Si bien para la amplia mayoría el cumpleaños es el día más importante del año, para otros se trata de una jornada más e incluso cuánto más rápido pase, mejor. Para la psicología esto tiene un significado claro, y se relaciona con la ansiedad, las presiones sociales y otros factores que dan origen a la sensación de incomodidad.
Qué significa para la psicología no querer festejar el cumpleaños
No querer festejar el cumpleaños propio tiene un significado claro para la psicología. Una de las razones principales es la ansiedad social y la incomodidad al ser el centro de atención. Las personas introvertidas o con ansiedad pueden llegar a sentir que una celebración los expone más de lo que desean, transformando un momento que “debería ser feliz” en una situación estresante. En este sentido, que los otros estén enfocados en uno y el deber que conlleva la tradición del cumpleaños, hace que aumente el sentimiento de presión social.
Lo más interesante es que, en momento de digitalización extrema, las redes sociales también juegan un rol importante. Y es que en un mundo donde todos comparten cada momento de la vida, incluyendo los cumpleaños, se genera una idea del festejo, la torta y el regalo "perfecto, y, en consecuencia, una presión adicional. Esta comparación constante puede hacer que algunas personas rechacen el festejo por sentir que no pueden o no quieren alcanzar esas expectativas.
Otro punto muy habitual es la idea de volverse más "viejo". El cumpleaños por su mera existencia invita a reflexionar en torno al paso del tiempo y hace que tomemos mayor conciencia de la finitud de la vida. Es por eso que, en lugar de ser motivo de festejo, para algunas personas es un momento de nostalgia y de cierta sensación de desolación ante el correr de los años.
Por supuesto que las vivencias particulares tienen una influencia directa sobre los cumpleaños. Si alguien vivió una o más celebraciones donde no se sintió cómodo o enfrentó situaciones negativas, es posible que prefiera evitar revivir esos recuerdos y por eso elija no festejar como forma de defensa.
Finalmente, algunos psicólogos sostienen que no todas las personas sienten la necesidad de celebrar de la misma manera y que elegir no festejar puede ser una forma de cuidar el bienestar emocional sin que eso implique algo “malo” o problemático.
