Esa mancha roja no siempre es un mosquito: cómo distinguir picaduras, sarpullidos y señales de alerta en el verano, según expertos

Distinguir una picadura común de una reacción alérgica, una irritación por sudor de un síntoma de enfermedad puede evitar desde molestias innecesarias hasta complicaciones de salud. Una guía práctica para descifrar las alertas de tu cuerpo y saber cuándo actuar.

25 de febrero, 2026 | 06.00

El verano en Argentina pone a prueba nuestra piel. Entre los días de pileta, las salidas al aire libre y el sudor, aparecen ronchas, picazones y marcas que no siempre sabemos interpretar. Ese punto rojo que pica puede ser un simple recuerdo de una salida o la primera señal de algo que requiere más atención.

Los insectos no son la única causa. El calor y la humedad pueden provocar reacciones cutáneas por sí solos, como la miliaria o el sarpullido por sudor, que suelen confundirse con picaduras. A esto se suman las posibles reacciones alérgicas a cremas, protectores solares o incluso a las plantas durante las vacaciones.

Distinguir entre una picadura de mosquito común, la marca más dolorosa de un jején o un simple sarpullido por calor no es solo cuestión de curiosidad. En un contexto donde las enfermedades transmitidas por mosquitos, como el dengue, tienen presencia estacional, saber "leer" la piel se vuelve una herramienta útil de cuidado personal. La confusión es común, y un diagnóstico incorrecto puede llevar desde una molestia innecesaria hasta demorar la consulta por un problema mayor.

Del Litoral pasando por La Pampa hasta la brisa de la costa

La humedad del Litoral es el caldo de cultivo perfecto para los mosquitos, incluyendo el Aedes aegypti, vector del dengue. Ahí, una picadura nunca es solo una picadura; puede ser el principio de un problema mayor.

En las vastas extensiones de La Pampa y la región patagónica, el desafío es otro: El contacto con la naturaleza expone a garrapatas, cuyas mordeduras pueden transmitir enfermedades como la rickettsiosis, y a arañas como la viuda negra o la de los rincones.

Hasta en la brisa de la costa argentina acechan irritaciones. La combinación de viento, arena, agua salada y sol intenso desgasta la barrera de la piel, haciéndola más susceptible a sarpullidos por calor, hongos y alergias solares.

El verdadero problema surge cuando no se sabe distinguir: ¿Es esa roncha una simple irritación o el primer signo de una infección? ¿Esa picazón responde a un alérgeno o a una enfermedad transmitida por un mosquito?

Frente a este escenario, la Dra. Graciela Manzur, Dermatóloga, Profesora Titular de Dermatología de la UBA y Jefa de Cátedra, aporta una guía detallada para identificar a los protagonistas de estas marcas estivales y actuar correctamente. "Numerosos insectos además de los mosquitos pueden dejar marcas o al picar y morder pueden traer serias consecuencias, si no estamos alertas", advierte la especialista. La lista es amplia: los más frecuentes son "las chinches, pulgas, garrapatas, jejenes, abejas, avispas, polilla negra, paedurus".

La "firma" de cada picador: desde el rastro lineal hasta el dolor punzante

Cada uno de estos insectos deja una marca distintiva en la piel. La Dra. Manzur describe con precisión las diferencias clave. Comenzando por las chinches de cama, estos insectos diminutos "de aproximadamente el tamaño de una semilla de manzana (5-7 mm)" que se identifican por sus picaduras en la piel "con un formato lineal, por áreas rojas con un punto central purpúrico". Los médicos, señala, suelen identificarlas "remediando cuatro picaduras lineales”.

En contraste, las pulgas, suelen dejar "pequeños puntos rojos que pueden aparecer agrupados, comúnmente en las piernas y tobillos, generando una intensa picazón". El jején o barigüí, por su parte, tiene un modus operandi distinto: es un insecto diminuto (2-5 mm) cuyas hembras "cortan la piel para alimentarse", produciendo "ronchas, con centro purpúrico y dolor".

Respecto a las garrapatas, la dermatóloga enfatiza el procedimiento correcto para extraerlas: "Es necesario eliminarlas, usando pinzas, agarrando la garrapata lo más cerca de su piel, tirando hacia arriba con una presión uniforme y constante, eliminándola en una sola pieza". Las picaduras de abejas, avispas y hormigas coloradas se caracterizan por un "intenso dolor agudo, ardor, quemazón, inflamación y enrojecimiento". 

Otros actores menos pensados son la polilla negra, que "no pican ni muerden pero están cubiertas por unos filamentos que al tomar contacto con nuestra piel produce reacciones alérgicas", y el paederus o "bicho de fuego", que "al aplastarlo contra la piel libera una toxina llamada pederina que provoca una reacción inflamatoria aguda evidenciada por enrojecimiento de la piel, vesículas, y ampollas dolorosas, en una forma lineal".

Guía para padres: La picadura no es (siempre) el problema

El Dr. Gabriel Arcidiacono pediatra y toxocólogo, Jefe de la Guardia Pediátrica del señala que el mayor riesgo tras una picadura en los niños no es el insecto, sino una complicación posterior: "las infecciones por vía de entrada de la picadura y rascado". Una reacción local intensa puede confundirse con el inicio de una celulitis bacteriana. Ante un enrojecimiento que crece, aumento de temperatura local o fiebre, la consulta médica es clave.

Un error común empeora las cosas: "la aplicación de talco mentolado... favorece el crecimiento bacteriano", advierte el médico. En su lugar, para una picazón intensa que lleva al rascado, sugiere un antihistamínico oral de venta libre como la loratadina, siempre consultando previamente con un farmacéutico o profesional.

La medida de prevención más eficaz es sencilla: mantener las uñas de los niños cortas y limpias. El rascado con uñas largas y sucias es el principal factor que transforma una simple roncha en una puerta de entrada para infecciones. Este hábito básico de higiene es la primera barrera de defensa.

Alacranes: el veneno que no da tregua y por qué hay que atrapar al agresor

Una picadura de alacrán debe tratarse siempre como una urgencia potencial. El cuadro comienza con un dolor local punzante e intenso, pero el verdadero riesgo reside en su evolución. "El veneno produce una liberación descontrolada de neurotransmisores, como acetilcolina y catecolaminas, responsables de las manifestaciones sistémicas", explica el Dr. Andrés Ojanguren, biólogo investigador del CONICET y Jefe de la División Aracnología del Museo Argentino de Ciencias Naturales. Esta reacción puede desencadenar, con rapidez, vómitos, taquicardia, sudoración profusa y, en los casos graves, convulsiones, requiriendo la aplicación inmediata de suero antiescorpiónico en un hospital.

La acción más crucial tras la picadura, además de acudir al médico, es intentar identificar al animal. "Se recomienda capturar al escorpión muerto y llevarlo al hospital para facilitar la identificación de la especie, ya que no todas son peligrosas pero la mayoría de los alacranes pican", enfatiza el toxicólogo. Esta medida simple es determinante para que los médicos confirmen si se trata de una especie de alto riesgo, como el escorpión amarillo (Tityus trivittatus), y administren el tratamiento correcto sin pérdida de tiempo.

La prevención se centra en hacer inhabitable el entorno. Dado que estos arácnidos proliferan con la humedad y se alimentan de insectos como cucarachas, las claves son sellar accesos y eliminar refugios. Las medidas esenciales incluyen colocar rejillas en desagües, burletes en puertas y ventanas, revisar minuciosamente calzado y ropa antes de usarla, y mantener los espacios libres de escombros. Con la llegada del calor, estas precauciones dejan de ser una recomendación para convertirse en una rutina necesaria de defensa.

La sintomatología que debe disparar todas las alertas es específica. Tras una picadura de alacrán, los síntomas clave incluyen "dolor local intenso, punzante e inmediato, sensación de hormigueo (parestesia), adormecimiento de la zona afectada... y síntomas sistémicos como sudoración profusa, salivación excesiva, taquicardia y dificultad para respirar. En niños, se deben buscar temblores, llanto inconsolable y movimientos oculares inusuales".

"Un desinfectante como el alcohol es útil siempre", pero únicamente para la limpieza de la zona, no como tratamiento para el veneno. Otro consejo fundamental es "evitar el rascado ya que facilita las infecciones sobreagregadas" agrega Manzur.

Prevención efectiva: barreras físicas y cambios de hábitos

En materia de prevención, la especialista destaca medidas prácticas y a menudo subestimadas. "El cuidado del ingreso al hogar es fundamental, para ello es importante colocar mosquiteros y burletes (para evitar el ingreso de alacranes o escorpiones), en las aperturas, incluyendo rejillas de desagüe". Un hábito simple pero crítico es "sacudir la ropa y las zapatillas antes de ponerse para poder identificar bichos, arañas o alacranes el 80% de las picaduras por escorpiones ocurren en el hogar al ponerse la ropa o pisar el alacrán".

Al aire libre, la recomendación es vestirse "con pantalones y remeras de mangas largas, de colores claros que ahuyentan y a la vez permite ver los insectos y arácnidos". También sugiere no usar perfumes o lociones con aroma dulce, ya que atraen a abejas y avispas.

El protocolo universal y la señal definitiva para consultar al médico

El protocolo básico tras cualquier picadura, según la Dra. Manzur, se basa en: "Mantener la calma. Identificar: qué picó si hay lesiones purpúricas. Desinfección: agua – jabón – alcohol. Tratamiento: mosquitos: compresas frías - cremas antialérgicas – antiinflamatorias. Si hay aguijón, (extraerlo: sin apretarlo)".

La señal definitiva para buscar atención médica urgente y no quedarse en la observación es clara: "Si es más que una roncha que, con esas medidas básicas no se va diluyendo, si son muchas, si es alérgico, si uno sospecha mordedura de serpientes, arañas, escorpiones, abejas o avispas. Si hay lesiones purpúricas o rojas que no se van al tratar de aclarar la piel, ahí hubo o rotura de vasos o sustancias que alteran la coagulación de la sangre". Agrega que se debe actuar inmediatamente ante síntomas generales: "Si hay muchas vesículas, pústulas, fiebre, escalofríos, sudoración profusa, hipotensión, o desvanecimiento, vómitos o diarrea".

"Con el calor del cambio climático se han vuelto más concentrados sus venenos y se necesita antídoto" enfatiza Manzur. Por ello, ante la duda, la consulta rápida no es una exageración, sino la acción responsable para interceptar a tiempo un problema de salud mayor que comenzó con una simple marca en la piel.