Ser amigo de un ex: qué dicen la psicología sobre este vínculo sopresivo

El psiquiatra Walter Ghedin analiza los beneficios y tensiones de una relación que desafía los modelos tradicionales.

17 de marzo, 2026 | 10.41

La idea de mantener una amistad con una ex pareja genera debates intensos, para algunos es una muestra de evolución emocional, mientras que para otros implica un terreno resbaladizo donde el pasado nunca termina de irse. En un contexto donde los vínculos son cada vez más flexibles, esta práctica se vuelve más común, pero no está exenta de beneficios y consecuencias.

El médico psiquiatra y psicoterapeuta Walter Ghedin plantea que la amistad, en sí misma, es un valor que enriquece la vida personal y social. “Los protagonistas del vínculo amistoso construyen una relación de amor mutuo que retroalimenta simultáneamente la felicidad personal”, explica. En ese sentido, sostiene que tanto el amor de pareja como el de la amistad comparten una base de igualdad: “Respetan la simetría, es decir, la igualdad vincular. Ninguno es superior al otro”.

La transición de pareja a amistad no es automática ni sencilla. Según Ghedin, suele darse cuando ambas personas reconocen que “existen muchas más cosas que los unen que las que los separan”. En esos casos, el vínculo se resignifica, ya no hay proyecto romántico, pero sí se preservan aspectos valiosos como la comunicación, los intereses compartidos o la afinidad ideológica.

“Dicen que donde hubo amor, cenizas quedan”, advierte el especialista, aunque deja abierta la incógnita, ya que esas cenizas pueden reavivar conflictos o, por el contrario, convertirse en una base sólida para una relación distinta.

Beneficios: lo que se gana al ser amigo de una ex pareja

Diversos estudios internacionales respaldan la idea de que, bajo ciertas condiciones, ser amigo de un ex puede ser positivo. Una investigación publicada en la revista Personal Relationships (EE.UU.) señala que las ex parejas que mantienen vínculos amistosos suelen reportar mayores niveles de satisfacción emocional cuando la ruptura fue consensuada y sin traumas significativos.

Entre los principales beneficios se destacan:

  • Continuidad emocional: no perder a una persona importante de la vida.
  • Apoyo mutuo: conservar un vínculo de confianza.
  • Cierre saludable: transformar el vínculo puede ayudar a procesar la ruptura.

En Argentina, si bien no hay estadísticas oficiales masivas, encuestas privadas como las realizadas por plataformas de citas (por ejemplo, Tinder o Happn en informes regionales) sugieren que entre un 30% y un 40% de las personas afirma mantener algún tipo de contacto amistoso con una ex pareja, aunque no siempre de forma cercana o constante.

¿Dónde hubo amor cenizas quedan? Es una de las grandes incógnitas de las relaciones humanas.

Consecuencias: lo que puede complicarse

El principal riesgo aparece cuando la amistad no es simétrica o cuando uno de los dos no ha cerrado del todo el vínculo amoroso. En esos casos, pueden surgir expectativas ocultas, celos o conflictos con nuevas parejas. Ghedin lo explica con claridad: “Los celos y las comparaciones pueden poner a la persona en el dilema de tener que decidir entre el amigo o la pareja”. Y agrega que esta situación no es sostenible: “Estar en el medio no es una posición cómoda, hay que correrse de ella lo antes posible”.

Además, advierte que la desconfianza puede instalarse en nuevas relaciones si no hay acuerdos claros: “Cuando surgen conflictos porque se mantiene la relación con un ex o una ex, se puede poner en duda la confianza, generando sospechas y la urgencia por controlar al otro, cuestión que no es nada saludable”.

Los celos de la pareja actual pueden ser un problema a la hora de mantener un vínculo con una ex pareja.

Claves para que funcione

Los especialistas coinciden en que la amistad con un ex puede funcionar, pero requiere ciertas condiciones:

  • Duelo elaborado: haber superado la ruptura emocionalmente.
  • Límites claros: redefinir el vínculo sin ambigüedades.
  • Comunicación honesta: especialmente con nuevas parejas.
  • Intención compartida: ambos deben querer lo mismo.

“Hablar el tema, una y tantas veces que sea necesario, es condición fundamental para impedir que se convierta en un problema”, subraya Ghedin. Ser amigo de un ex no es, en sí mismo, ni bueno ni malo. Puede ser una señal de madurez emocional o una forma de aferrarse al pasado, dependiendo del contexto y de las personas involucradas.

En tiempos donde las relaciones se redefinen constantemente, la clave parece estar en la honestidad emocional, saber desde qué lugar se sostiene ese vínculo. Porque, como sugiere la experiencia, y también la ciencia, no siempre alcanza con cambiarle el nombre a una relación para que realmente se transforme.