienta. Su papá le dijo que podían hacerlo juntos y que iba a aprender en el proceso. A los pocos días compraron los primeros materiales. Fueron unos 70 mil pesos. Así empezó una obra que, cinco años después, todavía continúa.

Desde ese momento, gran parte de sus días transcurrieron entre la facultad, distintos trabajos y la obra junto a su papá. Con el tiempo, la muchacha empezó a resolver tareas por su cuenta y a aprender cuestiones básicas de albañilería, colocación de cerámicas y terminaciones. “Al principio no tenía idea de nada. Aprendí mirando, preguntando y haciendo”, relata. “Mi papá me enseñó muchísimo, pero también fui aprendiendo sola con el tiempo”.

“La obra avanzó de manera gradual, según el tiempo y los materiales que podía ir comprando”, rememora Gisela. Hubo etapas que demoraron meses y períodos donde la construcción quedó totalmente frenada. Mientras tanto, ella se enfocaba en la facultad o en generar ingresos. En ese tiempo trabajó en una cafetería, tuvo un emprendimiento de costura y vendió accesorios, cofias de satén y ropa interior.

Pero el gran cambio llegó hace poco más de un año, cuando decidió empezar a mostrar el proceso en redes sociales. Lo hizo sin contarle a nadie y creó la cuenta evitando incluso seguir a personas conocidas para que los videos no les aparecieran. Gisela había visto contenido de otras personas mostrando remodelaciones y pensó que quizás las redes podían ayudarla a conseguir algunos materiales para avanzar más rápido con partes de la casa que todavía faltaban terminar. “La idea nunca fue ser influencer”, dice. “Yo necesitaba terminar cosas concretas de la casa, como el cielo raso del baño, la mampara o el espejo, y pensé que capaz podía conseguir ayuda mostrando el proceso”.

Los videos empezaron a viralizarse y miles de personas comenzaron a seguir la historia de la joven. Con el tiempo llegaron colaboraciones, materiales y también mensajes de otras mujeres que empezaron a animarse a hacer arreglos. “Lo que más me gusta es cuando me escriben chicas diciéndome que se animaron a hacer algo en su casa después de ver mis videos”, cuenta. “Muchas me dicen que pensaban que no podían y después se dan cuenta que sí”. La mayoría de los comentarios giran alrededor de lo mismo: la identificación con una chica joven que se dio maña desde cero, que fue mostrando el proceso sin experiencia previa y que logró buenos resultados.

La relación con su papá también ocupa un lugar importante en la historia. La obra transformó el vínculo entre los dos y convirtió el trabajo compartido en parte de la rutina cotidiana. Fue él quien le mostró las primeras herramientas y quien la acompañó desde el comienzo de la construcción. “Antes mi papá era más de trabajar todo el día y listo. Con la obra empezamos a compartir un montón de tiempo juntos”, dice Gisela. “Yo tenía ganas de hacerlo, pero él me dio el sostén para empezar”.

Hoy la casa todavía sigue en obra, pero Gisela ya vive en parte del espacio que empezó a construir a los 19 años. La cocina y el living todavía esperan algunas terminaciones, aunque la idea que empezó en un almuerzo familiar ya dejó de ser un proyecto para convertirse en su hogar.