Descubrieron el primer fuego humano: fue robado a la naturaleza y protegido en una cueva

De acuerdo a la investigación realizada por un equipo internacional, el Homo erectus ya utilizaba el fuego en una cueva de Sudáfrica, hace más de un millón de años.

02 de junio, 2026 | 16.23

Un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), en colaboración con la Universidad de Toronto, Canadá, reveló que un grupo de Homo erectus que vivía en la cueva de Wonderwerk, Sudáfrica, utilizaron el fuego de manera oportunista y recurrente antes de lo que se pensaba.

Según el análisis, comprendieron que el fuego, que se producía de manera natural por tormentas con rayos, podía ser trasladado al interior de la cueva y arder por más tiempo allí. Se trata de un hecho que habría ocurrido hace unos 1,5 millones de años.

Al dejar una rama encendida sobre una capa de egagrópilas (restos orgánicos que regurgitan las lechuzas que vivían en la cueva), las llamas duraban mucho más. La investigación fue publicada este lunes en la revista PLoS ONE e indica que nuestros ancestros introdujeron de manera intencionada el fuego en el interior de la cueva, a unos 30 metros de la entrada.

Los autores de la investigación utilizaron una novedosa técnica no invasiva basada en luminiscencia que les permitió identificar el efecto del fuego en los fósiles hace entre 1,07 y 1,79 millones de años, hasta 700.000 antes de lo se tenía documentado.

Los resultados del análisis

Según los estudios tafonómicos (disciplina que explica los procesos de fosilización de los restos orgánicos), la presencia de aves rapaces en Wonderwerk está documentada desde hace casi 2 millones de años. De hecho, en la actualidad siguen ocupando la cueva. Por eso el suelo debía de estar cubierto de egagrópilas (bolas compactas con los restos de alimentos no digeridos) regurgitadas por las aves.

El conjunto de restos de huesos y pelo de las egagrópilas hizo posible que Homo erectus mantuviera el fuego quemando los restos como lo haría una alfombra de lana, donde el fuego no se extiende, sino que quema donde se deja. “Nunca habíamos visto algo así”, explicó Yolanda Fernández-Jalvo, investigadora del MNCN-CSIC y coautora del estudio, en diálogo con elDiario.es. “Habíamos visto posibles señales de fuego, como fogatas separadas entre sí y a unos 30 metros de la entrada, que descartaba que hubieran sido lenguas de fuego que hubiera entrado en la cueva: tenían que ser humanos que introdujeron el fuego conscientemente”.

Las lechuzas siguen viviendo ahí, es una ocupación de muy larga duración”, indicó la investigadora. “Ese sustrato tenía una densidad tan importante, porque lo que regurgitan es fundamentalmente pelo y huesos que tienen una superficie combustible, donde puedes dejar el fuego y dura más tiempo”.

“Este contexto, que elimina la ambigüedad que a veces presentan los restos de huesos que han servido como alimento, apunta a un uso oportunista del fuego, probablemente traído desde el exterior y mantenido dentro de la cueva hasta que se extingue”, indica Michael Chazan, investigador de la Universidad de Toronto. “Este es uno de los pocos lugares donde además se ve cómo se inició la historia del fuego, el momento en que empezaron a darse cuenta de que el fuego les era útil y querían mantenerlo todo el tiempo que pudieran para poder acceder a él”, añadió Fernández-Jalvo. 

Una nueva metodología de estudio

Además del valor arqueológico del yacimiento, el estudio introdujo un nuevo protocolo no invasivo basado en las propiedades de luminiscencia de los huesos quemados, que se validó mediante su comparación con la Espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier (FTIR), una técnica ampliamente utilizada en arqueología.

"La metodología que hemos desarrollado nos permite distinguir fósiles quemados de aquellos que han sufrido alteraciones químicas durante la fosilización, como la fluoridación o depósitos de manganeso, que pueden imitar visualmente los efectos del fuego. Hemos mejorado la resolución con la que podemos identificar fósiles quemados en contextos muy antiguos", señaló la investigadora.