Parece la campiña galesa del siglo XIX, pero queda a solo 70 kilómetros de CABA

Oculto tras la fisonomía rural, el predio de la antigua Colonia Ricardo Gutiérrez emerge entre árboles centenarios y caminos de tierra como un viaje en el tiempo que descoloca por completo la típica visual de la llanura pampeana.

28 de julio, 2026 | 14.01

Pocos automovilistas que transitan la Ruta Provincial 40 imaginan que, detrás de la cortina de árboles que custodia las afueras de Marcos Paz, se esconde un paisaje que rompe de forma brutal con la clásica monotonía de la llanura pampeana. Al trasponer el portón de ingreso de la antigua Colonia Ricardo Gutiérrez, el horizonte de silos y alambrados desaparece. En su lugar emerge un entramado de callejuelas sombrías y casonas de estilo anglosajón que transportan de inmediato al viajero a los pequeños pueblos rurales del Reino Unido o a una postal de la campiña galesa del siglo XIX.

Nacido a principios del siglo XX como la primera colonia hogar para menores del Estado Nacional, este predio fue diseñado bajo los conceptos arquitectónicos europeos de la época. En lugar de replicar las construcciones criollas o los cascos de estancia tradicionales, los arquitectos a cargo optaron por un diseño modular de pabellones con paredes de ladrillo visto, imponentes techos de chapa a dos aguas muy pronunciados, chimeneas y torretas que parecen vigilar el bosque circundante.

La vegetación hizo el resto del trabajo a lo largo de las décadas: plátanos y fresnos centenarios crecieron de tal forma que hoy forman túneles verdes que filtran la luz solar, alfombrando los senderos de tierra con hojas secas y acentuando ese aire de misterio melancólico tan propio del norte de Europa.

Postales del neogótico y mitos bonaerenses

El gran imán visual de este viaje en el tiempo es el Pabellón Bosch. Se trata de un majestuoso palacete de reminiscencias neogóticas que hoy, en un estado de abandono que le suma una mística especial, parece extraído de una novela de terror victoriana. Sus aberturas en arco y la hiedra que trepa por las fachadas lo convirtieron en un imán para fotógrafos y curiosos que buscan capturar postales fuera de lo común sin necesidad de subirse a un avión. En contraste, el Pabellón Central del complejo fue puesto en valor por el municipio local para actividades culturales, funcionando como el corazón de este oasis histórico.

Sin embargo, el magnetismo de la colonia no solo reside en su arquitectura, sino también en las oscuras leyendas que albergan sus paredes. Durante sus primeras décadas de funcionamiento, el lugar funcionó como un reformatorio que buscaba encauzar a jóvenes de conductas complejas. Las crónicas policiales de la época confirman un dato escalofriante: entre esos senderos arbolados pasó parte de su adolescencia Cayetano Santos Godino, popularmente inmortalizado como "El Petiso Orejudo", el primer asesino serial de la historia argentina. Ese violento contraste entre la paz idílica que se respira hoy y el eco de su historia criminal es el ingrediente final que fascina a quienes llegan hasta acá.

Actualmente, este espacio funciona en parte como un espacio de actividades culturales para niños y adolescentes. Sin embargo, también se pueden hacer visitas guiadas por la parte histórica para conocerla en profundidad.

Cómo llegar a Marcos Paz

Para visitar este rincón secreto desde la Ciudad de Buenos Aires, se debe tomar la Autopista Acceso Oeste hasta Moreno y luego desviar por la Ruta Provincial 40 en dirección a Marcos Paz. El predio se encuentra en las afueras del casco urbano y cuenta con un camino de acceso consolidado custodiado por casuarinas.

Parece la campiña galesa del siglo XIX, pero q.ueda a solo 70 kilómetros de CABA

Dado que varias zonas de la antigua colonia forman parte de un patrimonio histórico protegido, se recomienda contactar previamente a la oficina de turismo local para conocer los horarios de acceso permitidos y las fechas de las visitas guiadas los fines de seman