Muchos lo confunden con una nutria, pero es un felino: así es el yaguarundí, uno de los animales más difíciles de encontrar en la naturaleza

Aunque tiene un cuerpo alargado, patas cortas y una apariencia que recuerda a una nutria, este misterioso mamífero pertenece a la familia de los felinos. Su reciente aparición en cámaras trampa volvió a despertar el interés por una de las especies más difíciles de observar en la naturaleza.

01 de junio, 2026 | 13.29

Durante décadas, el yaguarundí fue uno de esos animales que parecían existir más en los registros científicos que en la vida real. Su comportamiento reservado, su capacidad para desplazarse silenciosamente entre la vegetación y la dificultad para detectarlo hicieron que se ganara la reputación de ser uno de los felinos más escurridizos del continente. Por eso, cuando un ejemplar fue captado recientemente por cámaras trampa instaladas en una zona de la Amazonia brasileña, el hallazgo despertó el entusiasmo de investigadores y conservacionistas. Las imágenes no solo confirmaron la presencia de la especie en el área, sino que también volvieron a llamar la atención sobre un animal tan particular que muchas personas ni siquiera reconocen como un felino.

A diferencia de otros miembros de la familia de los gatos salvajes, el yaguarundí tiene una apariencia que suele generar confusión. Su cuerpo es largo y estilizado, sus patas son relativamente cortas y su cola puede representar casi la mitad de su longitud total. A eso se suma una cabeza pequeña, orejas redondeadas y un pelaje uniforme que puede variar entre tonos rojizos, marrones, grises o casi negros.

Por estas características, muchas personas lo comparan con una nutria, una comadreja o incluso un hurón antes que con un gato salvaje. Sin embargo, se trata de un verdadero felino y, de hecho, está emparentado con especies mucho más conocidas como el puma. Los adultos pueden superar el metro de largo incluyendo la cola y poseen una gran capacidad para adaptarse a distintos ambientes naturales.

El felino que prefiere moverse de día

Uno de los aspectos más llamativos del yaguarundí es que rompe varias de las reglas que suelen asociarse a los felinos. Mientras la mayoría de estas especies desarrolla gran parte de su actividad durante la noche o el amanecer, el yaguarundí suele ser predominantemente diurno. Esto significa que realiza buena parte de sus desplazamientos y actividades de caza durante las horas de luz.

Su dieta es muy variada e incluye pequeños mamíferos, aves, reptiles, anfibios e insectos. Gracias a su cuerpo flexible y a su habilidad para moverse entre la vegetación sin hacer ruido, puede acercarse a sus presas con notable eficacia. Además, es un excelente trepador y también puede desplazarse por zonas cercanas al agua, una versatilidad que le permite aprovechar distintos recursos dentro de su hábitat.

Un animal que vive en gran parte de América

Aunque rara vez aparece en fotografías o videos, el yaguarundí posee una distribución sorprendentemente amplia. Habita desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de Argentina y puede encontrarse en ecosistemas muy diferentes, incluyendo selvas tropicales, bosques secos, sabanas, humedales e incluso áreas rurales cercanas a cultivos.

Sin embargo, su carácter esquivo hace que incluso en regiones donde está presente resulte extremadamente difícil observarlo. Por eso, las cámaras trampa se convirtieron en una herramienta fundamental para estudiar sus movimientos y estimar el tamaño de sus poblaciones.

Muchos lo confunden con una nutria, pero es un felino: así es el yaguarundí, uno de los animales más difíciles de encontrar en la naturaleza.

La principal amenaza para el yaguarundí es la pérdida de hábitat provocada por la deforestación, la expansión agrícola y la fragmentación de los ecosistemas. A medida que desaparecen los ambientes naturales donde vive, también se reducen las posibilidades de que las distintas poblaciones mantengan conexiones entre sí.

En este contexto, cada nuevo registro adquiere una importancia especial. El reciente avistamiento en la Amazonia brasileña no solo representa una buena noticia para los investigadores, sino que también demuestra el valor de las áreas naturales protegidas y de los programas de monitoreo de fauna silvestre.