Nicolás Marín nació en San Miguel, y hoy es el Mejor Fotógrafo Naturaleza 23', premio a su labor como explorador de National Geographic. El joven de 25 años quedó en el Top 35 fotografías aéreas del mundo, Top 70 mejores fotógrafos submarinos del mundo y Top 150 fotografía de naturaleza, gracias a una imagen de una ballena jorobada junto a su cría, desde un ángulo cenital. No es la primera vez que el argentino se hace eco en los medios, y es que su cafetería "Magia con Amor" se convirtió en una de las más virales del conurbano bonaerense. Nico combina la pasión por la vida marina con la gastronomía en este espacio a metros de la majestuosa Iglesia Nuestra Señora de Lourdes, sobre Pío XII 1696, Santos Lugares.
Pero, ¿qué lleva a un joven a ser fotógrafo de vida salvaje? Nicolás cuenta, en diálogo con El Destape, que nació "en San Miguel, provincia de Buenos Aires, y el mar más cercano quedaba a unos 500 kilómetros. La realidad es que cuando era chico no decía: 'Quiero ser fotógrafo submarino', porque sentía que era algo completamente fuera de mi alcance".
Nicolás Marín: el joven de 25 años que se convirtió en explorador de NatGeo y dueño de una cafetería
¿En qué momento el sueño imposible de ser fotógrafo de National Geographic empezó a convertirse en realidad?
– Yo nací en San Miguel, provincia de Buenos Aires, y el mar más cercano quedaba a unos 500 kilómetros. La realidad es que cuando era chico no decía 'quiero ser fotógrafo submarino', porque sentía que era algo completamente fuera de mi alcance.
Veía los documentales de National Geographic, Animal Planet y otros canales desde la admiración. Miraba a esas personas nadando con tiburones y ballenas y pensaba que era increíble, pero también muy lejano. Era como ver a los astronautas llegar a la Luna y preguntarse cómo se empieza o dónde se aprende.
Por eso terminé dedicándome a otro sueño que sí tenía cerca de casa: el tenis. Entre los 9 y los 18 años jugué de manera competitiva. Todo iba muy bien e incluso viajábamos a competir a Estados Unidos. Cuando me preguntaban qué quería ser, respondía que tenista profesional.
Después apareció el miedo. Fue la primera vez que sentí que el miedo me quitaba un sueño. Cuando dejé ese camino empecé a buscar qué estudiar y ninguna carrera me terminaba de convencer. Entonces cursé una diplomatura en Creatividad e Innovación.
Allí apareció una búsqueda para administrar las redes sociales de un fotógrafo submarino. Hasta ese momento no tenía experiencia en fotografía de naturaleza. Vivía en San Miguel; no tenía tiburones ni ballenas cerca. Pero igual me postulé. El gran quiebre llegó cuando aprendí a bucear. La primera vez que estuve bajo el agua respirando con el equipo sentí algo muy fuerte. Pensé: 'No quiero que esto sea solo una experiencia linda. Quiero que sea mi forma de vida'.
Pasaste de admirar exploradores a convertirte en uno de ellos. ¿Cómo fue ese recorrido?
– Después de aquella primera experiencia llegó la pandemia y pensé que todo había terminado. Volví a San Miguel convencido de que aquello había sido apenas una aventura. Sin embargo, cuando terminó la pandemia todo cambió. En 2021 participé junto a Enrique Piñeyro en una expedición para documentar la pesca ilegal. Más tarde fui seleccionado por National Geographic como uno de los 25 Exploradores del Año.
En 2023 fui nombrado embajador de Naciones Unidas y comencé proyectos en las Islas Galápagos y Baja California, donde documenté tiburones martillo, orcas y ballenas jorobadas. Mientras estaba en Baja California me invitaron a sumarme a otro proyecto que daba la vuelta al mundo siguiendo los pasos de Charles Darwin. Así terminé recorriendo lugares como Fernando de Noronha, las Islas Malvinas y gran parte del Atlántico Sur. Pasé un año viajando y documentando ecosistemas marinos alrededor del planeta.
¿Qué historia hay detrás de la fotografía que te consagró como uno de los mejores fotógrafos de naturaleza del mundo?
– Hay algo que casi nadie sabe. Lo conté una sola vez públicamente. Cuando gané el premio que me reconoció como uno de los mejores fotógrafos del mundo, estaba atravesando una situación familiar muy complicada. Volví a Argentina y encontré una realidad muy distinta a la que imaginaba. Abrí la heladera de mi casa y prácticamente no había comida.
Mis padres siempre intentaban protegerme y decirme que todo estaba bien. Yo vivía afuera y muchas cosas no las veía. Pero esa semana en la que estaba recibiendo uno de los mayores reconocimientos de mi carrera, también descubrí que mi mamá estaba atravesando una situación económica muy difícil.
Fue duro porque, de repente, los roles parecían invertirse. Ya no eran mis padres quienes me ayudaban a mí, sino que me tocaba a mí ayudarlos a ellos. Recuerdo haberle dicho a mi mamá que íbamos a salir adelante, que aquello era solo el comienzo y que no íbamos a rendirnos. Pero también sentía una enorme responsabilidad. Mi tranquilidad depende en gran parte de que mi familia esté bien. Por eso ese premio tiene un significado muy especial para mí. Llegó en el mejor momento profesional de mi vida, pero también en uno de los momentos más difíciles a nivel personal.
¿Qué te enseñó la vida bajo el agua y el contacto directo con la fauna salvaje?
– Lo más especial de todo esto es trabajar cara a cara con animales que antes solo veía por televisión. A veces siento que estoy viviendo una versión real de las películas y documentales que miraba cuando era chico. La diferencia es que ahora soy yo quien puede mostrar esas imágenes a otros niños.
Eso me parece increíble porque, de alguna manera, acerca los sueños a las personas. Yo encontré mi camino en el océano, pero cada uno puede encontrarlo en un lugar diferente. La fotografía es mi herramienta para demostrar que los sueños pueden hacerse realidad y, al mismo tiempo, para generar conciencia sobre la importancia de cuidar la naturaleza. Para mí, una fotografía no vale solamente porque sea linda. Su verdadero valor está en poner a la naturaleza en el centro de la conversación, ya sea para mostrar su belleza o para alertar sobre los peligros que enfrenta.
Mientras recorrías el mundo fotografiando océanos, también ayudabas a construir una cafetería familiar. ¿Cómo nació Magia?
– La historia de Magia nació en un momento muy especial de mi vida. Mientras atravesaba un gran crecimiento profesional, mi mamá estaba pasando por una situación económica muy difícil después de haber sido víctima de distintas estafas. Ella tenía muchísima experiencia en gastronomía porque había desarrollado alrededor de diez cafeterías a lo largo de su carrera. Entonces decidimos unir fuerzas y buscar una nueva oportunidad.
El nombre Magia tiene un valor emocional enorme porque proviene de 'Magia con Amor', un emprendimiento artesanal que habían creado mi mamá y mi abuela. Mi abuela falleció en 2021, pero su legado permaneció vivo y terminó transformándose en algo mucho más grande. Hoy Magia con Amor es una cafetería de tres pisos con capacidad para 180 personas. Lo que más nos emociona es que no solo funciona como un negocio, sino como un espacio de encuentro.
Además, el proyecto está profundamente conectado con mi trabajo como fotógrafo y conservacionista. Intento llevar un pedacito del océano a la ciudad. Por eso el lugar alberga una exposición permanente con mis fotografías tomadas en distintos rincones del mundo.
¿Cómo lograron transformar una cafetería de barrio en uno de los lugares más visitados y comentados del conurbano?
– La elección de Santos Lugares fue bastante natural. Nosotros no éramos del barrio y justamente por eso el desafío era aún mayor. Teníamos que lograr que la comunidad nos adoptara y nos hiciera parte de su vida cotidiana. Con el tiempo entendimos que la gente no solo busca buena gastronomía. También busca lugares donde sentirse cómoda, escuchada y bienvenida.
Hoy Magia cuenta con tres pisos, terraza, espacios calefaccionados, opciones vegetarianas y sin gluten, producción artesanal y una propuesta muy vinculada a la sustentabilidad. Pero creo que lo que realmente marca la diferencia es la energía del lugar. La gente suele decirnos que se siente como en casa. Y eso es algo que no se compra. Se construye. Nuestro objetivo nunca fue simplemente abrir una cafetería. Queremos crear un punto de encuentro donde las personas puedan sentirse parte de una comunidad. Ese es el verdadero espíritu de Magia.
