Lanzan una iniciativa para monitorear objetos que caen del cielo: MIRA

En los últimos cinco años, reingresaron sobre América Latina más fragmentos espaciales que en los quince años previos. El Centro Interdisciplinario de Estudios Espaciales de la UNLP pone en marcha el primer sistema regional de monitoreo, alertas tempranas y análisis de política pública sobre reingresos atmosféricos

22 de mayo, 2026 | 15.55
Organismos internacionales estiman que en la actualidad hay 1.200.000 fragmentos de basura de uno a 10 cm girando en la órbita terrestre, de los cuales solo alrededor de 45.000 pueden ser monitoreados y catalogados desde la Tierra. La masa total de todos ellos asciende a 16.200 toneladas. En los últimos diez años, el número de satélites activos se multiplicó por nueve; 15.200 continúan en órbita. Estos números explican algo que no es nuevo, pero que se está acelerando: cada vez con más frecuencia caen piezas de metal del cielo, también sobre territorio sudamericano. En Viedma, en Puerto Tirol y en Armstrong, localidades argentinas distantes entre sí, vecinos encontraron restos de lo que alguna vez fue tecnología espacial. Esos hallazgos más los datos globales fue la semilla del Proyecto MIRA, una iniciativa pionera en América Latina, orientada a detectar, rastrear y analizar la basura espacial y los objetos que reingresan a la atmósfera terrestre. El proyecto busca producir evidencia técnica, generar alertas tempranas y brindar herramientas para la formulación de políticas públicas de sostenibilidad espacial, desde y para nuestra región.

 

Pieza caída del espacio

Desarrollada por el Centro Interdisciplinario de Estudios Espaciales (CIEE), dependiente de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), integra datos orbitales de fuentes oficiales, modelado técnico propio para transformar información dispersa en alertas tempranas, políticas públicas y regulación basadas en evidencia.

“En parte, la idea nació de ustedes, de los medios, que cada vez más seguido publican noticias sobre posibles reingresos de equipos espaciales; muchas de ellas ocurren en la región y en la Argentina”, explica el abogado Juan Cruz Allonca, investigador en actividad espacial y coordinador de MIRA.

Según datos de Space-Track procesados por el CIEE, en los últimos cinco años reingresaron sobre América Latina más objetos espaciales que en los quince años previos combinados. "El fenómeno está asociado con la cantidad de lanzamientos anuales, la cantidad de satélites que estamos enviando a la órbita, sobre todo a la órbita baja de la Tierra –destaca Allonca–. Y todo lo que sube tiene que bajar".

La órbita baja: basurero del siglo XXI

Hace más de 60 años que la humanidad envía objetos al espacio. La mayoría de ellos gira en la órbita baja terrestre, a entre 160 y 2.000 kilómetros de altura, que es donde operan los satélites de observación, las megaconstelaciones comerciales y plataformas como la Estación Espacial Internacional. Es, también, la región más congestionada del espacio cercano y, según Allonca, la que está en problemas.

Allí se encuentran los [satélites argentinos de observación terrestre] Saocom, los de Satellogic y los Starlink, de SpaceX. Sobre estos últimos, Allonca subraya que "Hoy más de la mitad de los satélites activos de toda la humanidad pertenece a una sola empresa". Starlink lanza alrededor de 60 de sus dispositivos en cada lanzamiento.

A esto se suma que no existe ninguna restricción regulatoria internacional que limite la cantidad de satélites que se ponen en órbita. El resultado es que hoy hay más de 16.000 toneladas de basura en la órbita baja, entre satélites inactivos, etapas de cohetes y fragmentos de colisiones previas.

Síndrome de Kessler: cuando Hollywood no exagera

Los objetos en la órbita baja no solo hacen más difícil ver y “escuchar” el cosmos con telescopios y radiotelescopios. Además, como viajan a 27.000 kilómetros por hora, un fragmento de metal del tamaño de un tornillo es capaz de destruir un satélite operativo. Este principio está en la base del llamado Síndrome de Kessler, postulado por el astrofísico de la NASA del mismo nombre, el escenario catastrófico que popularizó la película Gravity: una reacción en cadena en la que la colisión entre objetos genera nuevos fragmentos que, a su vez, destruyen más objetos, hasta hacer inutilizable la órbita, escenario teórico en el que la cantidad de basura espacial en la órbita baja de la Tierra alcanza una densidad crítica y una colisión accidental genera una reacción en cadena de más choques y fragmentos, creando una barrera de desechos que inutilizaría los satélites y bloquearía la exploración espacial.
Efectos de un impacto en el espacio

"La Estación Espacial Internacional, que siempre está tripulada, ya tuvo que esquivar varias veces pedazos de basura –advierte Allonca–. La escena inicial de Gravity recrea con licencias cinematográficas un fenómeno que los científicos consideran el problema número uno del ambiente espacial y que no es ni fácil ni barato resolver, porque para esquivar basura se consume combustible".

Los reingresos no solo generan riesgos de impacto en órbita o al caer a la superficie terrestre. Cuando los satélites más pequeños, como los Starlink, caen de forma controlada y se queman en las capas altas de la atmósfera, liberan compuestos metálicos cuyo efecto sobre el medio ambiente aún es incierto. "El aluminio se transforma en óxido de aluminio que desprende vapor y hay que ver cómo reacciona la atmósfera ante tanto reingreso de metal –subraya Allonca–. En Europa lo están investigando muy seriamente porque no se sabe cómo está reaccionando esa capa de la atmósfera".

Los objetos más grandes, en cambio, son una herencia de las décadas de 1960 y 1970, ya que pertenecen a satélites construidos sin conciencia de cuándo ni cómo iban a reingresar. Uno de los casos más graves fue el reingreso del satélite soviético Cosmos 950, que cayó con combustible nuclear a bordo y contaminó parte del norte de Canadá. "Esos fragmentos muy grandes suelen ser de satélites antiguos, que se construían con titanio y no se sabía si iban a sobrevivir al reingreso".

El gran vacío legal del espacio

Aunque pocas veces se menciona el tema, quizás el aspecto más preocupante de este  fenómeno sea el jurídico: no existe en la actualidad un tratado internacional vinculante sobre basura espacial. "Hoy no hay nada que obligue a las agencias ni a las empresas a fabricar y operar los satélites bajo ciertas normas –indica el investigador–. Lo que existe son recomendaciones, guías y buenas prácticas, como la norma ISO 24113 de mitigación de basura espacial, pero su cumplimiento es voluntario”.

Esto genera además una asimetría que preocupa especialmente a los integrantes del CIEE: las normas técnicas más exigentes son fijadas por los países con mayor responsabilidad histórica en la contaminación orbital, y su cumplimiento puede estar fuera del alcance de actores emergentes. "Pueden ponerse estándares muy altos que a nosotros nos quedan lejos —alerta Allonca—, siendo que nosotros no tenemos la responsabilidad histórica de contaminar toda la órbita baja de la Tierra. En este momento, tenemos solo dos satélites orbitando".

El equipo del CIEE (Juan Cruz Allonca en el centro, de camisa roja)

Por eso, desde el CIEE trabajan para pensar una regulación que tenga en cuenta las particularidades de nuestra región: "Tratamos de entender cuál sería la mejor regulación. Una que no afecte los intereses de Latinoamérica. Y que se adapte a nuestros países del mismo modo que las obligaciones ambientales no son las mismas para todos".

Cuando un objeto cae en territorio argentino, actúa una pequeña oficina de la Fuerza Aérea que cierra la zona, verifica la presencia de radiación y analiza si hay materiales contaminantes. "Hay una estructura muy chica, pero que trabaja muy bien", reconoce Allonca. Todavía no tienen un protocolo formal, pero están en proceso de definirlo. En un caso reciente, uno de los objetos fue encontrado accidentalmente cuando se topó con él una cosechadora en Lobería, provincia de Buenos Aires.

A los integrantes del CIEE, sus colegas los llaman "cazadores de basura espacial" o "basureros espaciales". "Las dos fórmulas nos sientan bien", bromea Allonca. El equipo es interdisciplinario: ingenieros aeroespaciales y de materiales, abogados especializados en derecho espacial y científicos de datos trabajan juntos para comprender el fenómeno desde sus múltiples dimensiones y, en particular, desde las ciencias sociales.

Desde 2023, el CIEE es parte de la Zero Debris Charter impulsada por la Agencia Espacial Europea. Con el lanzamiento de MIRA, investigadores argentinos avanzan para que América Latina tenga voz propia en el debate global sobre el futuro de la órbita terrestre y el papel de nuestro país en él.