COVID-19 en Córdoba: cómo fue el trabajo de rastreo para que no exploten los contagios por la variante Delta

Los centros de rastreo fueron organizados contrarreloj por un equipo de la Universidad Nacional de Córdoba y se hizo por un acuerdo con el Ministerio de Salud de esa provincia; buscan a los contactos estrechos y a los indirectos, sintomáticos y asintomáticos

13 de septiembre, 2021 | 15.43

Luego de que, a mediados de julio, se verificara que el primer caso de la variante Delta del COVID-19 detectado en la ciudad de Córdoba les había transmitido el virus a decenas de personas, muchos anticiparon que en las semanas siguientes se produciría una explosión de casos similar a la que se había dado en otras partes del mundo. Probablemente, que eso no haya ocurrido se debe, en parte, a la tarea del centro de rastreo de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) que viene desplegando una tarea incansable desde los días más críticos de 2020, y en particular al software desarrollado contrarreloj por el ingeniero en sistemas Miguel Pagano, de la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (Famaf) de esa casa de estudios.

“Ayudaron mucho en el control de los brotes y fueron fundamentales para contener el de Delta –opina el bioinformático Rodrigo Quiroga, que ausculta la pandemia desde el primer día–. A pesar de que probablemente ya hay transmisión comunitaria (se detectaron varios casos con testeos al azar y rastros del virus en la planta de tratamiento de aguas residuales), el trabajo de rastreo fue fundamental para que aún no estén aumentando los casos. Hizo una gran diferencia junto con las restricciones de vuelos y es lo que hoy nos permite tener un porcentaje de casos por Delta relativamente bajo dentro de todo. Eso nos dio tiempo no solo para seguir vacunando sino para ir desplazando  los contagios por Delta hacia el verano, cuando sabemos que la contagiosidad es más baja tanto por cambios conductuales como por cuestiones climáticas, y así mitigar las consecuencias en internaciones y fallecimientos”.

Ejemplo de colaboración

El centro de rastreo organizado por la socióloga del Conicet Sol Minoldo en conjunto con Pagano y que ahora coordina Malena Moiraghi, doctora en ciencias agropecuarias, y también investigadora del Conicet y docente de la UNC; es un ejemplo virtuoso de colaboración entre el gobierno y la universidad. En esa provincia, el rastreo de contactos estrechos dependía del área de epidemiología del Ministerio de Salud y utilizaba un programa propio que estaba pensado solamente para cargar datos de positivos y resultaba engorroso. “Funcionó muy bien cuando los casos eran pocos, pero cuando empezaron a crecer les fue imposible seguirlos –cuenta Moiraghi–.  En el pico de la ola del año pasado estaban completamente desbordados”. 

Entonces, se firmó un acuerdo con la UNC para implementar una propuesta de centros de llamados para rastreo de contactos estrechos que quedó en manos de Minoldo, integrante del Comité de Emergencia de esa provincia. Implicaba diseñar en detalle cómo se iba a realizar el trabajo, cómo asignar y tomar los casos, cómo registrar la información, cómo capacitar al personal.

“La idea de dar acceso a 210 personas a una base con todos los datos de salud de la provincia me generaba inquietud. Me parecía difícil supervisar las buenas prácticas y coordinar los criterios de carga”, cuenta la investigadora.  

Por otro lado, el sistema en uso tenía algunas dificultades que entorpecían el trabajo: se pedían datos que se podían deducir de otro (por ejemplo,  de la edad, se puede calcular automáticamente el año de nacimiento); el servidor se caía con mucha frecuencia (todavía no se había migrado a otros más grandes); la carga de datos no era fluida:  no había cómo “pre-cargar” contactos estrechos y generar una lista de personas por llamar, sino que había que llenar muchos campos obligatorios, y el orden del ingreso de datos no coincidía plenamente con el circuito diseñado en la conversación del llamado de rastreo. Por último, la interfaz no era muy amigable, no era fácil procesar los datos de la base y no se podían realizar modificaciones para agregar información adicional que fuera de interés.

“Me parecía que era importante contar con alguna herramienta propia para sumar funcionalidades, recolectar la información con más agilidad, realizar la asignación de llamadas y organizar una ‘cola de tareas’, y que nos permitiera un acceso filtrado a la base de datos provincial –destaca Minoldo–. Así, no solo podíamos aplicar controles de calidad a la información antes de exportarla y mejorar la distribución del trabajo, sino también contar con un servidor que fuera grabando la información para que no se paralizara todo el trabajo si éste ‘se caía’”.

Con esa idea en mente, Minoldo se puso en contacto con el Famaf  y les consultó si era posible desarrollar en una semana o diez días una aplicación muy simple que cumpliera esas funciones. La facultad propuso poner a cargo a Miguel Pagano y financiar un equipo de trabajo como donación.

“Así fue como conocí a MIguel, que más allá de trabajar conmigo 10 días, lleva ya casi un año desarrollando una herramienta que resultó ser la columna vertebral de nuestra estrategia de rastreo”, recuerda Minoldo.

Distribución de tareas

Lo cierto es que la tarea no resultó tan simple como parecía. Pero a medida que iban trabajando, Pagano, ingeniero en sistemas doctorado en “teoría de tipos”, fue advirtiendo posibles problemas y proponiendo soluciones. En un trabajo maratónico, que luego continuó, desarrollaron el software y debieron adaptarlo para sortear obstáculos y mejorar la experiencia de uso, el proceso de trabajo, la carga de datos. 

“En los tres meses que duró el proceso de implementación, quedó clarísimo el papel fundamental de Miguel en el proyecto –destaca Minoldo–. Para mí, hablar con él no implicaba sólo poder encontrar estrategias para facilitar el trabajo en los centros, sino también reflexionar en conjunto acerca de criterios de prevención, conocimientos epidemiológicos, información y tareas”.

El programa hoy permite realizar una asignación de los casos mucho más coordinada entre las áreas y luego ir generando la cola de llamados de acuerdo con la información cargada en las llamadas a los pacientes y contactos. En el momento más difícil de 2021, el centro de la UNC realizaba más de 4 mil llamadas (para notificar, asesorar y asistir a pacientes y pedirles sus contactos estrechos; notificar, asesorar, otorgar turno de testeo y asistir a contactos estrechos; acompañar a los contactos estrechos durante varios días; y pnotificar el alta). Además, el sistema empezó a ser utilizado por equipos del ministerio que fueron a asistir localidades del interior de la provincia.

Por su parte, incómodo con los elogios, Pagano subraya que el trabajo impresionante es el que desarrollan los equipos que hacen las llamadas. “El programa informático es conceptualmente muy sencillo –dice–. La parte más interesante es cómo hace para ‘repartir’ los llamados. Pensamos en algo así como una cola de un banco, donde hay mucha gente por atender y no tantos cajeros. Ese era el punto más débil del anterior sistema, además de la interfaz de usuario”.

Según explica Moiraghi, este desarrollo facilita muchísimo la identificación y carga de casos de acuerdo con criterios prioritarios: “Contactamos primero a los contactos estrechos de los contactos indirectos para tratar de cortar lo más rápido posible la cadena de contagio –detalla–. Cuando un contacto estrecho tiene síntomas, cargamos a sus contactos indirectos suponiendo que son contactos estrechos de un positivo, sintomáticos o asintomáticos. Y si comprobamos que tiene síntomas la cadena sigue indefinidamente. Les indicamos todas las medidas de cuidado si tienen convivientes, cómo es el aislamiento y el protocolo vigente, les damos un turno de testeo y hacemos el seguimiento”. 

En su máxima capacidad, los centros de rastreo llegaron a sumar más de 400 personas cuando los positivos registrados en Córdoba capital ascendieron a alrededor de 2000 diarios. “En un momento, nos planteamos que no tenía sentido seguir ampliando cuando nuestra tarea no podía cumplir una función preventiva por la altísima circulación del virus –cuenta Moiraghi–. Sin embargo, igual llegábamos a miles de personas y les ofrecíamos ayuda. A pesar de que había pasado más de un año de pandemia, había gente que necesitaba que les explicaras cómo era todo y te agradecían la llamada. Nos han mandado audios de agradecimiento emocionantes”.

Para Pagano, algo que queda pendiente para el futuro es repensar la disgregación de los sistemas informáticos sanitarios. “La interacción es muy laxa”, observa. Y agrega Moiraghi: “Ahora nuestro foco principal está puesto en el control de brotes de la variante Delta. Se ubica la zona con casos, y todos los contactos los mandamos a testear y tipificar. Así se logró ir demorando bastante la circulación”.

Minoldo, Moiraghi y Pagano le dedicaron cientos de horas al centro de rastreo de contactos. “Para mí fue una gran sorpresa todo lo que pasó –concluye Minoldo–. Por un lado, lo útil y fundamental que puede ser un software de trabajo en cualquier dispositivo que vincule a muchas personas, tareas y datos diferentes. Además, me parece necesario destacar el compromiso de todos, y en particular de Miguel Pagano, con una dedicación principalmente motivada por su deseo de aportar, realizando un trabajo complejo y de muchas horas de manera casi anónima para la sociedad. Sobre todo al principio, no existía el tiempo libre o fines de semana. Y me consta que sigue siendo un pilar importantísimo para Malena Moiraghi, que está a cargo de la coordinación del operativo desde comienzos de 2021. De alguna manera, es una suerte de héroe para los cordobeses. Desde ya, lo es para mí y para quienes trabajan en el centro de llamadas de la UNC. Y estimo que en el Ministerio de Salud debe haber cosechado también mucha admiración”.

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