Como ya ocurrió en otras áreas, el Ministerio de Salud de la Nación aprovechó la oportunidad para sacarse de encima esa tarea y derivarles a las provincias la responsabilidad de organizar cada una el suyo. "Nos duele –afirma Mario Rovere, que después de seis años acaba de dejar la dirección de la Escuela de Gobierno en Salud de La Plata, organismo que tiene a su cargo la gestión de las residencias en la provincia–, porque debilita la solidaridad, profundiza la inequidad entre provincias". Y recuerda que Buenos Aires es una de las pocas que financiaba sus propias residencias, pero se sumó al concurso único para estar a la par con las que no tenían esa capacidad. “Hicimos un esfuerzo para ir al examen único como una muestra de solidaridad con el resto de las jurisdicciones", comenta.
Con 2400 cupos disponibles, en el ERES bonaerense 2026 se presentan aproximadamente tres postulantes por vacante. Las especialidades más solicitadas son medicina (5223 inscriptos para sus diferentes especialidades), psicología (411), enfermería (360), trabajo social (239) y obstetricia (225). La mayor concentración de aspirantes rendirán en La Plata, que recibirá a 4398 el 18 de junio y a 1941 al día siguiente.
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Cuando el examen estaba unificado, desde el área de talento humano del Ministerio de Salud de la Nación pudo estimarse que había mayor cantidad de cupos que de postulantes para las residencias médicas, aunque la distribución no era coincidente con las elecciones de estos últimos. Es decir que había una vacante para cada uno de los egresados con una distribución distinta de lo que pretendían. "No servía para obtener el puesto, sino para elaborar un orden de mérito –explica Rovere–. Se les podían ofrecer residencias al 100% de los médicos que se graduaban”. La prueba era una herramienta para que cada aspirante pudiera elegir dónde formarse: quien lograba mejor puntaje tenía prioridad en la selección de sede y especialidad. Con la fragmentación, ya no será posible tener esta información.
"Históricamente, estaba la idea de que era un filtro, pero en algunas disciplinas incluso quedaban cupos vacantes", agrega Rovere. El caso más extremo es medicina general, donde las plazas con frecuencia permanecen sin cubrir. El polo opuesto sería anestesiología, que concentra una demanda muy superior a la oferta disponible. La distribución de aspirantes, lejos de ser uniforme, refleja los incentivos económicos y de prestigio que los futuros especialistas advierten en el sistema de salud.
El concurso nacional ejercía un rol compensador. Una persona que quedaba en la mitad de la tabla en una provincia y no accedía al cargo deseado, podía optar por otra. Ahora, el resultado de un examen en una jurisdicción no vale en otra, de modo que los aspirantes deben registrarse en varias para tener alternativas. Por esta razón, muchos se inscriben simultáneamente en dos o más. Rovere estima que hasta la mitad de los que se presentarán al examen de PBA también están anotados en el de CABA. "En el AMBA somos prácticamente un distrito único –subraya–; calculamos que alrededor de 3000 de los 7000 inscriptos en Buenos Aires también estarán en el concurso porteño”.
Esa doble inscripción obliga a sincronizar calendarios para evitar superposición de fechas, pero también a coordinar los tiempos de adjudicación. El problema organizativo es que un postulante puede aceptar un cargo en una provincia y luego dejarlo si consigue uno mejor en otra. "Lo que nos pasaba en otros años, cuando era también por provincia, era que uno por ahí le otorgaba una residencia a un postulante y si le salía algo que le convenía más, renunciaba y optaba por la otra –agrega–. Y lo mismo a la inversa: quienes quedan en posiciones menos destacadas del orden de mérito podían terminar aceptando una especialidad o una sede menos deseada para no quedarse sin nada”.
El 1 de julio de 2025, más de 13.000 profesionales rindieron el Examen Único en 28 sedes de todo el país. Al otro día, el Ministerio de Salud de la Nación publicó la controvertida Resolución 2109/2025, que modificó el reglamento del sistema e introdujo un esquema optativo de becas (en su modalidad “Ministerio” o “Institución”). Pero lo que terminó dominando la agenda no fue la reforma, sino la denuncia de posibles irregularidades: al analizar los resultados del concurso unificado, que concentraba a inscriptos de Nación, Ciudad de Buenos Aires y Provincia de Buenos Aires, surgió que la mayoría de quienes habían obtenido más de 90 puntos sobre 100 eran graduados en universidades extranjeras. De acuerdo con las autoridades, el fenómeno se explicaba porque los sistemas de calificación universitaria de varios países latinoamericanos tienden a producir promedios más altos que el argentino, lo que colocaba “en desventaja” a los graduados locales a la hora del orden de mérito.
Antes del examen, se anunció un nuevo esquema de evaluación: la nota final combinaría el promedio de carrera dividido por dos más el puntaje del examen, y quienes hubieran cursado todos sus estudios en universidades argentinas recibirían un adicional de 5 puntos en el orden de adjudicación. Luego del examen y ante las sospechas de fraude, 141 postulantes (133 de ellos graduados en el exterior) fueron convocados a rendir una nueva instancia de evaluación y no pudieron revalidar su nota original. Finalmente, en 2026, mediante el Decreto 555/2026 y la Resolución 2012/2026, Salud de la Nación formalizó el Examen Integrado del Sistema Nacional de Residencias de la Salud (EI) como única vía de ingreso en el nivel federal, y creó un Comité de Adhesión (CAEI) para coordinar el sistema. Instruyó que la evaluación debía pasar a realizarse en tablets, manteniendo el formato de 100 preguntas de opción múltiple, y estableció un piso mínimo de 60 puntos para las posbásicas (que requieren haber completado previamente una residencia básica). Sin embargo, la decisión sobre cómo tomar ese examen y cómo financiar los cargos recae ahora en cada jurisdicción.
El Ministerio de Salud bonaerense aprobó para 2026 la fórmula propuesta por Nación, pero introdujo numerosos cambios operativos y un protocolo riguroso. Habrá cuatro temas. Los aspirantes deberán llegar a las 7.30, escanear su DNI y validar su identidad. Recibirán una pulsera con color y número que determina su sector y fila. Todas sus pertenencias (bolsos, teléfonos, relojes inteligentes) deberán ser colocadas en una bolsa plástica que se precintará y guardará bajo la silla. La organización provee el cuadernillo (en cuatro versiones distintas para dificultar el copiado entre compañeros) y la lapicera. Las sedes de mayor afluencia contarán con circuito cerrado de cámaras. Está terminantemente prohibido manipular dispositivos electrónicos: ante cualquier situación sospechosa, el examen se retira de forma automática y sin advertencia previa. Cada aspirante deberá tener el pelo atado, no podrá usar gorra ni capucha, y deberá mantener muñecas y orejas visibles durante todo el examen. Una vez sentados, no podrán volver a pararse: si necesitan ir al baño, deberán comunicarlo al responsable de su fila y sector, que les dará un turno e indicará a qué baño ir de manera aleatoria. En el operativo participarán más de 1000 personas para orientar, organizar, y controlar a las y los aspirantes a lo largo de toda la prueba.
La adjudicación de la residencia, cuando finalmente llega, tiene algo de ritual. "Es muy emocionante, porque se otorgan en forma presencial, se van llamando los cargos, y a medida que aparece el postulante y lo toma, se va tachando", cuenta Rovere. El sistema tiene sus sorpresas: quien quedó quinto puede terminar eligiendo antes que el segundo o el tercero, si estos optaron por otra jurisdicción.
El sanitarista es cauteloso respecto del impacto de la descentralización en el financiamiento de las residencias. "Aunque viene retrocediendo, en la mayoría de las jurisdicciones Nación todavía tiene cierto peso", observa. Las excepciones son precisamente las tres más grandes: CABA, Provincia de Buenos Aires y Neuquén, que financian sus residencias con fondos propios. Algunas jurisdicciones más chicas recurrían a "un plus por arraigo o algún otro criterio por el cual se complementaba el salario para hacerlo atractivo". Sin ese sostén nacional, el riesgo es que las provincias con menos recursos queden aún más relegadas en su capacidad de captar y retener profesionales.
Por su parte, CABA tendrá su examen de residencias el próximo miércoles 10 de junio. Para esta edición hay más de 8600 profesionales habilitados, que rendirán en las dos sedes designadas: Facultad de Medicina y Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.
Del total de postulantes habilitados, 6278 corresponden a Medicina, 2022 al Equipo de Salud y 331 a especialidades posbásicas. Las vacantes disponibles son 1200. La convocatoria incluye a postulantes de todo el país y del exterior, y contempla puestos para los hospitales públicos de la Ciudad además de los hospitales Alemán, Churruca e Italiano, los sanatorios Dr. Julio Méndez, Güemes, el Instituto FLENI, el CEMIC, y todas las instituciones y hospitales que dependen de la Universidad de Buenos Aires.
Para garantizar la transparencia y seguridad del proceso, se implementará un operativo especial que incluirá controles de acreditación, identificación individual mediante códigos únicos, custodia de documentación y medidas para evitar el uso de dispositivos electrónicos. Entre ellas, se dispondrá el guardado obligatorio de teléfonos celulares en bolsas de seguridad Faraday y la prohibición de ingresar con anteojos o relojes inteligentes, u otros equipos electrónicos.
La adjudicación de cargos será el 16 de julio.
