La causa por el desvío de medicamentos del Hospital Italiano está cerca de definir si los procesamientos del médico anestesista Hernán Boveri y la residente, Delfina “Fini” Lanusse, quedan firmes.
El fiscal general Ricardo Sáenz le pidió a la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional que confirme la decisión del juez Javier Sánchez Sarmiento, que en abril pasado dictó la vinculación formal de ambos profesionales en la causa que paralizó al Italiano.
Sáenz sostiene que hay elementos de prueba suficientes para acreditar que los dos anestesistas se aprovecharon de su posición para desviar propofol y otros insumos hospitalarios. Según la investigación, retiraban los fármacos de la farmacia con el pretexto de usarlos en cirugías pero en realidad se los llevaban a sus casas para consumo personal y la realización de fiestas clandestinas.
Entre los testimonios que respaldan el pedido del fiscal se destaca el de Mercedes S., colega y amiga de Lanusse. La profesional aseguró que presenció episodios de consumo de propofol en la casa de “Fini”, con la participación de Boveri y que allí observó la utilización de “vinchas VIS”, un material que se usa para monitorear anestesia y que no debería salir del hospital.
Chantal Leclerq, otra anestesióloga y amiga de Lanusse, declaró que encontró a "Fini" tirada en su casa, semi inconsciente, y que ella misma fue quien le confesó que se había “drogado” con Boveri. Otras dos colegas, N. y K., afirmaron haber visto insumos hospitalarios en la vivienda de la joven residente. Mientras que en el domilcilio de Boveri, también secuestraron elementos similares.
La expareja de Boveri declaró que él admitió haberse inyectado propofol con Lanusse fuera del hospital. El jefe de Anestesiología del Italiano, Gonzalo Domenech, y otros miembros del hospital y de la Asociación de Anestesia Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA) confirmaron haber escuchado a los imputados admitir estas conductas en reuniones internas.
El modus operandi de los robos
Un anestesiólogo describió la mecánica del desvío: el médico registra una dosis mayor de la realmente aplicada en la historia clínica y en los registros de farmacia; la diferencia queda disponible para usos no autorizados.
El jefe de residentes, Martín De Bonis, admitió que las ampollas descartadas no se cuentan y que es posible falsificar las hojas de farmacia. De esta forma, el propofol abandonaba el Italiano y era utilizado para otros fines no médicos.
En este marco, los abogados de Boveri y Lanusse apelaron el procesamiento. La defensa del anestesista sostuvo que no se probó cómo se sustrajo la medicación, que la acusación se apoya en “testigos de oídas y rumores” y que el propio hospital no demostró un perjuicio económico concreto.
Por su parte, la representación legal de Lanusse cuestionó la falta de pruebas directas de la sustracción y criticó el valor de las declaraciones hechas en la AAARBA.
Ahora, la Cámara de Apelaciones deberá resolver en los próximos días si confirma o revoca los procesamientos. Si se ratifican, la causa avanzará hacia una instancia de juicio oral. El caso estalló en 2026 luego de que se detectaran faltantes de medicamentos en el Hospital Italiano y se destapara una trama de consumo recreativo de anestésicos entre profesionales de la salud.
