¿Cómo escapaste del infierno? Hay un estigma que sufren los sobrevivientes de los centros clandestinos de exterminio de la Dictadura Militar por haber escapado del asesinato y la desaparición. Ese juzgamiento es todavía peor con las mujeres y tuvo que soportarlo Ana María Massochi, una mujer correntina y oficial de Montoneros que sobrevivió a la dictadura militar y se convirtió luego de mucha lucha en una reconocida empresaria gastronómica en Brasil. Su compañero, Jorge Livieres, fue asesinado y continúa desaparecido.
"Como en todos los ámbitos de la vida, a las mujeres nos trataron de forma diferente, como si fueras de segunda. En los centros clandestinos las violaciones a las mujeres eran un método de tortura", cuenta a El Destape Ana María, en su paso fugaz por Buenos Aires para presentar Desaparecida dos veces (Editorial Seix Barral), la obra que reconstruye su militancia, la detención, el asesinato de sus compañeros , la crianza de su hijo Carlos Livieres y la violación de su secuestrador.
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Ana María fue desaparecida dos veces. La primera vez fue secuestrada y torturada sin que sus familiares sepan dónde estaba. La segunda desaparición fue su exilio forzado a Brasil, donde sin tener nada debió crear una nueva vida a la fuerza con su hijo. El libro es una obra coral donde se mezclan las voces de Ana María con sus familiares, los amigos que sobrevivieron, los que la conocieron antes y después del infierno.
"Este libro nació porque una sobrina me preguntó cómo eran sus padres que están desaparecidos. Yo ahí con todo el dolor del mundo recordé a esas personas maravillosas y sentí la obligación de contar la historia. De darla a conocer para que todos sepan qué pasó. Muchos dicen que ya se contó todo lo que pasó con las mujeres en la dictadura. No es cierto, cada situación tiene su singularidad y creo que es una obligación que el mundo sepa qué ocurrió", explica Ana María.
Desaoarecida dos veces es la precuela de la exitosa obra de teatro Mi vida anterior que narraba la vida de Ana María. La publicación del libro coincide con el aniversario de los 50 años del inicio del golpe de Estado de 1976. "Este 24 de marzo lo veo con tristeza, porque creo que se retrocedió mucho en la Argentina. Se dan algunos debates que ya no deberían darse, que estaban saldados. Se preguntan el rol del Estado. El Estado debe estar para cuidarte", opina Ana María quien explica con la vocación militante que la llevó a intentar cambiar el mundo en los setenta.
El libro fue escrito por la periodista y guionista Teresa Donato luego de un arduo proceso de investigación y reconstrucción. No solo es destacable el trabajo periodístico, también la sensibilidad de Teresa para poder contener a Ana María. El libro no revela nombres de los torturadores porque todavía existe un miedo a los dictadores. Pese a que pasaron 50 años, las heridas todavía no cierran.
"Ana María tiene terror de su secuestrador que llamamos Beto y me parece que no es un dato menor dados los tiempos que corren con rumores de indultos y amnistías. Durante estos años de trabajo me pregunté mucho si estos nombres eran importantes para el libro y llegué a la conclusión que no. Su vida es la misma se llame como se llame el tal Beto o sus ex compañeros de clandestinidad y militancia. Quienes formaron parte de la militancia y de su familia sí son mencionados con nombre y apellido", cuenta Teresa
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El Destape dialogó con Ana María, Teresa y Carlos Livieres.
-¿Cómo viviste el proceso de publicación de este libro y qué te pasa hoy a 50 años del golpe de Estado?
-Ana María: Haber publicado este libro es una revolución para mí. Fue una tarea mental fuerte la de recordar. Este libro nació porque una sobrina me preguntó cómo eran sus padres que están desaparecidos. Yo ahí con todo el dolor del mundo recorde a esas personas maravillosas y sentí la obligación de contar la historia. De darla a conocer para que todos sepan qué pasó. Muchos dicen que ya se contó todo lo que pasó con las mujeres en la dictadura. No es cierto, cada situación tiene su singularidad y creo que es una obligación que el mundo sepa qué ocurrió.
Este 24 de marzo lo veo con tristeza, porque creo que se retrocedió mucho en la Argentina. Se dan algunos debates que ya no deberían darse, que estaban saldados. Se preguntan el rol del Estado. El Estado debe estar para cuidarte.
Antes preguntabas si nos habían vencido. Siempre pienso en esa pregunta. A mi la canción que nos nos han vencido no me gusta. Los chicos de La Cámpora se van a enojar con lo que voy a decir, pero nos derrotaron y nos masacraron. Si no nos hacemos cargo de que lo que pasó está mal, nunca vamos a entender cómo llegamos acá. Tenemos que empezar por decir que nosotros somos responsables. Tenemos que hacernos responsables de que hoy gobierna la Argentina ese loco con peluca. Una persona muy cercana me dice que teníamos 18 años y que ellos eran el Estado. Eso está claro, deberíamos haber tenido un juicio justo, pero lo que hicimos no estuvo bien. La dictadura diezmó a la generación más maravillosa de todas. Eran militantes comprometidos, eran intelectualmente lo mejor. Desaparecieron a los jefes sindicales de las fábricas. Fue un verdadero genocidio, nunca hay que olvidarnos de eso.
-Teresa: Este 24 de marzo lo vivimos con mucho miedo, porque hay un rumor (NDR: liberación de los genocidas de la dictadura). Siento el mismo miedo que viví cuando era una adolescente en la dictadura militar. Espero que el 24 la plaza grite que seguimos queriendo memoria, verdad y justicia. Más allá de las ideologías: torturar y tirar al río desde un avión a gente adormecida no tiene perdón. Los delitos se juzgan con la justicia la misma que tuvieron los militares: ellos no fueron secuestrados, torturados y arrojados al río. Sus familias saben dónde están presos. Vivir con la incertidumbre de dónde están tus seres queridos, esperar que vuelvan, soñar que están vivos es de una saña inimaginable. No comprendo cómo algunos no entienden este reclamo. Es sencillo: lo que se pide es justicia y saber dónde están esos cuerpos para llevarles una flor y tener donde despedirles después de 50 años.
-¿Qué cambios debiste impulsar con respecto a la obra de teatro?
-Teresa: La obra de teatro está basada en una primera edición de las entrevistas que hice durante dos años a Ana María y a su hijo Carlos. Elegimos un tiempo determinado. Acotarlo a una hora de teatro exigió una edición minuciosa donde no se perdiera información pero que tampoco se volviera un material discursivo, explicativo porque estábamos armando un material dramatúrgico con todo lo que eso implica. El libro cuenta la vida completa de Ana María, la génesis de su militancia y todo el proceso que vivió hasta hoy junto a sus reflexiones cincuenta años después que reivindican los ideales de los setenta pero analizando errores y caminos que hubiera podido ser distintos. No es arrepentimiento sino reflexión.
-Cómo afrontaste la decisión de no publicar nombres?
-Teresa: El proceso del libro llevó más de tres años. Fue complejo y duro. A mí, personalmente, no me interesan los nombres propios que se transforman en protagonistas dejando a la verdadera protagonista de esta historia en segundo plano. No quería que el libro llegara a los lectores con slogans tipo “la oficial montonera que estuvo en la clandestinidad con tal, fue la novia del tal” o cosas por el estilo. Mi fin primordial era contar la vida cotidiana de una mujer que eligió luchar por un mundo mejor, equivocada o no, teniendo un bebé de 18 meses y habiendo quedado viuda del gran amor de su vida. Esto no es una declaración judicial ni pretende serlo. Por otro lado es una novela de no ficción donde no engaño al lector: ya desde el comienzo sabe cuáles son los nombres reales o cuáles apodos. Sus compañeros están mencionados por sus “nombres de guerra”, los que están vivos saben quiénes son y quienes están muertos no merecen ser nombrados por su nombre propio sin su consentimiento. Ana María tiene terror de su secuestrador que llamamos Beto y me parece que no es un dato menor dados los tiempo que corren con rumores de indultos y amnistías. Durante estos años de trabajo me pregunté mucho si estos nombres eran importantes para el libro y llegué a la conclusión que no. Su vida es la misma se llame como se llame el tal Beto o sus ex compañeros de clandestinidad y militancia. Quienes formaron parte de la militancia y de su familia sí son mencionados con nombre y apellido.
-Hay una vinculación machista que ataca a las mujeres que salieron de centros clandestinos? ¿A los hombres los acusan de colaborar y a las mujeres de acostarse con genocidas?
-Teresa: En todas las guerras las mujeres son el botín de guerra. Las películas del neorrealismo italiano mostraban cómo los vencedores abusaban de las mujeres. La Ciociara protagonizada por Sophia Loren, dirigida por Vittorio de Sica, tanto su personaje como el de su hija son violadas por los soldados de las tropas aliadas. Nuestras mujeres además de sufrir las mismas torturas y vejaciones de los hombres fueron violadas y elegidas como “amantes” y digo fueron elegidas porque ellas no eligieron el destino que les tocó. Eran cosas, objetos sin nombre, a la orden de sus secuestradores. Intento con este libro reivindicar a los sobrevivientes y al dolor que sufrieron siendo considerados traidores y las mujeres, además, putas por haber tenido sexo con un militar. Se están cumpliendo 50 años del golpe de estado y ya es hora para revisar prejuicios y parámetros que solo consideraban a la muerte como una salida posible. Pero quienes fueron capturados sin la cápsula de cianuro a mano, según los que están subidos al banquito apuntando con el dedo acusador, ¿qué deberían haber hecho? Y esos prejuicios siguen vigentes, lamentablemente. Tanto libro como obra están llenos de grises y por eso se vuelven incómodos, porque no es la historia de una heroína sino de una mujer que hizo lo que pudo. Igual que todos nosotros.
-Ana María: Como en todos los ámbitos de la vida, a las mujeres nos trataron de forma diferente, como si fueras de segunda. En los centros clandestinos las violaciones a las mujeres eran un método de tortura.
-Teresa: Ana María se dio cuenta años después que lo que vivió con su represor fue una violación. Acostarte con alguien que no te acostarías estando en liberatad es una violación lisa y llanamente. Muchas veces se llevan a matizar estas situaciones, pero no es así. Los hombres también en algunos casos sufrieron violaciones pero de eso no se habla tanto.
-Qué sentiste al leer el libro y qué sintieron tus hijos?
-Carlos: Siento una mezcla de dolor muy grande y un poco de una cesación que nos llega a ser un alivio pero de ir entendiendo de ir construyendo un cuadro en que algunos pedazos de se van poniendo cada vez más claros aunque nunca sean claros de Del todo. Me parece que eso nunca es a ese lugar nunca vamos a llegar que todo sea clara. Tengo la idea de que siempre todo es un proceso.
-¿Qué sentis al ver que tu mamá se pone mal y tiene miedo? ¿Qué sentis cuando ves que hay personas que reivindican las dictaduras?
-Carlos: Yo respeto profundamente lo que siente. En ningún momento me pongo a juzgar. Eventualmente no siento lo mismo, por motivos obvios no vivimos las mismas cosas o de la misma forma. La gente que reivindica la dictadura me genera algo similar a lo que sentiría una persona judía frente a quienes reivindican el nazismo. Consigo tener un pensamiento reflexivo de los orígenes y de dónde viene pero en lo personal me parece un absurdo ejemplar. Y una derrota colectiva.
-¿Tus hijos pudieron leer el libro?
-Carlos: Mis hijos todavía no leyeron el libro. Creo que se van a movilizar muchísimo porque una cosa es que te cuenten que pasó eso y otra muy diferente es saber que se lo hicieron a una persona querida. Es saber que torturaron y violaron a una persona que amas. Por una parte desearía que nadie tenga que leer esto, pero por otra parte no podemos borrar la historia y necesitamos que se sepa lo que sucedió".
