(Desde Rio de Janeiro).– La apuesta que recorre todas las sesiones de AIDS 2026, la Conferencia Mundial de Sida que se está llegando a su fin en estos días, se centra en los nuevos antirretrovirales de larga duración, que además de ser altamente efectivos simplifican enormemente el control del virus y pueden utilizarse en prevención.
“Las nuevas drogas antirretrovirales comparten dos características centrales: son esquemas de terapia doble y, además, son de larga duración, lo que permite dejar atrás la toma diaria”, explica Pedro Cahn, fundador y director científico de la Fundación Huésped. Hasta ahora, los tratamientos eran diarios. La estrategia de la terapia doble es una creación argentina, propuesta por esta entidad y hoy incorporada a las guías internacionales de Estados Unidos, Europa, la Organización Mundial de la Salud y la Sociedad Argentina de Infectología.
De estas nuevas opciones, la primera aprobada en la Argentina es la combinación inyectable cabotegravir + rilpivirina. Se aplica por vía intramuscular cada dos meses. La Fundación Huésped participa en un estudio internacional (llamado “Quatro") que evalúa si esta misma combinación puede espaciarse cuatro meses en lugar de dos. (Quienes estén interesados en participar pueden contactar a la fundación, ya que todavía hay cupos disponibles; los requisitos son ser pacientes indetectables, con al menos seis meses de tratamiento y sin haber fallado nunca).
Pero el medicamento que despierta más interés es el lenacapavir, aprobado hace pocos meses en los Estados Unidos y en algunos países europeos (Gran Bretaña decidió no comprarlo por su precio), que se administra por vía subcutánea cada seis meses. Cahn aclara que "todavía le falta una novia": una segunda droga con la que pueda combinarse con esa misma periodicidad, algo en lo que ya se está trabajando.
En la conferencia se presentaron, además, dos esquemas nuevos que, a diferencia de los anteriores, son orales pero de toma semanal. “Uno puede decirle al paciente que su tratamiento se limita a tomar una pastilla el domingo a la noche. Y nada más", resume Cahn. Se trata de islatravir combinado con ulonivirina, y de islatravir combinado con lenacapavir, esta última, una asociación inédita entre los laboratorios Merck y Gilead, que hasta ahora competían entre sí. Según Cahn, este formato favorece la aplicación de una modalidad que en el tratamiento de la tuberculosis se conoce como “terapia directamente observada” (DOT, según sus siglas en inglés): el acompañamiento de un familiar, pareja, amigo, voluntario, trabajador social o incluso un recordatorio en el teléfono para no olvidar la toma semanal.
El estigma como barrera
Para el especialista, la clave de estos avances no pasa solo por la comodidad. “Si a mí me preguntaran si prefiero tomar todas las noches una estatina para el colesterol o recibir una inyección, ni loco elegiría la inyección, porque la pastilla diaria simplemente me recuerda que tengo el colesterol alto, algo que no genera ningún conflicto. Pero si fuera un paciente VIH, que cada vez que tomo la pastilla me someto al ambiente de estigma y discriminación que hay, es complicado. Hay personas que viven la enfermedad de manera clandestina, incluso dentro de su propia casa, y que llegan a guardar la medicación dentro de frascos de aspirinas para que su familia no descubra que tienen VIH. Para ellos o ellas, la medicación inyectable cada dos, cuatro o seis meses, o el tratamiento semanal pueden representar una verdadera solución. Pero para eso tenemos que tener un sistema dispuesto a pagar por el bienestar del paciente".
Cahn insistió con el mantra de esta conferencia: "Si las innovaciones no le llegan a la gente, no hay progreso”. En la Argentina, hasta ahora solo está aprobada la combinación de cabotegravir y rilpivirina, y únicamente como tratamiento, no como PeEP (profilaxis preexposición). Y el obstáculo central es el precio. Según estimaciones del Ministerio, en el país viven unas 140.000 personas con VIH, pero "no llegan a una centena" las que reciben la combinación inyectable. La razón es que el tercer pagador (ya sea el Estado, la obra social, en estos momentos con "una terrible demora en la cadena de pagos”, o los auditores de la medicina prepaga), suele argumentar que existe una alternativa: la pastilla diaria, que también controla la enfermedad y resulta más económica.
Como referencia de costos, Cahn citó el caso del lenacapavir, que ronda los 28.000 dólares anuales. "Habiendo tratamientos que cuestan centavos, uno se pone en los zapatos del que tiene que autorizar", dijo, y señaló que quien debe pagar razona que por lo que cuesta un solo tratamiento de estos podría cubrir diez, quince o veinte convencionales. Pero hay quienes aducen que esos costos no son reales y podrían reducirse sensiblemente.
Mientras el mundo celebra los resultados del lenacapavir como una herramienta casi infalible para prevenir el VIH, en América Latina la pregunta central no es si el medicamento funciona, sino quién podrá pagarlo, coincide Tom Ellman, director de la Unidad Médica de Sudáfrica de MSF, que no duda en calificar la situación como una injusticia. Según explica, ni ViiV Healthcare (fabricante de cabotegravir) ni Gilead (fabricante de lenacapavir) están garantizando el acceso en la región, "a pesar de que las investigaciones con las cuales demostraron la eficacia de sus moléculas utilizaron los cuerpos de personas de Argentina, Brasil y otros países latinoamericanos".
Para Ellman, esa desconexión entre investigación y acceso no es un detalle técnico, sino una cuestión de justicia: “Desde el punto de vista ético, es inaceptable, aunque los individuos que participaron en esos estudios reciban la medicación: ellos no intervinieron a título personal, sino en nombre de sus comunidades”.
El lenacapavir, aplicado cada seis meses, es descripto por Ellman casi como una vacuna preventiva: "hasta la fecha mostró 100% de eficacia para evitar la infección en personas con altísimo riesgo". Pero sostiene que su costo de producción permitiría venderlo a "40 dólares por año", cifra que sustenta la campaña internacional que impulsa MSF para exigir ese precio en todos los países.
Sin embargo, el acceso preferencial que ofrece Gilead está limitado casi exclusivamente al continente africano, algo que cuestiona con dureza, ya que en América Latina hay poblaciones igualmente pobres y vulnerables. Y agrega que “ni siquiera en ese caso la compañía asegura una provisión estable”.
América Latina, la cenicienta
Los laboratorios suelen licenciar sus patentes para que fabricantes de genéricos, principalmente en la India, produzcan versiones más económicas destinadas a los países más pobres, sobre todo de África. El problema es que América Latina queda afuera de esa lógica: "Somos lo suficientemente pobres como para no poder pagar esos precios, pero lo suficientemente ricos como para no ser elegibles por parte de las compañías –destaca Cahn–. Nuestra región es la Cenicienta de la lucha mundial contra el sida".
A esto se suma la heterogeneidad interna: Haití tiene un PBI per cápita menor a 3.000 dólares, Uruguay supera los 30.000, ilustra, y una negociación fragmentada frente a los laboratorios. Como contraejemplo menciona a Brasil, un país de 280 millones de habitantes con "un programa ejemplar desde siempre" (que solo perdió calidad durante el gobierno de Bolsonaro y luego se recompuso), capaz de negociar de igual a igual con las empresas multinacionales. A la desigualdad estructural se le suman los recortes de fondos internacionales para VIH dispuestos por la administración de Donald Trump a través de USAID y PEPFAR, que golpean especialmente a África, donde se concentran dos tercios de los casos mundiales.
De acuerdo con Lorena Di Giano, directora de la Fundación GEP, "no hay registro sanitario en Argentina del lenacapavir. Gilead presentó seis solicitudes de patentes para obtener el monopolio y nosotros hicimos cinco oposiciones –detalla–. Hasta el momento logramos tres rechazos y una de ellas fue abandonada por parte de la propia empresa, que no pudo responder a los argumentos presentados. Quedan dos pendientes de resolución".
No es un logro menor: "Somos el primer país del mundo –subraya– que logramos a través de las oposiciones a patentes conseguir el rechazo de esta tecnología que se vende como una innovación y esto nos permitiría producir localmente el genérico”.
Para Di Giano, el desenlace de las solicitudes pendientes definirá el futuro de la producción de lenacapavir en el país. Si se rechazan, sostiene, "Argentina se convertiría en una fuente de producción de este medicamento que está demandando todo el mundo". Si, en cambio se otorgan, en un contexto de "cambio de las reglas de juego y la derogación de las guías de patentabilidad", el escenario sería otro: el país "va a tener que importar (...) a precios exorbitantes”, aunque, según fuentes ligadas a la industria, ”ya hay un laboratorio local que está desarrollando la versión genérica y estaría en condiciones de producirla para el país y la región”. Para el cabotegravir no hay todavía producción local del fármaco.
Inquietud por el presupuesto 2027
Acerca de la situación local, Cahn aclara que el flujo de antirretrovirales tradicionales no se interrumpió, pero advierte sobre el proyecto de presupuesto previsto para 2027: sería inferior al de 2026 pese a una inflación anual estimada del 30% y a la incorporación de entre 5.000 y 6.000 nuevos casos por año. En ese escenario, sin una partida adicional, la cantidad de tratamientos que podrían comprarse sería menor incluso que la cantidad de pacientes atendidos en 2026.
Mientras el ministro de Salud de Brasil afirmó en la conferencia que el 22% de las personas diagnosticadas con VIH comienza el tratamiento el mismo día del diagnóstico, Cahn considera algo "imposible" de lograr hoy en la Argentina por los trámites burocráticos vigentes.
Remata Ellman: “Las compañías están practicando la investigación clínica como si fuera una industria extractiva, obteniendo información de la gente y de sus comunidades sin ofrecer el acceso. Pedimos a los Estados que asuman un rol activo, empujando, acelerando y, si es necesario, utilizando todos los resortes legales disponibles para asegurar el acceso para sus poblaciones. Estamos asistiendo a una falta de solidaridad humanitaria que está empeorando cada año, liderada por los Estados Unidos y que incluye una política anticiencia y antigénero, lo que repercute directamente en el acceso a la PrEP para poblaciones clave. El financiamiento internacional para VIH cayó a un nivel que no hemos visto en casi 20 años”.
Entre el 26 y el 28 de agosto se realizará en Buenos Aires el simposio científico anual de la Fundación Huésped y allí, por primera vez, los tres grandes laboratorios que compiten en el desarrollo de antirretrovirales (GSK/ViiV, Merck (MSD) y Gilead) compartirán una misma mesa para discutir su visión de la innovación en VIH. Participarán Perry Mohammed (ViiV/GSK), Christian Ramers (Gilead) y Rafael Campo (Merck).
