El "reloj cucú" del Flaco: un docente fabricó una nave espacial que rinde tributo a Spinetta en una plaza bonaerense

Diego Manusovich transformó su admiración por Luis Alberto Spinetta en un reloj cucú rockero construido junto a dos amigos que hoy sorprende a vecinos y fanáticos en una plaza de Chivilcoy.

15 de mayo, 2026 | 07.00

Diego Manusovich es un creativo nato. Desde muy pequeño, fabricaba linternitas y juegos de mesa. Más adelante, en la secundaria estudió electrónica e hizo un curso para arreglar radios AMs y FMs en las academias IADE. En simultáneo, creaba espanta mosquitos, micrófonos espías en cajitas de fósforos y cualquier artefacto que se le ocurriera. Sin embargo, su natural afición de inventor se detuvo cuando comenzó a estudiar Ciencias de la Educación. En ese cambio de rumbo, se recibió de pegadogo, ejerció como docente y publicó varios libros. Hasta que en la pre pandemia el entorno familiar, íntimo, despertó otra vez su veta de inquieto y así es que le hizo un velador a su hija de Harry Potter, varios muñecos mecánicos y cargadores de celulares. En ese retorno a la tecnología, unió dos pasiones: volver a crear y su amor al Flaco. Entonces fabricó junto a dos amigos la Nave Spinetta, una especie de reloj cucú rockero, que está en la plaza homónina al músico ubicada en la ciudad bonaerense de Chivilcoy. 

El sitio elegido es donde vive Diego y la fecha de inauguración fue el 23 de enero, el día del nacimiento del fundador de Almendra. No en vano, desde 2015 el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner la instauró como el Día Nacional del músico argentino. La nave, que se emplazó hace cuatro meses, podría ser la que cualquier fan del artista imaginó cuando pensaba en el Capitán Beto. Tiene 4 metros de altura por 3 de ancho. A cada hora, se abre su compuerta y aparece Luis saludando como al ritmo de algunas de sus -apróximadamente- 500 canciones que están cargadas en el artefacto. 

“Veinte segundos antes de la hora oficial, se realiza una cuenta regresiva en el reloj digital que tiene la nave, la gente va contando y en el momento cero empieza a girar una cuerda que está a su izquierda. A partir de ahí, se levanta la escotilla principal de la nave y cuando está más o menos por la mitad, Luis empieza a mover su mano, su pierna, empieza a girar el aro con la tapa de sus discos que está a su alrededor y suena una de sus canciones”, le explicó Diego Manusovich a El Destape, respecto del funcionamiento de su creación. 

Y continuó: “Al cabo de un minuto y medio, aproximadamante, empieza a bajar la escotilla, todo el sistema animatrónico cesa, pero la canción sigue hasta el final: dure lo que dure el tema y bueno, hasta la nueva hora que suene otra. Pero en el medio, entre hora y hora, hay sonidos, ruidos aleatorios, como de golpeteos, ruidos como de vapor, como si Luis estuviera arreglando una nave, porque quisimos poner sonidos para simular que está viva. En el mismo sentido, pueden salir algunas palabras de Luis Alberto que dijo en recitales, actos públicos o entrevistas”.

La génesis de la nave de fibra hecha en Chivilcoy

Tras retomar su veta de inventor, Diego realizó varias creaciones: un velador con motivos de la serie el zorro que proyecta imágenes sobre la pared de su habitación con la música del programa, una vía de tren con una micro locomotora que da vueltas y, entre otros objetos, varias naves Spinetta chiquitas. Desde el Municipio de Chivilcoy lo supieron, por lo que lo invitaron a mostrárselas a la comunidad. “Recuerdo que me dije: ‘Che, pará, no tiene mucho sentido que yo esto lo guarde para mí’. Y bueno, lo hice y la gente se copó muchísimo: chicos y grandes. Y ahí es donde surgieron, en octubre del año pasado, estas ganas de poder hacer el primer proyecto a escala. Digamos, así fue el devenir cronológico de esta locura que es la Nave Spinetta y hoy está en una plaza con su nombre y las 24 horas”, recordó.

Para su gran proyecto Diego decidió contar con dos amigos, cuya intervención fue determinante para el desarrollo técnico del proyecto. Ellos fueron Guillermo Solimo, responsable de la arquitectura digital y la programación, y Agustín Valenciano, a cargo de la estructura metálica y el diseño de la nave. La instalación se emplaza en un espacio intervenido a lo largo de los años y pensado como punto de encuentro cultural que es la Plaza Luis Alberto Spinetta, en la que hay sendos murales de portadas del artista, por caso

“Con Guille Solimo, que es como el Messi de la tecnología, de la informática, de la animatrónica, de la impresión en 3D, amigo que adoro, dijimos: ‘Che, vamos a trabajar con dos niveles de sonido. Uno de día, desde las 10 de la mañana hasta las 10 de la noche, que sea un volumen que guste, que dé capilaridad, que conmueva. O sea, no es un boliche, no es que explota, pero da un nivel de sonido lindo, como para estar tomando mate en la plaza. Mientras que el otro nivel, y funciona, es de noche. A partir de ese momento, aplaca el 50%, de modo de no joder a los vecinos, al barrio. Y cosa de que si venís a la madrugada, al mismo tiempo podés escuchar”, explica Manusovich. 

Ahora bien, sin ingresar en menesteres demasiado técnicos, la curiosidad incrementa cuando se conoce cómo funciona la Nave Spinetta. Diego Manusovich lo explica: “Adentro hay mucha tecnología. Por ejemplo: para mantener la hora oficial del reloj de la nave hace falta todo el tiempo estar empatándola con internet, porque eso es lo que permite ajustarla hora en forma exacta”. 

Y continuó: “Además, adentro de la máquina tiene sensores de edad y temperatura, que nosotros controlamos a través de nuestros celulares y tenemos una cámara de vídeo adentro, que nos permite ver los mecanismos cuando se abre la escotilla: que todo se mueva, que todo funcione y también podemos ver un poquito hacia afuera, así que muchas veces vemos a la gente con sus celulares desde la cámara que está en el interior de la nave. Todo eso se activa a partir de internet, que nos da nuestra vecina, que vive al lado de donde está colocada la nave. Esto es parte del esfuerzo colectivo que le dio sentido a esta Nave Spinetta”. 

De navecitas y máquinas para cambiar el mundo

Diego no se detiene nunca. De hecho, tiene varias naves Spinetta chiquitas en su casa, que cada 15 minutos mueven una hélice, baten unas alas y abren como una escotilla inferior, como una panza. Esos modelos giran un carrusel donde están todas las tapas de los discos de Luis y además está toda su discografía que se puede escuchar. Y ahora juega con su última creación: un aparatito que tiene un reloj arriba que al colocar un dedo, marca cuantas ganas tiene la persona de cambiar el mundo. 

“Tiene una aguja y las secciones son ‘pocas, medianas o muchas’. La aguja se va moviendo de acuerdo a quién pone el dedo en este sensor, que funciona con 12 voltios y lo tengo acá en mi mesa de luz. A ver, pongo el dedo y está en el límite entre medianas y muchas. Me parece un poco exagerado, pero bueno, esta mañana me levanté así”, Diego se ríe al explicar el mecanismo.

Con el mismo espíritu piensa en innovaciones para la Nave Spinetta de la Plaza, ubicada en la avenida Ceballos y San Lorenzo. “Hay novedades, pero no las quiero contar porque implica investigación, prueba y error: por lo que puedo llegar a confirmar cosas que luego no funcionarán, pero que vamos a hacerles cosas nuevas, segurísimo”, aseguró Diego.  

Seguir viviendo por tu amor

“Escucho a Spinetta desde los 12 años, recuerdo que mi hermano Pablo había empezado a estudiar en un conservatorio y él contaba que sus compañeros le hablaban mucho del Flaco, yo ni lo conocia. Al poco tiempo, tuve que ir a un ortodoncista y mientras caminaba hacia el consultorio, llegué a una disquería y lo primero que ví es Desatormentándonos: el disco debut de Pescado Rabioso. Bueno, se lo llevé a mi hermano y lo escuchamos juntos: realmente me impactó, un rock fuerte, distinto, con muchas poesía”, rememoró Diego. 

Y continuó: “Se engancharon todos mis hermanos con el Flaco y todos nos hicimos muy amantes de su música. Empezamos a comprar siempre sus discos, a ir a sus recitales, a hurgar en toda su discografía anterior hasta que se generó la magia del enamoramiento que hoy mismo persiste en el tiempo y la poesía de Luis Alberto”. 

Aún la familia del músico no se enteró del homenaje o al menos Diego todavía no lo sabe. Sin embargo, no pierde las esperanzas. “Esto es muy prematuro, estamos hablando de que se inauguró el 23 de enero. No obstante, ya se comunicó Hilda Lizarazu, Ricardo Mollo, muchos artistas en general, bandas que hacen tributo a Spinetta que quieren venir a tocar abajo de la nave y rendir su homenaje a este pequeño y humilde polo cultural. Es decir, que se está armando algo lindo, sin contar que hay algunas otras sorpresas que no puedo adelantar todavía, pero esto se está convirtiendo en algo bueno, que puede transformarse en un epicentro de valor del arte y de la cultura rock argentina”, concluyó Diego Manusovich.