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Milei y Malvinas: el giro de un presidente rehén de sus propias opciones

Los anuncios en cadena chocan con un limite que el gobierno no puede cruzar. Los fondos y bancos que están detrás de la compañía israelí que lidera el proyecto para llevarse el petroleo de las islas. El rol de Chile. A Rockhopper y Navitas le entran las balas.   

06 de septiembre, 2026 | 00.05

Con muy poco, Javier Milei y Santiago Caputo pueden crear un Patio de las Palmeras digital y darle argumentos a los aplaudidores 2.0. Más difícil es recuperar el tiempo perdido, los 3 años en los que el gobierno de la Libertad Avanza fue y vino sin saber qué hacer ante la causa Malvinas. La reacción de Milei en un tema estratégico llega muy tarde, cuando el oficialismo necesita salir de la encerrona de su programa económico. Es una cuestión de supervivencia, como decía el discurso que leyó el presidente. El repertorio oficial para la reelección no dispone de mejoras concretas en el bolsillo de las mayorías y hay que bucear en aguas profundas.

Los anuncios van en línea con lo que ya hicieron gobiernos anteriores, pero se dan en un contexto distinto: con el Atlántico Sur como eje de la disputa de Trump con China y con aliados fundamentales de Milei que traicionan su obsecuencia militante en el rubro de las relaciones internacionales. La contradicción fatal del ex panelista. 

“¿El mejor discurso de la historia? De la historia de Milei, puede ser. Cero novedad”, dice un dirigente que colaboró con el gobierno hasta hace no tanto. El presidente logró su pico de rating en cadena nacional dos días después de un hecho que distintos especialistas consideran de enorme relevancia: la presentación conjunta que el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM) y la Asociación de Abogados Ambientalistas hicieron en el juzgado federal de Río Grande contra la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration. Son las empresas que en mayo pasado le anunciaron a sus inversores la apuesta de fondo: extraer, en el mediano plazo, 180 mil barriles de petróleo por día de Malvinas, en abierta violación de las resoluciones de la ONU y el finado derecho internacional. 

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La acción preventiva busca detener un doble daño, ambiental y soberano, en la Cuenca Norte de Malvinas, a 220 kilómetros de Puerto Argentino. La cautelar colectiva le pide a la jueza Mariel Borruto un embargo contra las empresas en el territorio usurpado: suspender las obras, perforaciones y movimientos del lecho marino, así como impedir nuevos contratos, desembolsos, transferencias o garantías destinados al proyecto Sea Lion. Además, pide que se informe del expediente a organismos de control financiero y mercados donde operan las compañías: la “Financial Conduct Authority” (FCA) del Reino Unido, la “London Stock Exchange” (LSE), la “Israel Securities Authority” (ISA), la “Tel Aviv Stock Exchange” (TASE) y la “New York Stock Exchange” (NYSE). El objetivo de los demandantes es que se intime a las petroleras para que identifiquen bancos, fondos, aseguradoras y actores que sostienen la explotación. “El dinero deja huellas”, dicen. 

La caída de las acciones de Navitas (-2,3%) y Rockhopper (-6%) al día siguiente de la cadena de Milei muestra que la acción tiene efectos concretos. También el anuncio de tres grandes petroleras que se desligan de los negocios en una zona de conflicto. El impacto sobre las acciones de las empresas que operan en las islas no es nuevo: algo similar ya había ocurrido años atrás, lo que delata la pasividad de la extrema derecha durante el 70% de su mandato. “Es el mecanismo más efectivo. Lograr que bajen las acciones de las petroleras. Se les tiene que complicar el negocio ahora. Todo lo demás es de mediano y largo plazo”, dice un experto en el tema que considera inviable seguir juntando votos en la ONU. Más importante que el voto a favor de Argentina en la ONU, dice, sería que Brasil y Chile dejaran de ser escala en los vuelos que van de Londres a Malvinas.

La cuestión ambiental ya había afectado el valor bursátil del proyecto para llevarse el petróleo de Malvinas. Un exhaustivo informe del ex secretario de Malvinas Guillermo Carmona y su ex jefe de gabinete Jorge Poblette ubica 2022 como el año de una jugada estratégica en Sea Lion: el ingreso de la israelí Navitas con la compra del 65% de las acciones que pertenecían a la británica Harbour Energy (surgida en 2020 de la fusión entre Premier Oil PLC y Chrysaor Holdings). En ese momento, la secretaría de Energía del Frente de Todos sancionó a los directivos de Navitas.  

Ya en 2013, la resoluciones 260 y 481 de la secretaría de Energía declararon clandestina a la empresa Premier Oil e ilegales sus actividades y la inhabilitaron para trabajar en Argentina durante 15 años. En julio de 2021, Harbour fue sancionada en base a la ley 26659 -de 2011- que Milei invocó en su discurso. Ante la caída de sus acciones y la amenaza de sanciones más duras, cuatro meses después, Harbour se retiró de Malvinas y decidió invertir en la Argentina continental. Hoy es una pieza clave de los proyectos del consorcio Southern Energy en Río Negro junto a PAE, YPF, Pampa Energía y la noruega Golar LNG.

Malvinas tiene uno de los PBI más altos del mundo, estimado en 116 mil dólares per cápita, y el Reino Unido apunta a dar un salto en su financiamiento a partir del petróleo. Si logra avanzar con su plan en el yacimiento que fue descubierto en 2010, piensan en Cancillería, podría incluso aumentar la población implantada de los kelpers y multiplicarla por 5 o 6. Un paso que puede ser decisivo para su política colonial. Es parte de lo que hoy está en juego.

De acuerdo con los comunicados regulados emitidos ante la Bolsa de Londres por Rockhopper que citan Carmona y Poblette, en septiembre de 2021 Harbour determinó que la exploración en las islas no se alineaba con sus metas de descarbonización y estrategia ambiental y retiró sus inversiones del Atlántico Sur. En abril de 2022, firmó un acuerdo definitivo para transferirle a Navitas su paquete mayoritario y el rol de operador principal del proyecto Sea Lion a cambio de un valor nominal de apenas 1 dólar. No fue una compra, sino una reestructuración de pasivos: Navitas quedó obligada a asumir las futuras responsabilidades de desmantelamiento y desarrollo del área. 

Carmona y Poblette trazan el mapa del dinero y reconstruyen el origen de los 2100 millones de dólares que Navitas está inyectando en Malvinas: una red de capitales del mercado bursátil de Tel Aviv, bancos israelíes, crédito técnico internacional y líneas comerciales. Según los informes regulatorios de la Bolsa de Tel Aviv y la Bolsa de Londres, dicen, los dólares para llevarse el petróleo vienen de tres vías principales: los fondos de pensión e inversores institucionales; crédito bancario e inversores comerciales y la gran banca israelí y el flujo del Golfo de México. 

Hace exactamente un año, Navitas hizo una emisión masiva de participaciones en la Bolsa de Tel Aviv que recaudó 368,4 millones de dólares, en su mayoría aportados por los fondos de retiro, aseguradoras y casas de inversión más influyentes de Israel, como Menorah Mivtachim, Meitav Gemel & Pensión, Altshuler Shaham, Clal Insurance y el Grupo Delek, del que proviene el máximo directivo de Navitas, Gideon Tadmor.

El núcleo principal del financiamiento de la construcción -unos 1.000 millones de dólares- está estructurado por un banco líder mediante un crédito garantizado por reservas probadas de petróleo bajo el lecho marino. A esto se suma un acuerdo de crédito comercial de 100 millones de dólares con el gigante suizo de comercio de materias primas Trafigura Trading LLC, concedido a cambio de derechos de compra y comercialización del petróleo extraído. Trafigura, que tiene sede en Singapur y presencia en Argentina desde hace años, es uno de los grandes beneficiados del modelo Milei. Según la Asociación del Personal Jerárquico de la Industria del Gas, la firma aprovechó la agonía de Enarsa bajo el gobierno libertario para quedarse con la mayor parte de los contratos de los barcos de GNL que se importaron durante el último invierno y vendió el gas a un precio desmesurado, hasta 5 veces más caro que el que se produce en Vaca Muerta. 

Navitas, el verdadero pulmotor de Sea Lion, cuenta con facilidades de crédito y respaldo operativo de los mayores bancos comerciales de Israel, entre los que destacan Bank Hapoalim, Bank Leumi, Mizrahi Tefahot e Israel Discount Bank. Además, la empresa utiliza el flujo de caja positivo derivado de sus operaciones en el yacimiento Shenandoah en el Golfo de México, con ingresos anuales proyectados superiores a los 365 millones de dólares. Toda la agitación de Milei contra la usurpación se ahoga en este trasfondo donde sus principales aliados aprovechan su vocación de colonia y se le ríen en la cara. 

Tal como reveló El Destape en exclusiva hace cinco meses, en diciembre pasado desde la secretaría general de la Presidencia de Karina Milei hicieron gestiones informales para pedirle al canciller israelí Gideon Sa'ar que aclarara la posición del gobierno de Benjamin Netanyahu sobre el proyecto Navitas. A través de un mensaje en X, el 26 de diciembre, Sa’ar salió del paso: dijo lamentar la situación y se pronunció a favor de una solución pacífica en el territorio donde murieron 649 combatientes argentinos. Al instante, Pablo Quirno agradeció y dijo que las petroleras debían abstenerse de avanzar con el plan. Las dos lo ignoraron por completo.

Tadmor, el cerebro y cofundador de Navitas, dirigió durante casi dos décadas la división energética del Grupo Delek: lideró el desarrollo del primer yacimiento de gas comercial de Israel, Yam Tethys, y los hallazgos de los megayacimientos offshore Tamar y Leviathan en el Mar Mediterráneo. En 2017, creó Navitas junto a Jakob “Koby” Katz, el ex director general del Ministerio de Infraestructura, Energía y Agua de Israel durante el primer gobierno de Netanyahu y la administración de Ehud Barak (1999-2001). Tadmor y Katz trabajaron juntos en Delek durante mucho tiempo. 

La cadena de Milei terminó de consumar un giro de 180 grados. El discurso que Caputo le escribió al  presidente busca dejar atrás su histórica admiración por Margaret Thatcher, la pasividad absoluta ante la visita de David Cameron a Malvinas en febrero de 2024 y la defensa de la autodeterminación de los kelpers que hizo en el discurso del 2 de abril de 2025. 

En LLA admiten que el primer cimbronazo llegó hace casi dos años. Fue cuando, guiado por la política de seducción, el gobierno anunció un acuerdo para restablecer los vuelos a Malvinas desde San Pablo y con escala en Córdoba. Entonces, Victoria Villarruel salió a fulminar la movida que firmó Diana Mondino con el canciller David Lammy en Nueva York. 

La pirueta de la extrema derecha se profundizó después de que los jugadores de la Scaloneta mostraran la bandera de las Malvinas en el Mundial, pero ya estaba bastante avanzada. El 11 de julio pasado, en la víspera del partido que Argentina le ganó a Suiza antes de jugar con Inglaterra, Quirno escribió una nota en La Nación titulada “Malvinas: la fuerza de una causa justa”. Ahí mencionó a Navitas y Rockhopper, como lo había hecho Milei en su discurso del último 2 de abril. El tema crecía y el gobierno no sabía cómo controlarlo. La bandera que mostraron Gio Lo Celso y Cuti Romero fue una demostración fenomenal del poder blando argentino y dio la vuelta al mundo. 

En paralelo, atrapado en la guerra de Irán, en abril pasado el Pentágono filtró a Reuters un eventual cambio de opinión de Trump en torno al territorio usurpado por los ingleses. The Telegraph, controlado por los tories, fue uno de sus grandes difusores. Es el mismo medio que  Trump eligió ahora para volver a agitar el tema con una nueva entrevista. 

Milei no solo tiene un problema con el gobierno de su ídolo Bibi Netanyahu. También tiene otro que lo excede con el de José Antonio Katz en Chile. El mismo día de la visita de Milei, Punta Arenas anunció una nueva ruta marítima comercial hacia Malvinas, en un gesto más de la alianza histórica de Chile con Gran Bretaña. Terminado el proceso de exploración, las petroleras avanzan en la conexión logística y apuran la licitación de la plataforma de explotación. 

La cercanía de Chile con el Reino Unido se ratificó durante la guerra de 1982 como el eslabón más dramático de una cadena mucho más larga, cuando la dictadura argentina temía no solo espionaje por parte de la dictadura de Pinochet sino incluso la posibilidad de un ataque fogoneado por los ingleses en la Patagonia argentina.

En 2022, la Fuerza Aérea de Chile le compró tres aeronaves Boeing E-3D Sentry a la Royal Air Force con el objetivo de elevar su capacidad de alerta temprana y control aerotransportado. En abril del año pasado, todavía con Gabriel Boric como presidente, el sitio Agenda Malvinas reveló el acuerdo que el Jefe de Planificación Estratégica de la Royal Navy, capitán de Navío Thomas Shaves, firmó con el jefe de la Armada chilena Juan de la Maza para desarrollar la industria naval trasandina en el marco de la décima reunión de Estados Mayores entre las dos Armadas. 

La armada chilena forma parte de los ejercicios Rimpac, el ejercicio naval más grande del mundo que propicia Estados Unidos en la cuenca del Pacifico con alrededor de 30 países entre los que se destaca el Reino Unido. Los especialistas recuerdan que la marina chilena está fuertemente identificada con Inglaterra desde su fundación. El primer comandante en jefe de la armada de Chile fue un vicealmirante inglés, Lord Thomas Cochrane. En cambio, el fundador de la armada argentina fue Guilermo Brown, un irlandés.

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Diego Genoud

Periodista político. Escribió "El arribista del poder" y "El peronismo de Cristina". Conduce "Fuera de Tiempo" en Radio Con Vos. Trabajó en Perfil, Crítica de la Argentina, El Canciller, Letra P, el Diarioar y La Politica Online. Fue parte del colectivo que edita la revista Crisis.

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