Días después de la venta, murió el último hijo del fundador de la Serenísima

Durante dos generaciones, la empresa láctea estuvo en manos de los Mastellone. Hace casi un mes se concretó la venta total a Arcor y Danone. José trabajó en el predio de General Rodríguez hasta el final de sus días.

21 de abril, 2026 | 18.27

José Mastellone, el último hijo del fundador de La Serenísima, murió esta semana. La noticia se conoció este martes y marcó un cierre simbólico en la historia de la empresa que funciona desde hace casi 100 años en la Argentina, cuyo paquete accionario fue vendido en su totalidad hace unos días a Arcor y Danone.

José trabajó hasta sus últimos días en el Complejo Industrial Pascual Mastellone, ubicado en General Rodríguez. Era hijo de Antonio Mastellone y Teresa Aiello, quienes fundaron la empresa en 1929. Y junto a su hermano Pascual le dieron un impulso vital a la firma para que pase de ser un pequeño negocio local a una de las marcas lácteas más conocidas e importantes de nuestro país.

Según medios locales, la muerte del "último lechero" se produjo este lunes. "Esperó la última firma y se fue", comentó un allegado a la familia. Mastellone fue el menor de cuatro hermanos varones, quienes habían dedicado toda su vida a la empresa. Los accionistas y el Grupo Arcor, los nuevos dueños de La Serenísima, despidieron con afecto a Mastellone en distintos avisos fúnebres publicados en los principales diarios de la Argentina. 

Los accionistas de Mastellone Hnos. S.A. despidió con "profundo pesar" a "don José", quien fuera un "pilar fundamental para el desarrollo de esta gran empresa. Una vida impregnada por los valores del esfuerzo y el compromiso. Su aporte ha sido invalorable y un ejemplo de trabajo para las futuras generaciones". 

Desde Grupo Arcor también destacaron que el último hijo del fundador de La Serenísima fue un "pilar fundamental" para el desarrollo de la empresa. Mientras que Danone resaltó que su "liderazgo e inspiración dejan un legado imborrable en la historia empresarial" de la Argentina.

La fundación de la Serenísima

El fundador de la empresa, Antonio Mastellone, había nacido en 1899 en Piano di Sorrento, Italia, y trasladó su conocimiento artesanal en quesos a la Argentina en 1925, donde se integró inicialmente al rubro lácteo en Junín. En sus inicios había recibido apoyo de un compatriota napolitano en General Rodríguez, donde levantó la primera base de su futuro emprendimiento.

En 1929, Antonio y Teresa iniciaron su producción con mozzarella y ricota. Él se ocupaba de la venta de quesos frescos en la zona del puerto y en San Telmo, hasta donde llegaba en tren todos los días. El origen del nombre "La Serenísima" remite a la escuadra italiana que sobrevoló Viena durante la Primera Guerra Mundial arrojando panfletos pacifistas. Este episodio inspiró a Mastellone para bautizar su empresa.

Con la compra de un camión en 1935 se dio inicio a una red propia de distribución, pieza clave en el modelo de negocio de la firma. Después de la muerte de Antonio en 1952, Pascual, con apenas 21 años, asumió la dirección de la empresa. En 1961 inició el procesamiento de leche pasteurizada, en 1963 se lanzó la línea de yogures y en 1967 se introdujo el dulce de leche.

A fines de la década de 1960, la empresa modernizó su logística reemplazando la clásica botella por el sachet. Ya en los años 1970, incorporó una planta de leche en polvo y la producción propia de la manteca.

La venta de la empresa

La relación entre Mastellone y Danone inició en 1995 con una alianza para elaborar, vender y distribuir productos en conjunto. Unos años después, la multinacional francesa adquirió el control de ese segmento de negocio, con el objetivo de consolidar su presencia en el mercado argentino.

Así obtuvieron un 49% del paquete accionario y ahora pasaron a tener el 51,1% restante, que se encontraba en manos de la familia fundadora y del fondo Dallpoint Investments LLC. Mastellone y Danone compartían la marca La Serenísima, la primera administraba el portafolio de leches y quesos duros y semiduros, y la segunda gestionaba los blandos, además de los yogures y postrecitos. La operación final se concretó después de un año de negociaciones y una disputa por la valuación de la empresa que casi termina en la justicia.