(Desde Río de Janeiro) La 13ª Conferencia de la Sociedad Internacional de Sida AIDS 2026 comienza oficialmente este lunes en Río de Janeiro con un contraste que marcará toda la semana: por un lado, nuevas evidencias científicas que confirman la eficacia casi total de las herramientas de prevención de última generación; por el otro, datos que muestran el deterioro acelerado de los servicios de VIH en decenas de países a raíz de los recortes de fondos impulsados por Estados Unidos y otros gobiernos.
Con cerca de 7.000 asistentes presenciales y más de 70.000 delegados registrados en total, según los organizadores, la cita reúne a investigadores, funcionarios de salud, activistas y periodistas de todo el mundo en lo que la propia presidenta de la conferencia, la infectóloga brasileña y actual presidenta de la Sociedad Internacional de Sida (IAS) Beatriz Grinsztejn, describió como "la conferencia de sida más austera de la historia", producto de una fuerte optimización de recursos que permitió, sin embargo, sostener casi 800 becas, la mayoría para delegados de África y América Latina.
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Entre los datos más esperados de la conferencia figuran los nuevos resultados de los ensayos PURPOSE-1 y PURPOSE-2, que confirman que el lenacapavir inyectable, administrado apenas dos veces por año, mantiene una protección excepcional contra el VIH, con niveles de adherencia altos, prácticamente sin nuevas infecciones y sin problemas de seguridad adicionales. A esto se suma la presentación de resultados prometedores sobre una combinación oral semanal de islatravir y lenacapavir, que logró una supresión viral equivalente a la de la terapia diaria, abriendo la puerta a esquemas de tratamiento más flexibles.
Grinsztejn subrayó en una rueda de prensa precongreso que se trata de "un sueño" hecho realidad: contar por fin con estrategias de prevención altamente efectivas. Pero advirtió que la brecha entre la disponibilidad de estas tecnologías y su llegada real a las personas que las necesitan sigue siendo enorme, especialmente en América latina, donde, según explicó, casi toda la región permanece fuera de los acuerdos de genéricos para los medicamentos recientemente aprobados, lo que retrasa su incorporación a los programas nacionales de prevención.
La ciencia avanza, pero el financiamiento retrocede. Antes incluso de la apertura oficial, la conferencia estuvo marcada por la presentación de nuevos estudios sobre el impacto de los cambios introducidos por la administración Trump en el Plan de Emergencia del Presidente de Estados Unidos para el Alivio del Sida (Pepfar), el mayor programa mundial de lucha contra el VIH, el agente causal del sida que, como todos los virus, no reconoce fronteras nacionales.
El estudio Pepfar Pulse, elaborado por la Fundación para la Investigación del Sida (amfAR) junto con la Universidad Johns Hopkins, Funders Concerned About AIDS y Data Etc., encuestó a 166 organizaciones implementadoras en 46 países entre noviembre de 2025 y abril de 2026. Sus conclusiones son contundentes: más de la mitad de las organizaciones perdió al menos una subvención, lo que contribuyó al cierre de más de 1.700 sitios de atención al VIH, entre clínicas y centros comunitarios. Un 77% de los socios que conservaron financiamiento debió aceptar nuevas condiciones, entre ellas restringir el trabajo con las llamadas "poblaciones clave" (trabajadoras sexuales, hombres que tienen sexo con hombres y personas que se inyectan drogas), el grupo más vulnerable al virus.
Mientras el tratamiento antirretroviral se mantuvo relativamente protegido, la prevención y los servicios comunitarios fueron los más golpeados: un 43% de las organizaciones que ofrecían servicios de prevención discontinuó de forma permanente al menos una actividad, y más del 80% de quienes brindaban apoyo comunitario reportó interrupciones. Un segundo estudio, centrado en la población pediátrica, encontró que en 20 de 21 países con importante carga de casos infantiles se registraron caídas en el tratamiento de niños con VIH más pronunciadas que entre los adultos, con Sudáfrica a la cabeza con cerca de 31.000 niños menos en tratamiento a través de sitios apoyados por Pepfar. Según cifras difundidas por organizaciones activistas, los recortes ya habrían afectado el tratamiento de 77.163 niños y provocado una caída del 42% en la inscripción a la profilaxis preexposición (PrEP).
Pero el retroceso del financiamiento no solo afecta a países africanos. En la Argentina, que no participa del programa Pepfar, se vislumbran posibles dificultades para sostener la entrega de antirretrovirales. Desde 2024, el programa nacional de VIH, ITS, hepatitis virales y tuberculosis (creado por la Ley 27.675 para garantizar el acceso gratuito a diagnóstico y tratamiento) viene sufriendo recortes presupuestarios sucesivos que para este año alcanzan niveles muy altos, según datos difundidos por organizaciones como la Fundación Huésped. A esos ajustes se sumaron el despido de cerca del 40% del personal de la dirección nacional que atiende estas enfermedades, la falta de campañas oficiales de testeo (casi la mitad de las personas que reciben un diagnóstico de sida llegan tardíamente a la prueba), la ínfima distribución de preservativos y denuncias de demoras de más de un mes en la entrega de antirretrovirales en obras sociales provinciales. Organizaciones de la sociedad civil y legisladores de distintos bloques impulsan en el Congreso un proyecto de emergencia sanitaria para revertir la caída, mientras advierten que la experiencia de crisis previas, como la de 2001, muestra que las interrupciones de tratamiento derivan en resistencia a los medicamentos y aumento de casos.
En una sesión previa a la apertura formal, funcionarios estadounidenses defendieron la llamada "Estrategia de Salud Global América Primero", que reemplaza el financiamiento tradicional por acuerdos bilaterales a cinco años (Memorandos de Entendimiento) que exigen a los países socios asumir progresivamente mayor responsabilidad financiera. Jeff Graham, coordinador interino de la lucha global contra el sida de Estados Unidos, justificó esa decisión sosteniendo que bajo el antiguo esquema solo 40 centavos de cada dólar de ayuda llegaban efectivamente a la primera línea de atención, mientras el resto se destinaba a gastos administrativos y de gestión. Graham insistió en que Washington "cambia el modelo, no la misión", y afirmó que ya se firmaron 34 acuerdos que comprometen cerca de 15.000 millones de dólares estadounidenses en cinco años, junto con más de 10.000 millones de dólares en cofinanciamiento de los gobiernos socios.
Eso originó una respuesta inmediata en la sala. Activistas interrumpieron la presentación acusando a la administración estadounidense de provocar una emergencia de salud pública. Asia Russell, directora de Health GAP, calificó los acuerdos bilaterales de "tratos coercitivos" que excluyen a las personas con VIH de la mesa de negociación, mientras Yvette Raphael, de la organización sudafricana APHA, denunció un intento de dividir a los países africanos. Ante los cuestionamientos, la funcionaria estadounidense Rebecca Bunnell debió reconocer que no se puede dejar a ningún grupo atrás, porque eso conduciría al fracaso.
En la rueda de prensa, Grinsztejn también respondió a preguntas sobre el futuro de Onusida, cuya continuidad, dijo, es indispensable pese a los recortes, ya que sin el organismo se perderían los sistemas que permiten monitorear infecciones, muertes y cobertura de tratamiento en el nivel mundial para el VIH-sida y también para otras patologías. También destacó que el sistema público brasileño garantiza acceso universal a la terapia antirretroviral y que el país incluso amplió su cobertura. No obstante, admitió que América latina en su conjunto enfrenta serias barreras de acceso a las nuevas tecnologías de prevención de acción prolongada.
La infectóloga recordó que nuestra región atraviesa una epidemia concentrada en hombres jóvenes que tienen sexo con hombres y mujeres transgénero, poblaciones que enfrentan altos niveles de discriminación, homofobia y transfobia que les impiden acceder a los servicios disponibles. Consultada sobre si el fin del sida es hoy más una cuestión política que científica, Grinsztejn no dudó: la ciencia ya ofrece las herramientas necesarias, pero la falta de financiamiento para ponerlas al servicio de quienes las necesitan hace "muy difícil" alcanzar las metas fijadas para 2030.
