Argentina es reconocida mundialmente por sus vinos y por destinos emblemáticos como Mendoza, Salta y San Juan, que consolidaron su prestigio en el enoturismo. Sin embargo, en los últimos años comenzó a resurgir una región que supo ser protagonista en la historia vitivinícola nacional: la provincia de Entre Ríos, con Concordia como epicentro y destino ideal para una escapada. Una ciudad reconocida por sus aguas termales, que suma la ruta del vino con bodegas y viñedos cerca de Buenos Aires.
Este territorio del litoral argentino, dueño de tierras fértiles y clima propicio, fue uno de los mayores productores de vino hacia fines del siglo XIX. La llegada de inmigrantes europeos, principalmente italianos, españoles y franceses, impulsó el cultivo de la vid y la elaboración de vinos que evocaban sus tradiciones ancestrales. Los primeros registros de viñedos en Entre Ríos datan de la década de 1860, con plantaciones en Colonia San José y Concordia. Más tarde, la actividad se expandió hacia Victoria y Federación, consolidando a la provincia como un polo vitivinícola destacado.
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De hecho, en el Censo Nacional de Viñas de 1907, Entre Ríos ocupó el cuarto lugar en producción, con más de 4.000 hectáreas cultivadas. Este dato refleja el empuje productivo de una época marcada por el entusiasmo y el trabajo constante de las comunidades inmigrantes. Sin embargo, en 1934 la Ley Nacional Nº 12.137 frenó abruptamente este desarrollo. La normativa, impulsada por la Junta Reguladora de Vinos, restringió la producción en el litoral para favorecer exclusivamente a la región de Cuyo. Como consecuencia, más de treinta bodegas entrerrianas cerraron sus puertas.
Renacer de los viñedos
Recién en la década de 1990, con un nuevo marco legal, algunos productores visionarios comenzaron a retomar la actividad. Así, Entre Ríos inició un lento pero firme proceso de recuperación de su tradición vitivinícola, que hoy se refleja en proyectos innovadores y en la apertura de bodegas al turismo. En este contexto, Concordia emerge como un destino clave. Famosa por sus aguas termales y paisajes naturales, la ciudad suma a su oferta turística la posibilidad de recorrer viñedos, degustar vinos y disfrutar de experiencias gastronómicas únicas.
La llamada ruta del vino entrerriana incluye propuestas entre Salto Chico y Salto Grande. Allí, los visitantes pueden participar de degustaciones, maridajes con comida típica y recorridos guiados que explican la elaboración artesanal de sus vinos. Entre las cepas más destacadas se encuentra el Tannat, variedad que encontró en Entre Ríos condiciones ideales para desarrollarse. Su sabor intenso y su capacidad de maridaje con carnes y platos regionales lo convierten en el emblema de la región.
La ruta del vino suma proyectos como Finca Fénix y la Bodega Siandra Hermanos. Estos emprendimientos familiares buscan recuperar la tradición vitivinícola y ofrecer experiencias turísticas de calidad. Concordia no solo invita a disfrutar de vinos, sino también de su entorno natural. Rodeada por localidades como Federación, Colón y San Salvador, la ciudad permite combinar escapadas termales con recorridos enológicos, creando un circuito turístico diverso y atractivo.
Este renacer vitivinícola se complementa con políticas de promoción del enoturismo y con la creciente demanda de experiencias auténticas. Cada vez más viajeros buscan destinos que integren naturaleza, cultura y gastronomía, y Concordia responde a esa tendencia con propuestas innovadoras.
